CAPÍTULO 5 Otra ruta hacia el Apóstol
BLOQUE 1
Álvaro Reigosa llegó diez minutos tarde.
No se disculpó.
Entró en el café, cerró el paraguas junto a la puerta y recorrió el lugar con la mirada hasta encontrar a Lucía y Adrián en una mesa del fondo.
Era más joven de lo que Lucía había imaginado.
Vestía de manera sencilla y llevaba una carpeta de cuero oscuro bajo el brazo.
Se sentó sin quitarse el abrigo.
—Teresa me dijo que están siguiendo el trabajo de Manuel.
Lucía observó.
—Estamos intentando reconstruirlo.
—No es lo mismo.
—Todavía no sabemos cuánto de lo que encontró puede sostenerse.
Reigosa dejó la carpeta sobre la mesa.
—Entonces al menos empiezan bien.
Adrián lo miró.
—Pensé que iba a decirnos que Varela estaba equivocado.
—En algunas cosas lo estaba.
Lucía intervino.
—¿Y en cuáles tenía razón?
Reigosa sostuvo su mirada.
—En que la llegada a Santiago no puede reconstruirse con una única ruta para todas las épocas.
Eso coincidía completamente con lo que habían empezado a demostrar.
Lucía no mostró sorpresa.
—También encontró un punto de espera anterior a la entrada.
Reigosa guardó silencio.
Adrián observó.
—Eso ya lo sabe.
—Manuel me lo enseñó.
Lucía apoyó las manos sobre la mesa.
—Entonces estuvo con él cuando reunió los registros de partidas incompletas.
—Sí.
—Y volvió después de su muerte para revisarlos.
Reigosa no negó.
—Quería comprobar si había cometido un error.
—¿Quién?
—Los dos.
La respuesta era inesperada.
Lucía esperó.
Reigosa abrió la carpeta.
Sacó una reproducción.
—Esto es lo que discutíamos.
La hoja contenía una reconstrucción del entorno de llegada.
No era un plano antiguo.
Era un esquema moderno realizado a partir de varias fuentes.
Había dos recorridos señalados.
Uno entraba desde el este y continuaba hacia el entorno catedralicio mediante una vía relativamente directa.
El otro se desviaba antes hacia un punto lateral.
Lucía observó.
—¿Cuál es el suyo?
Reigosa señaló el recorrido directo.
—Éste era el que yo consideraba principal para la fase que estudiábamos.
—¿Y Manuel?
—El otro.
Adrián se inclinó.
—El de la casa de espera.
—Sí.
Lucía miró las fechas asociadas.
—Los dos pueden existir.
Reigosa levantó la vista.
—Exactamente.
Adrián frunció el ceño.
—Entonces ¿por qué discutían?
Reigosa señaló el tramo donde ambos recorridos se separaban.
—Porque Manuel empezó pensando que la ruta de espera había sustituido a la directa.
Lucía observó.
Eso sí podía ser problemático.
Los registros que habían encontrado no demostraban sustitución en esa fase.
Mostraban que algunas partidas utilizaban un punto de espera cuando llegaban incompletas.
—Después cambió de idea —dijo Lucía.
Reigosa asintió.
—Sí.
—¿Cuándo?
—La semana antes de morir.
Eso era importante.
Varela había pasado de una interpretación excluyente a otra más compleja.
La ruta de espera no reemplazaba necesariamente a la directa.
Podía funcionar en paralelo para determinadas situaciones.
Lucía señaló el esquema.
—Entonces un grupo completo podía seguir hacia la iglesia sin desviarse.
—Eso muestran varios registros.
—Y una partida incompleta podía detenerse.
—Sí.
Adrián observó.
—Entonces tenemos otra ruta hacia el Apóstol.
Reigosa negó ligeramente.
—No exactamente.
Lucía entendió.
La palabra ruta podía ser engañosa.
No estaban necesariamente ante dos itinerarios independientes de peregrinación.
