El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2 #2
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BLOQUE 2 #2

Adrián leyó por encima.

—Eso ya está más cerca de la verdad.

Sí.

El autor parecía haber corregido parcialmente su interpretación.

Reconocía que el trazado antiguo podía haber quedado cubierto después.

Pero continuaba llamándolo corredor.

Más abajo:

«Una puerta conserva el nombre antiguo aunque su camino haya quedado enterrado.»

Lucía sintió un cambio.

Eso era muy cercano a la relación entre Porta Alba y la bajada cubierta.

—¿Fecha?

Adrián la vio.

Tres semanas antes de la muerte de Varela.

Eso significaba que el blog había llegado a Porta Alba o a una idea similar antes de que Varela terminara su reconstrucción.

—Entonces quien escribía estaba trabajando con fuentes propias —dijo Adrián.

—O recibía información.

No podían saber.

La entrada seguía:

«El próximo paso será identificar qué veía el peregrino antes de llegar a esa puerta.»

Lucía se quedó inmóvil.

Eso era exactamente el alto de la vista.

Pero la publicación era anterior al momento en que, según Celia, Varela había empezado a trabajar seriamente sobre esa referencia.

—Esto no puede venir de las notas finales de Manuel —dijo Adrián.

—No.

Alguien estaba siguiendo una línea de investigación paralela.

Eso explicaba la preocupación de Varela por llegar antes que otra persona.

No era paranoia.

Existía al menos un investigador anónimo que avanzaba sobre las mismas piezas.

Lucía llamó a Celia.

—¿Manuel conocía esta entrada?

—Sí.

—¿Cuándo la vio?

—Casi inmediatamente.

—¿Qué dijo?

Celia recordó.

—Que alguien estaba leyendo los mismos documentos.

—¿Pensó en Reigosa?

—Al principio.

—¿Y después?

—No.

—¿Por qué?

—Álvaro había abandonado ya la idea del corredor.

Lucía observó.

Eso coincidía con lo que Reigosa les había contado.

—¿Pensó en usted?

Celia respondió con cierto cansancio.

—Sí.

—¿Se lo preguntó?

—Directamente.

—¿Qué le dijo?

—Que no era yo.

—¿Le creyó?

—No al principio.

Lucía entendió.

El anonimato había contaminado las relaciones entre ellos.

Varela podía sospechar de varios colegas.

—¿Y Riveiro?

—No escribía sobre historia. No era su estilo.

Eso no demostraba nada, pero reducía plausibilidad.

—¿Quién más conocía el trabajo?

Celia tardó.

—Había una persona.

Lucía sintió atención inmediata.

—Nombre.

—Padre Xoán Cernadas.

Adrián levantó la vista.

—¿Sacerdote?

—Sí.

—¿De la Catedral?

—No exactamente. Trabajaba con documentación eclesiástica y había ayudado a Manuel a localizar referencias antiguas.

Lucía tomó nota.

—¿Por qué no apareció hasta ahora?

—Porque se retiró de la investigación.

—¿Cuándo?

—Meses antes de la muerte de Manuel.

—¿Por qué?

—Decía que estaban convirtiendo una cuestión histórica en una carrera.

Lucía observó.

Eso sonaba relevante.

—¿Él conocía Porta Alba?

—Sí.

—¿El alto de la vista?

Celia tardó.

—Con otro nombre.

Lucía se quedó inmóvil.

—¿Cuál?

—Miradoiro do Apóstolo.

Adrián se acercó.

—Eso suena mucho más directo.

Lucía mantuvo cautela.

Podía ser una denominación posterior.

—¿Fecha de la fuente?

—No la sé.

—¿Cernadas la vio?

—Sí.

—¿Varela?

—También.

—Entonces ¿por qué buscaban «alto de la vista»?

—Porque no sabían si eran el mismo lugar.

Eso era exactamente el tipo de correspondencia que necesitaban.

Dos nombres podían referirse al mismo punto en épocas distintas.

O a lugares diferentes.

No podían unirlos por similitud funcional.

Lucía preguntó:

—¿Cernadas participó en el blog?

—No lo sé.

—¿Manuel lo sospechó?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque algunas entradas utilizaban referencias que él había encontrado.

Eso era concreto.

—¿Referencias publicadas?

—No todas.

Lucía sintió que la lista de personas con acceso a material no publicado crecía.

