BLOQUE 3 #2
Riveiro recordó.
—Primero dijo: «No voy a publicarlo así».
Lucía sintió un cambio.
—¿Algo más?
—Después: «No, porque no es una entrada especial».
Adrián miró a Lucía.
La conversación parecía estar relacionada directamente con la disputa interpretativa.
—¿Mencionó un nombre?
—No.
—¿Duró mucho?
—Un par de minutos.
—¿Cómo quedó después?
Tomás dudó.
—Molesto.
—¿Qué le dijo?
—Que alguien seguía intentando utilizar su trabajo anterior.
Eso coincidía con los mensajes que Reigosa había recibido después de su muerte.
Alguien parecía empeñado en resucitar la teoría de una ruta diferenciada.
Lucía preguntó:
—¿Dijo quién?
—No.
—¿Usted sospechó de alguien?
Riveiro miró hacia ella.
—Sí.
—¿Quién?
—Álvaro.
Adrián frunció el ceño.
—Reigosa nos mostró mensajes que intentan empujarlo justamente hacia esa teoría.
Riveiro pareció sorprendido.
—¿Mensajes posteriores a la muerte de Manuel?
—Sí.
Tomás permaneció en silencio.
Su sospecha acababa de debilitarse.
—Entonces quizá me equivocaba.
Lucía observó.
Eso era importante.
Varias personas habían sospechado unas de otras porque cada una conocía una parte diferente del conflicto.
El remitente anónimo podía estar aprovechando precisamente eso.
—¿Qué ocurrió después de la llamada?
—Manuel quiso volver a revisar un punto.
—¿Cuál?
—El sitio desde donde creíamos que se obtenía la vista.
—¿Por qué?
—Dijo que había una forma de demostrar que no era un acceso reservado.
Lucía esperó.
—¿Cómo?
—Porque desde allí podían orientarse personas que llegaban por más de una vía.
Eso era decisivo.
Si el alto de la vista servía como referencia común para peregrinos procedentes de distintos caminos, resultaba difícil sostener que perteneciera a un acceso exclusivo.
—¿Qué fuente tenía?
—Una que mencionaba a los del norte.
Lucía recordó la relación que Reigosa había mostrado.
Peregrinos de la vía norte también podían esperar cuando llegaban incompletos.
Ahora aparecían vinculados con el mismo punto visual.
—¿La vio?
—Solo una frase.
—¿La recuerda?
Tomás pensó.
«Los que vienen del norte reconocerán desde el alto la misma vista antes de bajar.»
Lucía se quedó inmóvil.
La palabra misma era importante.
El alto podía funcionar como punto compartido por aproximaciones diferentes.
No una ruta exclusiva.
Una referencia urbana común.
Adrián observó.
—Entonces varias llegadas convergían ahí.
—Quizá no físicamente en un único camino —corrigió Lucía—. Podían compartir una referencia visual.
Tomás asintió.
—Eso pensábamos.
La diferencia era crucial.
Los caminos podían seguir siendo distintos.
Pero el reconocimiento de la Catedral podía organizarse desde un área visible común.
—¿Qué hizo Manuel con eso?
—Dijo que necesitaba ver una relación de entradas.
—¿Dónde?
—No sé.
—¿Fue a buscarla esa noche?
Riveiro negó.
—No conmigo.
Lucía sintió que llegaban al final de la reunión.
—¿A qué hora se separaron?
Tomás indicó aproximadamente.
Aún quedaba tiempo antes del accidente.
—¿Dónde se fue?
—Hacia el centro.
—¿A pie?
—Sí.
—¿Llevaba la libreta?
—Sí.
Lucía se acercó.
—¿Está seguro?
—La guardó delante de mí.
—¿En qué?
—En la mochila.
—¿Qué más llevaba?
—Una carpeta fina.
—¿La había traído de antes?
Riveiro pensó.
—No estoy seguro.
—¿Piedra?
Tomás lo miró sorprendido.
—¿La pieza sesenta y dos? Imposible.
—¿Por peso?
—Y porque Manuel no la tenía.
Lucía asintió.
Necesitaba descartar incluso posibilidades obvias con declaraciones concretas.
—¿Lo vio alguien más cuando se separaron?
—Había gente.
Eso no ayudaba.
—¿Le escribió después?
—Sí.
Riveiro sacó el teléfono.
Buscó un mensaje.
La hora era posterior a la separación.
«El alto encaja. Falta demostrar qué veían al bajar.»
Lucía leyó.
Eso introducía la siguiente pregunta histórica.
No bastaba con identificar el punto desde donde reconocían la iglesia.
¿Qué elemento guiaba la bajada final?
Quizá una puerta visible.
Tal vez una alineación urbana.
Todavía no lo sabían.
—¿Respondió?
Tomás mostró:
«Mañana.»
Varela no contestó.
Fue su último intercambio.
Lucía guardó la hora.
Necesitaban compararla con el accidente.
—¿La policía lo entrevistó?
—Sí.
—¿Les contó todo esto?
—La reunión, sí.
—¿Las hipótesis?
—No con este detalle.
Eso era comprensible.
La investigación de un accidente no necesariamente necesitaba reconstruir un debate histórico.
—¿Qué determinó la policía?
—Que Manuel cayó en una escalera mojada.