Podían ser dos formas de resolver el último tramo según el estado de la partida.
—Una variante funcional —dijo Lucía.
—Eso es más preciso.
Reigosa pareció relajarse por primera vez.
Sacó otra hoja.
—Manuel llegó a esa conclusión después de encontrar esto.
La reproducción pertenecía a una relación de llegadas.
Lucía leyó:
«Los que lleguen completos seguirán desde la vía hasta la iglesia. Quienes traigan falta en su compañía aguardarán en la casa.»
Adrián se acercó.
La frase era inequívoca.
No describía dos grupos privilegiados.
Distinguía una condición práctica.
Lucía siguió leyendo.
«Una vez resuelta la falta, tomarán el paso que se halle libre.»
Eso explicaba algo que había aparecido en los documentos anteriores.
No había necesariamente una única continuación desde la casa de espera.
El acceso podía depender de cuál estuviera disponible.
—Entonces Varela corrigió su reconstrucción —dijo Lucía.
—Sí.
—¿Por qué usted volvió después de su muerte?
Reigosa sostuvo su mirada.
—Porque quería saber si la corrección estaba bien.
—¿Y estaba?
—En parte.
Lucía esperó.
Reigosa sacó otra reproducción.
—El problema está acá.
La fuente era posterior.
Hablaba de un paso de los llegados situado más al norte.
—Esto aparece después de una reforma —dijo Lucía.
—Sí.
—Entonces no puede usarse para 1486.
—Eso le dije a Manuel.
Adrián observó.
—¿Y él lo usó?
—Al principio.
Lucía comprendió.
Otra vez aparecía el mismo problema.
Una denominación posterior había sido proyectada hacia una fase anterior.
Varela corrigió la posición de la piedra.
Después corrigió la interpretación de las cuarenta y dos varas.
También podía haber tenido que corregir el nombre del acceso.
No era una investigación lineal.
Era una sucesión de errores corregidos.
Eso la hacía más creíble.
Reigosa apoyó el dedo sobre el plano.
—Manuel quería encontrar una entrada anterior que explicara el desvío desde la casa.
—¿Y la encontró?
—Encontró una referencia.
—¿Cuál?
Reigosa observó a Lucía antes de responder.
—Puerta de la Obra.
Lucía se quedó quieta.
—¿Nombre histórico?
—Eso es lo que debemos comprobar.
La denominación podía resultar engañosa.
Obra podía referirse a trabajos constructivos.
También podía ser un nombre posterior.
Necesitaban la fuente completa.
Reigosa la mostró.
«Los de la casa pasarán por la puerta de la obra cuando el acceso acostumbrado no pueda usarse.»
Adrián señaló.
—Entonces es una alternativa.
—Sí.
Lucía leyó de nuevo.
La frase no decía que fuera una entrada exclusiva.
Mucho menos secreta.
Era una solución cuando el acceso habitual estaba impedido.
—¿Fecha?
Compatible con el periodo.
Eso la hacía relevante.
Reigosa sacó otra hoja.
«La puerta quedará abierta durante la reparación del paso principal.»
Lucía observó.
Ahí estaba la explicación.
Una ruta alternativa podía aparecer documentalmente durante obras.
Si siglos después ambas circulaciones se dibujaban juntas sin fechas, podían parecer itinerarios paralelos permanentes.
Eso sería exactamente el tipo de error que querían evitar.
Adrián se reclinó.
—Entonces esto también puede alimentar la teoría de una ruta reservada.
—La alimentó —respondió Reigosa.
Lucía levantó la vista.
—¿A usted?
Reigosa tardó.
—Sí.
La respuesta fue directa.
No intentó ocultarlo.
—Durante años pensé que la puerta de la obra podía haber servido como acceso diferenciado para ciertos peregrinos.
—¿Por qué?
—Porque aparece vinculada con algunas partidas que no utilizan el recorrido habitual.
Lucía señaló la memoria.