—¿Tiene su contacto?

—Sí.

Celia se lo envió.

Lucía cortó.

Adrián observó.

—Otro nombre.

—Sí.

—Y sacerdote.

—Eso no importa.

—No dije que importara.

Lucía volvió a las capturas.

El blog anónimo ya no parecía simplemente una fantasía local.

Conocía material de investigación relativamente especializado.

Quien escribía había accedido a referencias no fácilmente disponibles o estaba siguiendo los mismos fondos con mucha atención.

La pregunta era si ese trabajo paralelo seguía activo después de la muerte de Varela.

El teléfono vibró.

Número desconocido.

«Cernadas no escribió el blog.»

Lucía se quedó inmóvil.

Adrián vio.

—Bueno.

Eso era demasiado oportuno.

Lucía escribió:

¿Cómo sabe que acabamos de hablar de él?

La respuesta llegó:

«Porque Manuel también sospechó de él.»

Lucía sintió irritación.

—No contestó.

Adrián observó.

—Puede estar siguiendo exactamente el mismo orden mental porque conoce la investigación.

Sí.

El mensaje no demostraba vigilancia.

Solo conocimiento profundo de las sospechas de Varela.

Lucía escribió:

¿Quién escribió Bajo Compostela?

La respuesta tardó.

«No era una sola persona.»

Adrián se acercó.

Lucía volvió a leer.

Eso explicaría cambios de tono e interpretación entre entradas.

—Preguntale cuántas.

Lucía escribió:

¿Cuántas personas?

La respuesta:

«Al principio, dos.»

Otro mensaje:

«Después quedó una.»

Lucía sintió que el misterio contemporáneo se redefinía.

El blog podía haber sido una colaboración que terminó transformándose.

Eso explicaría por qué algunas entradas parecían corregir las anteriores.

También podía explicar diferencias en grado de rigor.

—¿Nombres? —escribió.

Silencio.

Esperaron.

Nada.

Adrián caminó hacia la ventana.

—No va a decirlo.

Lucía guardó el teléfono.

—Entonces tendremos que reconstruirlo.

Como todo lo demás.

La autorización para visitar el sector técnico de Porta Alba llegó a primera hora de la tarde.

Lucía y Adrián acudieron acompañados por una restauradora llamada Marta Seixas.

Ella había participado en una intervención reciente y conocía los informes.

—Antes de entrar quiero dejar algo claro —dijo.

Lucía esperó.

—Van a ver restos de distintas fases. No hay un recorrido accesible.

—Eso es precisamente lo que esperamos.

Marta pareció aliviada.

Los condujo hacia un espacio donde parte del nivel inferior podía observarse sin intervenir nada.

Lucía se detuvo.

Debajo del pavimento actual aparecía una alineación de piedras.

Era la misma que había visto en la fotografía de Celia.

En persona resultaba menos espectacular.

Y mucho más útil.

Marta señaló.

—Este nivel correspondía a una superficie anterior.

—¿Calle?

—No podemos llamarla calle completa a partir de lo visible. Hay pavimento y una relación con un acceso antiguo.

Lucía asintió.

—¿Porta Alba?

—Es una identificación probable.

Exactamente como decía la memoria.

Marta mostró una zona lateral.

—Acá aparece parte de lo que podría ser el umbral.

Adrián observó.

—Está bastante más abajo.

—El nivel actual subió por intervenciones sucesivas.

Lucía miró la diferencia.

Eso explicaba físicamente cómo un elemento que había estado expuesto podía terminar bajo las piedras de la ciudad.

No había túnel.

Solo tiempo acumulado.

—¿Se puede saber hacia dónde continuaba? —preguntó.

Marta negó.

—No con estos restos solos.

—¿Por qué?

—Porque la alineación visible es demasiado corta y hay alteraciones posteriores.

Buena respuesta.

Eso significaba que cualquier reconstrucción del camino necesitaba documentos.

No bastaba con el fragmento arqueológico.

Lucía preguntó:

—¿Manuel Varela vino acá?

—Sí.

—¿Qué quería saber?

Marta recordó.

—Preguntaba por la cota original y por el ángulo del umbral.

—¿Por qué el ángulo?

—Quería compararlo con una bajada reconstruida desde el alto.

Eso confirmaba el vínculo.

—¿Encontró correspondencia?