El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 3
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BLOQUE 3

Lucía no llamó a Tomás Riveiro al salir del café.

Todavía no.

La declaración de Mauro Seara era importante, pero seguía siendo una declaración.

Necesitaba contrastarla antes de entrar en una conversación donde cualquier pregunta revelaría cuánto sabían.

Adrián caminaba a su lado bajo una lluvia fina.

—¿Pensás que es él?

Lucía tardó en responder.

—Pienso que ocultó su relación con Bajo Compostela.

—Eso ya es bastante.

—Es bastante para preguntarle por qué.

No era suficiente para adjudicarle los mensajes.

Mucho menos la desaparición de la piedra.

Riveiro podía haber colaborado con el blog y, al mismo tiempo, no tener relación con ninguno de los hechos posteriores.

Lucía había aprendido demasiado durante los últimos días como para repetir con personas el mismo error que habían encontrado en los mapas.

No iba a unir puntos solo porque quedaran bien en una línea.

A la mañana siguiente regresaron al archivo antes de contactar con Tomás.

Lucía quería revisar una cuestión que había quedado abierta en la conversación con Seara.

El nacimiento de Bajo Compostela.

Si Mauro decía la verdad, el sitio había comenzado con él y Xoán Cernadas.

Riveiro habría entrado después aportando documentación.

Eso debía dejar algún rastro en las fechas.

Clara ya los esperaba.

—Hoy tienen cara de que pasó algo.

Lucía dejó el abrigo.

—Necesito publicaciones antiguas de Bajo Compostela si las conservamos en las capturas.

Adrián abrió la carpeta digital de Celia.

Habían organizado las imágenes por fecha.

La primera publicación estaba firmada de forma anónima.

La segunda también.

Pero Lucía ya no quería mirar solo el texto.

—Busquemos cuándo aparece cartografía técnica.

Adrián empezó a revisar.

Las primeras entradas eran narrativas.

Hablaban del camino cubierto y de una señal desaparecida.

Utilizaban fotografías, pero los mapas eran simples.

Después, varias semanas más tarde, aparecía por primera vez una reconstrucción con cotas y áreas de incertidumbre.

Lucía se detuvo.

—Ésta.

La imagen mostraba una forma de representar el recorrido que se parecía mucho al trabajo de Riveiro.

No porque tuviera su nombre.

Porque utilizaba el mismo tipo de márgenes que él había mostrado en su estudio.

Adrián observó.

—¿Eso alcanza?

—No.

Podían existir otros cartógrafos con métodos similares.

Lucía amplió la imagen.

En una esquina aparecía un pequeño código.

TR-07.

Adrián levantó la vista.

—Tomás Riveiro.

Lucía negó.

—Puede ser cualquier cosa.

Pero era una pista concreta.

La siguiente imagen tenía:

TR-09.

Otra:

TR-11.

La numeración avanzaba.

Eso parecía una serie de archivos.

Lucía pidió a Clara que buscara si Riveiro utilizaba esa codificación en documentación entregada al archivo.

Clara tardó algunos minutos.

Encontró una carpeta de reconstrucciones históricas depositadas para consulta.

Los archivos estaban nombrados:

TR-03

TR-04

TR-05

Adrián observó.

—Ahora sí.

Lucía asintió.

La coincidencia era demasiado específica para ignorarla.

Los mapas de Bajo Compostela provenían, al menos en parte, de la serie de trabajo de Tomás Riveiro.

Eso demostraba colaboración.

No demostraba autoría textual.

Tampoco explicaba quién los había publicado.

Pero Mauro Seara había dicho la verdad en un punto importante.

Lucía siguió comparando.

TR-07, la imagen del blog, correspondía a una versión de la ruta donde todavía aparecía el supuesto Mojón del Camino.

La siguiente publicación utilizaba TR-09, con una desviación ligeramente distinta.

Eso permitía ver algo más.

Riveiro había ido actualizando la cartografía mientras el blog publicaba versiones parciales.

—Entonces no mandó un mapa una vez —dijo Adrián.

—Parece que hubo continuidad.

Las publicaciones seguían la evolución de sus archivos.

Lucía buscó una fecha.

La última imagen de la serie aparecía tres semanas antes de la muerte de Varela.

Después ya no había códigos TR.

Eso podía coincidir con una ruptura.

—¿Cuándo dijo Mauro que Tomás quiso desligarse?

—Después de la muerte.

—Sí.

Pero podía haber dejado de aportar antes.

Necesitaban preguntárselo.

Clara encontró un registro de consulta de Riveiro.

Había accedido al fondo Rivas Soutelo meses antes.

Eso no era extraño.

Trabajaba sobre cartografía histórica.

Pero significaba que conocía al menos parte de las dudas sobre el supuesto mojón.

Lucía miró las fechas.

—Esto es anterior a TR-09.

Adrián entendió.

Si Tomás había consultado a Rivas antes de seguir enviando mapas al blog, podía haber sabido que la identificación de la M era dudosa.

No necesariamente encontró la ficha correcta.

El fondo era grande.

No podían asumir.

Clara revisó qué unidades había solicitado.

Una sí contenía notas sobre la M.

Lucía permaneció en silencio.

Adrián se inclinó.

—Entonces la vio.

—Solicitó la unidad.

No sabemos qué leyó dentro.

Era una diferencia importante.

Pero la pregunta podía plantearse.

¿Por qué el mapa siguió presentando el mojón sin advertencia si Riveiro había consultado un fondo donde esa interpretación era cuestionada?

