BLOQUE 3 #3
No incluía la ubicación exacta del alto.
Lucía lo aceptó.
La prudencia era razonable.
—Si consiguen la fuente de la medida —dijo Tomás—, volvemos a trabajar el punto.
—Lo haremos.
—Y no usen el mapa como prueba.
—No pensaba hacerlo.
Riveiro la miró.
—Manuel tampoco al principio.
La advertencia quedó entre ambos.
Lucía no se ofendió.
Era correcta.
Se separaron.
Adrián esperó unos metros.
—¿Confiás en él?
—Confío en lo que podemos contrastar.
—No era eso.
—Es la única respuesta que importa.
Adrián sonrió.
Caminaron hacia el casco histórico.
La investigación histórica había avanzado mucho más de lo esperado.
Ya podían distinguir la ruta directa de la variante condicionada por la espera.
Habían encontrado otras entradas utilizadas durante obras o momentos de mayor afluencia.
Ahora aparecía un punto visual que podía ser compartido por viajeros procedentes de distintas direcciones.
Eso hacía que la llegada medieval dejara de parecer una única línea.
Era una red cambiante, pero no secreta.
Las distintas vías se adaptaban a las necesidades del tránsito y a una ciudad que nunca permanecía inmóvil.
Lucía observó la Catedral apareciendo entre los edificios.
—Hay algo que todavía no me gusta.
Adrián la miró.
—¿Qué?
—La palabra Apóstol en la piedra.
—¿Porque Varela no estaba seguro?
—También.
Si la piedra servía principalmente para orientar el regreso hacia Lavacolla, una referencia al Apóstol en sentido contrario era lógica.
Pero no indispensable.
La señal podía haber tenido otro texto.
El remitente estaba tratando aquella lectura como segura cuando los testigos directos la consideraban dudosa.
—Entonces alguien está haciendo más nítida la evidencia de lo que era —dijo Adrián.
—Sí.
Eso podía ser involuntario.
O podía formar parte de un intento por construir una historia más atractiva.
Dos palabras enfrentadas en una piedra ofrecían una imagen perfecta:
Lavacolla en una dirección.
El Apóstol en la otra.
Demasiado perfecta.
Lucía desconfiaba de las conclusiones que parecían diseñadas para ser recordadas.
—Tenemos que encontrar las fotografías originales de la pieza —dijo.
—Las de Varela.
—Sí.
—Estaban en su teléfono.
Lucía observó.
El teléfono desaparecido podía ser la fuente de casi todos los mensajes.
Si alguien lo tenía, también podía conocer ubicaciones y conversaciones.
Eso explicaría mucho sin necesidad de que el remitente hubiera acompañado personalmente a Varela en cada etapa.
Adrián preguntó:
—¿Y si el anónimo encontró el teléfono después de la caída?
Lucía lo miró.
Era una posibilidad sencilla.
—Entonces podría haberlo recogido cualquiera que pasara después.
—O alguien que estuvo con él.
—No sabemos.
Pero ahora tenían una nueva línea concreta.
El teléfono.
Podían averiguar si la policía había registrado formalmente su ausencia y si existían datos sobre dónde había sido visto por última vez.
Lucía sacó su móvil.
Antes de hacer la llamada, apareció un nuevo mensaje.
No contenía texto.
Era una fotografía.
La imagen mostraba una página de la libreta de Varela.
En la parte superior aparecía:
«ALTO DE LA VISTA — ubicación probable.»
Debajo había un pequeño croquis.
Lucía amplió.
Una línea descendía hacia el entorno catedralicio.
Al final figuraba una palabra subrayada.
No era Apóstol.
Era un nombre.
Porta Alba.
Adrián leyó.
—¿Porta Alba?
Lucía observó.
Nunca habían visto esa denominación.
Debajo Varela había añadido:
«El nombre permanece. El camino no.»
Lucía sintió que acababan de encontrar la referencia que el remitente había anticipado.
No sabían todavía qué era Porta Alba.
Tampoco si el nombre se había interpretado correctamente.
Pero Varela la había situado al final de la bajada desde el alto de la vista.
Si podían demostrar la correspondencia histórica, tendrían otra pieza del recorrido.
Una entrada vinculada con la aproximación al Apóstol cuya denominación había sobrevivido después de que el camino original dejara de llegar hasta ella de la misma manera.
Adrián observó la fotografía.
—Entonces ésta puede ser la otra ruta.
Lucía negó.
—Puede ser el acceso al que llegaban distintas rutas.
La diferencia era importante.
No buscarían un nuevo camino secreto.
Buscarían cómo varios recorridos podían terminar utilizando el mismo punto en momentos determinados.
Lucía escribió al remitente:
¿Dónde está la fuente de Porta Alba?
La respuesta tardó.
«En el lugar donde cambiaron el nombre sin cambiar la puerta.»
Lucía frunció el ceño.
Eso parecía contradictorio con la nota de Varela.
Si el nombre había cambiado, ¿cómo podía haber permanecido?
Quizá el anónimo estaba usando nombre en sentidos diferentes.
O estaba introduciendo otra etapa de transformación.
Adrián observó.
—Otra pista a medias.
Lucía guardó el teléfono.
No seguirían interpretando mensajes.
Irían a los documentos.
Porque si Porta Alba era realmente una denominación histórica, tendría que aparecer en alguna fuente.
Y solo entonces podrían saber si habían encontrado una nueva entrada hacia el Apóstol o simplemente otra palabra que había sobrevivido a una ciudad que ya no existía de la misma manera.