El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 3 #2
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BLOQUE 3 #2

Eso coincidía.

—¿La publicó como segura?

—No recuerdo.

Lucía abrió la captura.

«Lavacolla y Apóstol: las dos direcciones conservadas en la piedra.»

—Sí la publicó.

Silencio.

—Entonces ahí tiene su respuesta.

No parecía arrepentido.

—¿Usted escribió esa entrada?

Seara volvió a callar.

—Mauro.

—Parte.

Adrián levantó la vista.

Lucía sintió que por fin tenían una admisión.

—¿Qué parte?

—El texto inicial.

—¿Quién escribió el resto?

—No voy a decirlo.

—Entonces Bajo Compostela sí tuvo dos autores al principio.

Seara no respondió.

Eso era casi confirmación, aunque Lucía no lo trataría como declaración completa sin escucharlo decirlo.

—¿Por qué dejaron de trabajar juntos?

—Porque la otra persona empezó a obsesionarse.

—¿Con qué?

—Con encontrar físicamente el recorrido.

Lucía sintió atención inmediata.

—¿Entrar en lugares?

—Sí.

—¿Forzar accesos?

—No sé.

—¿Buscar la piedra?

—Sí.

Adrián se acercó.

Lucía continuó:

—¿Quién era?

—Ya dije que no voy a decirlo.

—Una persona murió mientras investigaban el mismo tema.

—No tuvo nada que ver.

—No dije que lo tuviera.

Seara guardó silencio.

—Además desapareció una pieza.

—Eso tampoco tiene que ver conmigo.

Lucía observó.

No había preguntado por él específicamente.

Su defensa anticipada podía deberse al miedo evidente de quedar asociado.

No era prueba.

—¿Cuándo dejó el blog?

—Semanas antes de la muerte de Manuel.

Eso coincidía con el mensaje anónimo:

«Después quedó una.»

—¿La otra persona siguió publicando?

—Sí.

—¿Y usted le pidió que cerrara el sitio?

—No podía.

—¿Quién tenía el control?

—La otra persona.

Lucía observó.

—¿El blog desapareció después de la muerte de Manuel porque esa persona lo cerró?

—Supongo.

—¿Sabe por qué?

—No.

Otra vez.

Lucía decidió cambiar de dirección.

—¿Conocía el alto de la vista?

Silencio.

—Sí.

—¿Antes de que Varela lo localizara?

—Con otra referencia.

—¿Miradoiro do Apóstolo?

Seara se quedó completamente callado.

Lucía sintió que había tocado algo.

—¿Cernadas se lo dio?

—No.

—Entonces ¿quién?

—No voy a seguir respondiendo.

—Mauro.

—Ya dije demasiado.

La llamada terminó.

Adrián observó.

—Bueno.

Lucía dejó el teléfono.

Ahora tenían algo concreto.

Mauro Seara había reconocido haber escrito parte de Bajo Compostela.

También había confirmado que otra persona continuó el sitio.

Esa persona buscaba físicamente el recorrido y estaba interesada en la piedra.

No sabían quién era.

Pero el blog dejaba de ser una presencia abstracta.

Tenía al menos un autor identificado.

—¿Le creemos que salió antes? —preguntó Adrián.

—Lo comprobaremos por fechas y material.

—¿Y que no sabe quién forzó San Paio?

—Eso no podemos verificar todavía.

Lucía volvió a las capturas.

Si lograban distinguir las entradas escritas por Seara de las posteriores, quizá pudieran detectar cuándo cambió la investigación.

No por estilo únicamente.

Por información disponible.

La entrada de una marca, dos direcciones podía pertenecer a Seara porque acababa de admitir haber escrito el texto inicial.

Las publicaciones posteriores sobre el alto de la vista podían pertenecer a la segunda persona.

Eso ayudaría a reconstruir qué sabía.

Adrián señaló la cronología.

—Mirá.

La última entrada donde el tono periodístico fuerte predominaba era anterior a una publicación mucho más técnica titulada:

«EL PUNTO DE CONVERGENCIA.»