Quizá porque no había encontrado prueba suficiente.

Eso era perfectamente posible.

La memoria de obra que ellos habían localizado después era mucho más fuerte que una anotación de Rivas.

Lucía no iba a convertir una duda no adoptada en ocultamiento.

Encontraron otro dato.

Una de las publicaciones del blog utilizaba una imagen de la concha pintada durante obras.

El texto la presentaba como una segunda señal permanente.

Ahora sabían que eso era incorrecto.

Lucía buscó la fecha de la publicación.

Era posterior al momento en que Riveiro había accedido a la memoria donde se explicaba que aquella concha era provisional.

Adrián la miró.

—Eso sí es más complicado.

Lucía asintió.

La fuente completa estaba en la misma unidad.

No podían saber si Tomás la había leído.

Pero la coincidencia justificaba una pregunta directa.

Mauro Seara había dicho que la tercera persona aportaba documentación.

El anónimo había admitido que ciertas fuentes se dejaron fuera porque complicaban la teoría.

Si Riveiro era esa persona, las piezas empezaban a acercarse.

Todavía faltaba comprobar la identidad del remitente.

Lucía pidió a Clara registros de uso del nombre Santiago Mera.

Ya sabían que había aparecido en varias solicitudes.

Quería reunirlas cronológicamente.

Clara encontró cuatro.

La primera se refería a pavimentos antiguos.

La segunda, a señales retiradas.

Después aparecía San Paio.

La última era la más reciente.

Solicitaba:

«Documentación sobre puntos de orientación visual previos al acceso catedralicio.»

Lucía se quedó inmóvil.

—El alto de la vista.

Adrián se acercó.

La solicitud había sido realizada semanas antes de que Varela muriera.

Eso demostraba que Santiago Mera seguía casi exactamente el mismo problema.

—¿Firma?

Clara mostró.

Era manuscrita.

Lucía no podía comparar grafías de manera fiable.

No intentaría hacerlo.

Pero había otro campo.

Teléfono de contacto.

El número ya no estaba activo.

Adrián lo miró.

—¿Podemos saber a nombre de quién estaba?

—Nosotros no.

Eso requería vías formales.

Lucía anotó el dato para comunicarlo.

No iban a investigar abonados por cuenta propia.

El correo utilizaba un servicio gratuito.

El nombre del usuario no aportaba nada.

—¿Dirección de IP? —preguntó Adrián.

Lucía negó.

—Eso tendrá que solicitarlo quien corresponda.

No necesitaban invadir cuentas para avanzar.

Tenían suficientes datos documentales.

Clara encontró una quinta solicitud.

No estaba firmada Santiago Mera.

Usaba las mismas iniciales de la asociación antigua.

Pero el solicitante figuraba como:

T. Riveiro.

Lucía se quedó quieta.

La fecha era muy cercana a una de las solicitudes de Mera.

El tema:

orientación de accesos orientales.

Adrián observó.

—¿Podía usar dos nombres para entrar dos veces?

—Podía.

También podían ser dos personas diferentes investigando lo mismo.

Eso seguía abierto.

Lucía comparó las fichas.

Las solicitudes no eran idénticas.

Mera pedía fotografías e informes de intervención.

Riveiro solicitaba mapas y relaciones topográficas.

Eso incluso podía sugerir perfiles distintos.

—No los fusionemos.

Adrián asintió.

Una vez más, la prudencia impedía resolver demasiado rápido.

Clara abrió otro expediente.

—Hay algo sobre marcas retiradas que quizá les interese.

Lucía se acercó.

La relación pertenecía a una fase posterior del entorno oriental.

Decía:

«Se cubre la señal pintada por no corresponder ya al camino y se conserva únicamente el pequeño corte del muro para uso de los oficiales.»

Lucía se quedó mirando.

Una misma superficie había tenido dos marcas con funciones diferentes.

La pintura destinada al viajero desaparecía.

El corte técnico se conservaba.

Siglos después, alguien podía encontrar únicamente la marca de obra y asumir que había sido la señal histórica.

Ese mecanismo explicaba muchos errores.

Adrián observó.

—La ciudad conserva justo lo que no miraban los peregrinos.

—A veces sí.

Porque las marcas técnicas podían estar incisas.

Las visuales podían ser pintura.

El material más duradero no necesariamente correspondía a la función más importante para el viajero.

Eso era una paradoja fundamental.

La arqueología visible podía privilegiar lo técnico sobre lo cotidiano.

Lucía sintió que debía mantener esa idea cuando llegaran a las marcas borradas de la ciudad antigua en sentido amplio.

No bastaba con preguntar qué sobrevivió.

Había que preguntarse qué tenía más posibilidades de sobrevivir.

Clara encontró una relación sobre una señal de pared utilizada durante décadas.

«La pintura se renueva cada invierno mientras siga llegando gente por la calle vieja.»

Lucía observó.

La continuidad de una marca pintada dependía enteramente de mantenimiento.

Si el trabajo cesaba un año, la señal podía volverse ilegible rápidamente.

La desaparición material podía coincidir casi exactamente con el abandono funcional.

Eso explicaba por qué tantos elementos no sobrevivían.

Otra relación decía:

«Ya no se gaste en repintarla.»

Nada más.

Una decisión presupuestaria podía borrar una señal del paisaje.

Adrián sonrió apenas.

—Todo termina en una cuenta.

—Muchas cosas.