Lucía preguntó:
—¿Había signos de otra persona?
—Que yo sepa, no.
—¿Alguna lesión incompatible con la caída?
—No me dijeron nada así.
Eso reforzaba la necesidad de no convertir su muerte en homicidio sin evidencia.
La coincidencia temporal podía resultar inquietante.
Seguía pudiendo ser un accidente.
Adrián preguntó:
—¿Y su teléfono?
Riveiro miró a Lucía.
—Eso es lo raro.
—¿Qué?
—No apareció.
Lucía se quedó inmóvil.
—¿Está seguro?
—La policía me preguntó si lo había visto con teléfono esa noche.
—Y lo tenía.
—Sí.
Eso cambiaba mucho.
Si el teléfono de Varela no había sido recuperado, alguien podía haber accedido a fotografías, conversaciones y copias de documentos.
También explicaría parte de los mensajes anónimos.
—¿La mochila apareció?
—Sí.
—¿La libreta?
—No sé.
—Sabemos que no estaba cuando se inventariaron sus cosas.
Tomás observó.
—Entonces faltaban las dos cosas que llevaba encima.
No necesariamente por la misma razón.
Lucía se obligó a mantenerlo separado.
El teléfono podía haberse perdido durante la caída.
La libreta podía haber quedado en otro lugar antes.
No debían reunir las ausencias sin prueba.
—¿Dónde ocurrió exactamente el accidente?
Riveiro se tensó.
—No muy lejos de aquí.
Lucía esperó.
—¿Cerca del alto?
Tomás negó.
—No en el punto que reconstruimos.
—¿Pero cerca?
—A unos minutos caminando.
Adrián la miró.
Lucía mantuvo el tono.
—¿Podría haber estado siguiendo el recorrido hacia la Catedral?
—Podría.
—¿Eso es lo que usted cree?
Riveiro tardó.
—Creo que Manuel siguió trabajando después de separarnos.
—Eso es distinto.
—Sí.
Lucía agradeció la corrección.
No sabían qué hacía cuando cayó.
El teléfono vibró.
Número desconocido.
Los tres miraron la pantalla.
El mensaje decía:
«Riveiro no sabe dónde terminó Manuel.»
Tomás perdió el color del rostro.
—¿Quién es?
Lucía no respondió todavía.
Llegó otro mensaje.
«Porque se separaron demasiado pronto.»
Riveiro miró a su alrededor.
—Nos están viendo.
Lucía negó.
—No necesariamente.
El remitente podía conocer la secuencia de Varela.
Pero la coincidencia temporal era más inquietante ahora que estaban junto a Riveiro.
Lucía escribió:
¿Dónde fue después?
La respuesta:
«A comprobar la bajada.»
Otro mensaje.
«Ya había encontrado la vista.»
Adrián observó.
—Eso coincide con su último mensaje a Tomás.
Sí.
Varela había escrito:
«Falta demostrar qué veían al bajar.»
El anónimo conocía ese siguiente paso.
Lucía escribió:
¿Qué encontró?
Pasó casi un minuto.
La respuesta llegó:
«Una puerta que todavía existe.»
Adrián levantó la vista.
Tomás negó lentamente.
—No.
Lucía lo miró.
—¿Qué?
—Manuel no creía que la puerta sobreviviera completa.
—¿Por qué?
—Las reformas posteriores cambiaron ese sector.
El mensaje anónimo podía estar simplificando otra vez.
O quizá Varela hubiera descubierto algo después de separarse de Riveiro.
Llegó otro texto:
«No busquen una puerta medieval intacta.»
Lucía sintió que el remitente acababa de anticiparse a la objeción.
Después:
«Busquen el acceso que conservó el nombre cuando perdió el camino.»
Lucía permaneció mirando.
Eso era diferente.
Una puerta actual o posterior podía conservar una denominación antigua aunque el recorrido que la había servido hubiera desaparecido.
El problema volvía a ser toponímico.
Nombres que sobrevivían a funciones.
Adrián observó.
—Entonces la puerta existe, pero no necesariamente como en 1486.
—Exactamente.
Tomás parecía inquieto.
—Manuel estaba buscando algo parecido.
—¿Qué nombre?
—No lo sé.
Lucía no le creyó del todo.
—Tomás.
—No lo sé completo.
—¿Qué recuerda?
Riveiro dudó.
—Algo relacionado con peregrinos.
Lucía esperó.
—¿Puerta de Peregrinos?
—No.
—Entonces no adivinemos.
Tomás asintió.
—Solo recuerdo que Manuel dijo que el nombre había sobrevivido más que la función.
La frase coincidía demasiado bien con la lógica de toda la investigación.
Lucía volvió al mensaje:
«El acceso que conservó el nombre cuando perdió el camino.»
Si podían identificarlo, tendrían un punto donde la memoria histórica había retenido una palabra mientras olvidaba el recorrido que la explicaba.
Eso sería central para comprender cómo una ruta real había dejado de ser visible.
Lucía guardó el teléfono.
—Necesitamos volver a las fuentes de nombres.
Riveiro asintió.
—Y distinguir cada fecha.
—Sí.
Adrián observó.
—Otra vez.
Lucía lo miró.
—Siempre.
Antes de marcharse, Riveiro les entregó una copia reducida de su reconstrucción.