BLOQUE 2 #3
—Dijo: «Si encuentra el punto antes que yo, va a convertirlo en otra cosa».
Lucía sintió un nudo.
—¿Qué quería decir con “convertirlo en otra cosa”?
—No lo explicó.
Adrián miró el teléfono.
Eso introducía por primera vez una competencia explícita durante la investigación de Varela.
No sabían quién era la otra persona.
Tampoco qué interpretación defendía.
—¿Creía que alguien más buscaba el trazado?
—Sí.
—¿Y la piedra?
—Probablemente también.
Lucía mantuvo la cautela.
—Eso es una inferencia suya.
—Sí.
Bien.
La distinción importaba.
—Mañana seguimos.
Cortaron.
La lluvia había disminuido.
Adrián permaneció mirando el muro.
—Entonces Varela tenía competencia.
—Creía tenerla.
—Y alguien entró después de que murió.
—Sí.
—La piedra desapareció.
Lucía lo miró.
—No vuelvas a unir todo todavía.
Adrián sonrió sin humor.
—Alguna vez una de esas cosas va a estar conectada con otra.
—Cuando podamos demostrarlo, te aviso.
Se alejaron de San Paio.
Lucía pensaba en la frase de Varela.
«Si encuentra el punto antes que yo, va a convertirlo en otra cosa.»
Eso no sonaba a miedo por un robo.
Sonaba a miedo por una interpretación.
Alguien podía encontrar un resto material y presentarlo como prueba de algo que la documentación no sostenía.
Una entrada reservada.
Una ruta ritual.
Quizá un recorrido exclusivo de peregrinos seleccionados.
Bastaba con eliminar el contexto práctico que ellos habían empezado a recuperar.
El teléfono vibró nuevamente.
Esta vez el mensaje anónimo contenía una fotografía de una página manuscrita.
Lucía la abrió.
Reconoció inmediatamente la letra de Varela.
Era una página de la libreta desaparecida.
Adrián se detuvo.
—Entonces la tienen.
Lucía amplió la imagen.
En la parte superior había escrito:
«Posición 1486 ≠ posición posterior.»
Debajo aparecía una distancia.
42 varas.
Más abajo:
«No medir desde la piedra conservada.»
Lucía sintió que la conversación con Rodrigo quedaba confirmada.
Varela había descubierto su propio error.
Había estado proyectando una medida desde la ubicación equivocada.
En la parte inferior había otra anotación:
«Buscar nombre anterior del punto de llegada.»
Adrián observó.
—Eso es lo que dijo Lema.
—Sí.
Lucía siguió ampliando.
Casi fuera del encuadre aparecía una frase incompleta.
«La señal desaparecida no estaba donde...»
La fotografía terminaba allí.
Lucía respondió:
Envíe la página completa.
No hubo respuesta.
Escribió:
Tiene la libreta de Varela.
Nada.
Adrián miró a su alrededor.
—¿Por qué nos manda solo partes?
Lucía pensó.
Si quisiera ayudar, podía entregar la libreta.
Si quisiera impedir la investigación, no les enviaría información.
El patrón era extraño.
—Quiere dirigir el orden en que descubrimos las cosas.
—¿Para qué?
—No sé.
Eso la inquietaba más que un simple anonimato.
Alguien estaba administrando la información.
Decidiendo qué podían saber y cuándo.
Lucía volvió a la fotografía.
42 varas.
La medida podía permitir localizar el giro si recuperaban la posición correcta de la señal en 1486.
Pero Varela había advertido que no debían medir desde la piedra conservada en su ubicación posterior.
Necesitaban reconstruir el punto anterior.
Adrián observó la nota.
—Entonces el muro que estamos mirando puede no ser el correcto.
Lucía asintió.
Eso era exactamente.
La alineación podía ser compatible.
Pero si el punto de partida había sido desplazado, la proyección de Varela podía haber caído sobre una construcción equivocada.
Alguien había forzado un acceso allí seis días antes.
Quizá buscando una consecuencia de un cálculo que el propio Varela ya había corregido.
Lucía sintió que la historia contemporánea empezaba a adquirir una forma peligrosa.
Un investigador descubría que su primera ubicación era errónea.
Antes de poder publicar la corrección, moría en un accidente.
Después alguien intervenía físicamente el punto que correspondía a su hipótesis anterior.
Eso no demostraba que la muerte estuviera relacionada.
Pero sí podía demostrar que una versión incompleta de su investigación había seguido circulando.
Adrián observó.
—Entonces quien entró pudo trabajar con notas viejas.
—Sí.
—Sin saber que Varela había cambiado de idea.
—Exactamente.
La libreta desaparecida podía contener esa corrección.
Y quien la tenía ahora parecía empeñado en que ellos reconstruyeran el mismo proceso.
Lucía guardó el teléfono.
—Volvamos.
—¿Al archivo?
—No.
Miró hacia el centro.
—Necesitamos saber dónde estaba la señal antes de que la movieran.
—Pensé que eso era lo que estábamos haciendo.
—Hasta ahora sabemos en qué sector estaba.
Lucía recordó las cuarenta y dos varas.
—Ahora necesitamos un punto.
Adrián observó la lluvia que todavía caía suavemente.
—¿Y después?
Lucía miró hacia las calles antiguas.
—Después veremos dónde termina realmente el camino.
Porque Varela ya había descubierto algo fundamental.
La señal desaparecida no se había perdido únicamente como objeto.
También se había perdido su lugar.
Y mientras siguieran midiendo desde una Santiago posterior, cualquier camino que reconstruyeran podía terminar donde nunca había estado.