BLOQUE 2 #3
—Le dije que el resto era compatible con más de una orientación dentro del margen de error.
Lucía sonrió apenas.
Otra vez nadie serio quería darle una respuesta absoluta.
—¿Cómo reaccionó?
—Bien.
Marta señaló una zona.
—Después preguntó algo extraño.
—¿Qué?
—Si alguna piedra del acceso había sido retirada durante una intervención antigua y conservada aparte.
Lucía pensó en la pieza sesenta y dos.
—¿La señal?
—No usó esa palabra.
—¿Qué respondió?
—Que eso tendría que buscarse en inventarios.
Eso probablemente lo llevó a los Mosquera o reforzó la conexión.
—¿Estaba Celia con él?
—Sí.
—¿Alguien más?
Marta pensó.
—Durante una parte, un hombre.
Lucía se detuvo.
—¿Quién?
—No recuerdo el nombre.
—¿Puede describirlo?
Marta lo hizo.
La descripción podía corresponder a varias personas.
No bastaba.
—¿Firmó visita?
—Debería.
Revisaron el registro.
Había un tercer nombre.
Lucía leyó:
Tomás Riveiro.
Adrián observó.
—Riveiro dijo que trabajó con el alto después.
Lucía sintió una inconsistencia.
La visita había sido cinco días antes de la muerte de Varela.
Tomás había estado allí con él y Celia.
No era necesariamente contradictorio.
Podía haber trabajado en varios momentos.
Pero durante la conversación había dado la impresión de que su implicación material comenzó más tarde.
—¿Qué hizo Riveiro acá? —preguntó.
Marta respondió:
—Tomó medidas.
Eso era lógico para un cartógrafo.
—¿Qué medidas?
—Cota y orientación aproximada del acceso.
Lucía observó.
Entonces Riveiro disponía de datos técnicos sobre Porta Alba antes de trabajar en el alto de la vista.
Eso podía haber alimentado su georreferenciación.
No había razón para que lo ocultara.
Pero ¿por qué no lo había mencionado?
Adrián pensó lo mismo.
—Vamos a tener que volver a hablar con él.
Lucía asintió.
Marta los condujo hacia otro punto.
Se veía una diferencia de pavimento.
—Esto es posterior.
Lucía observó.
—¿Podría confundirse con continuación del paso?
—Sí, si se mira sin estratigrafía.
Esa frase era importante.
Dos alineaciones podían parecer conectadas visualmente aunque pertenecieran a momentos distintos.
Otra forma de fabricar un recorrido falso.
Lucía tomó nota.
—¿Varela preguntó por eso?
—Mucho.
—¿Qué pensaba?
—Al principio creyó que continuaban.
—¿Después?
—Aceptó que no.
Lucía sintió que otra corrección aparecía.
Varela había ido eliminando progresivamente conexiones aparentes.
Eso explicaba por qué su investigación final era menos espectacular que las primeras hipótesis.
Y quizá por eso alguien podía estar utilizando notas antiguas para construir una versión distinta.
Marta señaló el suelo.
—Esto es lo que más me preocupó después.
—¿Qué?
—Una semana después de la visita, alguien pidió acceso al informe completo.
Lucía se quedó quieta.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿Solicitud formal?
—Sí, pero con una afiliación que después no pudimos verificar.
—¿Nombre?
Marta lo recordó.
Santiago Mera.
Lucía anotó.
—¿Investigador?
—Eso decía.
—¿Le dieron acceso?
—A una copia parcial.
—¿Incluía las fotografías?
—Algunas.
—¿La que apareció en el blog?
Marta pensó.
—Sí.
Lucía sintió una línea clara.
La fotografía de Celia podía no haber sido la única fuente.
El supuesto Santiago Mera había obtenido legalmente una copia parcial del informe que contenía imágenes semejantes.
Eso podía explicar cómo llegaron al blog sin necesidad de robar archivos privados.
—¿Cuándo fue la solicitud?
Marta dio la fecha.
Pocos días antes de una de las primeras publicaciones de Bajo Compostela.
Adrián observó.
—Eso ya es bastante cercano.
—Sí.
Lucía preguntó:
—¿Tienen datos de contacto?
—Un correo.
—¿Sigue activo?
—No lo sé.
Lucía pidió copia del registro de solicitud, si era posible.
Marta dijo que tendría que autorizarse.
—Hágalo.
Lucía observó nuevamente las piedras bajo el nivel actual.
El misterio contemporáneo empezaba a tener una vía documental propia.
No necesitaban imaginar a alguien infiltrándose en archivos oscuros.
Una persona podía haber solicitado informes y utilizado fotografías reales para construir una narrativa sensacionalista.
Después pudo haber accedido a otras fuentes por distintos medios.
Eso era mucho más plausible.
Adrián miró hacia el umbral.
—¿Sabés qué es lo más raro?
Lucía esperó.
—Que cuanto más entendemos lo que hay abajo, menos misterioso se vuelve.
—Eso suele pasar.
—Y al mismo tiempo, alguien se esforzó mucho en hacerlo parecer más misterioso.
Lucía observó la alineación.
Sí.
Ahí estaba la verdadera tensión.
La ciudad había producido restos complejos por siglos de transformación.
No necesitaban adornos.
Pero alguien había decidido convertir esa complejidad en una historia de caminos escondidos.
La pregunta era por qué.
Prestigio.
Dinero.
Atención.
Convicción personal.
Todavía no sabían.
Marta terminó la visita.
Antes de salir, Lucía volvió a mirar el antiguo nivel.
Pensó en un peregrino del siglo XV descendiendo por una superficie que entonces estaba expuesta.
No caminaba bajo la ciudad.
La ciudad futura todavía no existía encima de él.
Esa inversión temporal explicaba todo.
Las piedras no ocultaban el camino.
Habían crecido sobre él.