Lucía abrió.

El texto hablaba de distintas rutas de llegada que podían compartir una referencia visual antes de descender hacia el entorno catedralicio.

Eso era exactamente la interpretación final de Varela.

Pero la publicación aparecía antes de que, según los testimonios, él hubiera cerrado la identificación del alto.

—Entonces el segundo autor estaba muy cerca —dijo Adrián.

Lucía observó.

O investigaba en paralelo con fuentes propias.

La publicación continuaba:

«La señal de piedra no era la clave del descenso. La verdadera referencia estaba más adelante.»

Eso se acercaba muchísimo a la nota:

«Piedra = regreso. Vista = entrada.»

—Fecha —dijo Lucía.

Era dos días después de que Celia hubiera fotografiado esa página.

Eso era importante.

Celia había tomado la foto con permiso.

La había enviado a Varela.

Si alguien tenía acceso a cualquiera de los dos dispositivos o si una copia había circulado, podía haber utilizado la idea.

Pero también podía ser el propio segundo autor quien estuviera trabajando con Celia o Varela.

—¿Celia compartió esas fotografías con alguien? —preguntó Adrián.

—Dijo que solo con Manuel.

—Puede haberse equivocado.

—Le preguntaremos otra vez.

Lucía abrió la siguiente entrada.

«NO TODOS LLEGABAN POR EL MISMO CAMINO.»

El texto utilizaba registros de espera de otra vía.

Eso significaba que el segundo autor conocía documentación similar a la que Reigosa había mostrado.

La conclusión era correcta en parte: varias aproximaciones podían compartir prácticas de espera.

Pero después el artículo añadía:

«La convergencia demuestra que existía una organización central de acceso desconocida hasta ahora.»

Lucía negó.

Las fuentes no demostraban una organización central formal.

Podían mostrar respuestas locales parecidas.

Otra vez el autor avanzaba más de lo que permitía la evidencia.

—Es el mismo patrón —dijo Adrián.

—Sí.

Encuentra algo real y lo lleva un paso más lejos.

Eso podía ser la firma intelectual del segundo autor.

No mentía necesariamente sobre los documentos.

Exageraba la conclusión.

Lucía sintió que Mauro Seara no había sido el único en hacerlo.

Quizá por eso terminaron trabajando juntos.

Hasta que uno quiso ir físicamente más lejos.

El teléfono vibró.

Número desconocido.

«Seara habló.»

Lucía se quedó inmóvil.

Adrián leyó.

Esta vez la oportunidad del mensaje era difícil de explicar solo por conocer el recorrido de Varela.

El remitente parecía saber que acababan de hablar con Mauro.

Lucía escribió:

¿Cómo sabe eso?

Respuesta inmediata:

«Porque iba a hacerlo.»

No era una respuesta.

Escribió:

¿Usted es la segunda persona de Bajo Compostela?

Pasaron unos segundos.

Luego:

«Sí.»

Lucía sintió un cambio brusco.

Adrián se inclinó.

—Preguntale quién es.

Ella escribió:

Nombre.

La respuesta:

«Todavía no.»

Lucía sintió irritación.

—Siempre lo mismo.

Adrián observó.

—Pero acaba de admitir algo enorme.

Sí.

Si era verdad, el remitente actual era la persona que había continuado Bajo Compostela después de que Seara se retirara.

Eso explicaba su conocimiento profundo del problema.

También podía explicar por qué recibía y utilizaba material parcial de Varela.

Lucía escribió:

¿Tiene el teléfono de Manuel?

La respuesta tardó.

«No.»

—Directo —dijo Adrián.

Lucía continuó:

¿Tiene su libreta?

Silencio.

Mucho más largo.

Finalmente:

«Parte.»

Lucía frunció el ceño.

—Parte.

Adrián observó.

—¿Fotografías?

Podía significar que tenía copias parciales.

No necesariamente el objeto físico.

Lucía preguntó:

¿La libreta original?

Respuesta:

«No.»

Eso cambiaba algo.