El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 3 #3
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BLOQUE 3 #3

El remitente podía tener imágenes de páginas obtenidas de diferentes momentos.

Celia tenía algunas.

Reigosa había visto otras.

Riveiro había trabajado con correcciones posteriores.

Quizá el segundo autor del blog había ido reuniendo copias.

—Entonces la libreta puede seguir desaparecida —dijo Adrián.

—Sí.

Lucía escribió:

¿Quién la tiene?

La respuesta:

«Eso es lo que intento saber.»

Lucía se quedó inmóvil.

Si decía la verdad, el anónimo no era quien había retirado la libreta.

También estaba buscándola.

Eso explicaba por qué los guiaba siguiendo el trabajo de Varela.

Podía necesitar que ellos encontraran información a la que él no tenía acceso.

—Nos está usando —dijo Adrián.

Lucía asintió.

Era una posibilidad muy fuerte.

El remitente les daba suficiente información para avanzar y, a cambio, podía seguir sus descubrimientos indirectamente.

Aunque no supieran cómo conocía algunos movimientos recientes.

Lucía escribió:

¿Por qué nos guía?

La respuesta llegó:

«Porque ustedes tienen acceso donde yo ya no puedo entrar.»

Eso era concreto.

Adrián observó.

—Archivos.

—O personas.

Lucía preguntó:

¿Por qué no puede entrar?

Silencio.

Después:

«Porque Manuel descubrió quién era yo.»

Lucía sintió un escalofrío.

—Eso explica por qué Seara se retiró.

Quizá.

Escribió:

¿Y qué hizo Manuel cuando lo descubrió?

La respuesta tardó.

«Me pidió que dejara de usar su trabajo.»

La misma frase que Mauro Seara había mencionado sobre su propia relación con Varela.

Pero el segundo autor también habría recibido esa advertencia.

Lucía siguió:

¿Usted siguió?

La respuesta:

«Sí.»

Sin excusas.

Adrián negó lentamente.

Lucía escribió:

¿Por qué?

La contestación fue más larga:

«Porque creía que él estaba retrocediendo cuando por fin había encontrado algo importante.»

Ahí estaba el conflicto intelectual.

El segundo autor consideraba que Varela se había vuelto demasiado prudente.

Quizá interpretaba sus correcciones como renuncias.

—¿Y ahora? —escribió Lucía.

La respuesta:

«Ahora sé que tenía razón en algunas cosas.»

Eso explicaba por qué los mensajes actuales a Lucía parecían seguir la interpretación final de Varela, mientras los enviados a Reigosa intentaban reactivar hipótesis antiguas.

Pero seguía siendo contradictorio.

Lucía escribió:

Entonces ¿por qué le manda a Reigosa mensajes defendiendo la ruta especial?

Silencio.

Adrián la miró.

Esta vez tardó bastante.

Finalmente llegó:

«Para saber qué todavía cree.»

Lucía sintió desagrado.

—Lo estaba probando.

—Sí.

El remitente estaba utilizando información para observar reacciones.

No simplemente compartiendo pistas.

Eso confirmaba que había estado manipulando a los investigadores.

Lucía escribió:

¿Y a nosotros también nos está probando?

La respuesta:

«Al principio.»

Otro mensaje:

«Ya no.»

Lucía no tenía ninguna razón para creerle.

Guardó el teléfono.

—No le contestes más por ahora —dijo Adrián.

Lucía asintió.

Necesitaban recuperar control sobre la investigación.

No podían seguir permitiendo que el anónimo decidiera el orden de las preguntas.

La línea histórica tenía suficiente material propio.

Porta Alba.

Los niveles antiguos.

El alto de la vista.

Eso bastaba para avanzar sin mensajes.

La investigación contemporánea también tenía una dirección independiente.

Mauro Seara había admitido coautoría del blog.

La segunda persona acababa de afirmar ser el remitente.

Ahora necesitaban identificarla mediante registros reales.

No esperar a que decidiera presentarse.

Lucía volvió a la solicitud firmada por Santiago Mera.

Podía ser esa persona.

No lo sabían.

Pero el uso de una afiliación antigua ofrecía una vía.

—Tenemos que reconstruir quién tenía acceso al membrete de esa asociación —dijo.

Adrián asintió.

—Seara.

—Y otros.

—Cernadas.

—Quizá.

Lucía evitó enumerar más.

Primero conseguirían documentación de la asociación.

Si había listados de miembros o responsables administrativos, podían reducir el círculo.

Adrián observó el mapa sobre la mesa.

—¿Y lo histórico?

Lucía miró las piedras antiguas dibujadas en la planta.

Seguía siendo la prioridad de la obra.

No permitiría que el thriller contemporáneo devorara la investigación histórica.

—Mañana seguimos desde Porta Alba hacia arriba.

—¿Al alto?

—Sí.

—¿Y después?

Lucía recordó el último mensaje de Varela a Riveiro:

«Falta demostrar qué veían al bajar.»

Eso todavía estaba abierto.

Podían saber que desde el alto reconocían la iglesia.

Pero necesitaban entender cómo esa vista se relacionaba con las entradas utilizadas.

Si conseguían reconstruirlo, podrían explicar por qué un camino que hoy parecía desaparecer bajo edificios había sido perfectamente comprensible para los peregrinos cuando estaba abierto.

Lucía guardó las capturas.

Afuera había comenzado a llover otra vez.

Pensó en las piedras bajo el pavimento.

Durante siglos habían permanecido allí sin decir nada.

No porque ocultaran un secreto.

Porque la ciudad que les había dado función ya no estaba sobre ellas.

Y ahora alguien había decidido hacerlas hablar por la fuerza.

El trabajo de Lucía sería exactamente lo contrario.

Dejar que dijeran únicamente lo que todavía podía demostrarse.