—Pero ahora sabemos que esas partidas podían estar entrando durante una reparación.
—Sí.
—¿Cuándo cambió de opinión?
Reigosa miró la carpeta.
—Después de que Manuel encontró la relación de obras.
Eso alteraba la imagen que Rodrigo había dado de él.
Reigosa no seguía defendiendo necesariamente una ruta reservada.
Había cambiado de interpretación.
Adrián preguntó:
—Entonces ¿por qué Manuel dijo que alguien quería convertir el punto en otra cosa?
Reigosa se quedó inmóvil.
Lucía observó su reacción.
—¿Lo dijo sobre usted?
—No lo sé.
—Rodrigo pensó que podía referirse a alguien que defendía una interpretación especial de la señal.
—Rodrigo piensa demasiadas cosas sobre mí.
Lucía no quería entrar en rivalidades personales.
—¿Usted conocía la inscripción de la piedra?
—Sí.
—¿Lavacolla?
—Manuel me lo dijo.
—¿Apóstol?
Reigosa asintió con menos seguridad.
—Me dijo que era una lectura posible.
Eso coincidía con Rodrigo.
—¿Vio la pieza?
—No.
—¿Intentó acceder a la colección Mosquera?
—Sí.
—¿Antes de que muriera Varela?
—Sí.
—¿Lo dejaron entrar?
—No.
Lucía observó.
Eso también coincidía con lo que habían escuchado.
—¿Por qué quería verla?
Reigosa pareció molesto por la obviedad.
—Porque una señal con dos indicaciones podía resolver cómo funcionaba el punto de espera.
—O alimentar una teoría equivocada si se aislaba de los registros.
—Sí.
La respuesta fue inmediata.
Lucía sintió que Reigosa había aprendido algo del conflicto.
Quizá demasiado tarde.
—¿Qué cree ahora que señalaba?
—No lo sé.
Buena respuesta.
—Lavacolla parece plausible.
—Sí.
—¿Y Apóstol?
—Menos.
Exactamente como Varela.
Adrián lo miró.
—Entonces ustedes terminaron casi de acuerdo.
Reigosa observó por la ventana.
—En el problema histórico, sí.
—¿Y en qué no?
—En publicar.
Lucía se inclinó.
—Explíquese.
Reigosa cerró la carpeta.
—Manuel quería hacer pública la reconstrucción en cuanto confirmara la ubicación de la señal.
—¿Y usted?
—Quería esperar.
—¿Por qué?
—Porque faltaba la pieza.
Lucía observó.
—La piedra no era necesaria para ubicar el camino.
—No. Pero podía ser necesaria para sostener la función de la señal.
Eso era razonable.
Los documentos prácticos ya sugerían la función.
La inscripción podría reforzarla.
—¿Qué temía?
—Que se publicara una reconstrucción atractiva y después descubriéramos que la inscripción no decía lo que creíamos.
Lucía entendió.
No era miedo a una verdad histórica.
Era miedo a cerrar demasiado pronto una interpretación.
—Entonces la discusión sobre publicar no era porque quisiera ocultar la ruta.
—No.
Reigosa pareció cansado.
—Manuel me acusó de proteger trabajos anteriores.
—¿Era cierto?
—En parte.
La sinceridad volvió a sorprenderla.
—Había participado en reconstrucciones que tendrían que revisarse si él tenía razón.
—Eso podía afectarlo profesionalmente.
—Sí.
—¿Intentó impedirle publicar?
—Discutí con él.
—No le pregunté eso.
Reigosa la miró.
—No.
Lucía sostuvo la mirada.
No podía demostrarlo de todos modos.
Pero quería observar cómo respondía.
Reigosa continuó:
—Le pedí que esperara hasta revisar la pieza.
—¿Y él?
—Me dijo que la historia no podía quedar detenida porque un objeto estuviera perdido.
Lucía observó.
La frase sonaba coherente con el trabajo de Varela.
Cada vez dependía menos de la piedra.