El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 3
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La medida de cuarenta y dos varas permaneció en la pantalla del teléfono mientras Lucía y Adrián regresaban hacia el centro.

La lluvia había disminuido hasta convertirse en una humedad casi suspendida en el aire.

Lucía caminaba más despacio.

No estaba pensando en la distancia.

Estaba pensando en el punto desde el que debía medirse.

Eso cambiaba todo.

Varela había escrito con claridad:

«No medir desde la piedra conservada.»

La señal había sido trasladada.

Si la posición posterior se utilizaba como origen de una medida correspondiente a una fase anterior, el resultado necesariamente caería en el lugar equivocado.

Adrián caminaba a su lado.

—Cuarenta y dos varas no parecen tantas.

—No importa cuánto sean.

—Ya sé.

Lucía lo miró.

—Importa desde dónde empiezan.

Adrián asintió.

La frase resumía buena parte del problema.

Durante años, alguien había podido medir correctamente una distancia utilizando un origen histórico incorrecto.

El cálculo no fallaba.

Fallaba la ciudad desde la que se hacía.

Llegaron nuevamente al archivo.

El responsable levantó la vista apenas los vio.

—No me digan que otra vez.

—Otra vez.

Lucía dejó el bolso sobre la mesa de consulta.

—Necesitamos documentación anterior al traslado de la señal.

—Ya vieron la planta.

—Necesitamos algo que permita fijar su posición con más precisión.

El hombre pensó.

—¿Medidas?

—Sí.

—Eso puede ser más complicado.

—También sirven referencias de linderos.

El responsable asintió.

Eso ampliaba la búsqueda.

No todo tenía que estar en planos.

Una señal caminera podía aparecer utilizada como referencia en escrituras o relaciones de obra.

Inés no estaba con ellos, pero Lucía sabía exactamente cómo habría empezado: por las palabras que no parecían importantes.

Buscaron durante más de una hora.

Las primeras piezas no aportaron nada.

Una memoria mencionaba la señal sin distancia.

Otra hablaba del paso oriental, pero la descripción era demasiado general.

Después apareció una relación de mantenimiento del pavimento.

La frase decía:

«Desde la esquina vieja hasta la piedra de los llegados, mídase...»

Lucía se acercó.

—Ahí.

Adrián leyó.

Había una distancia.

No correspondía a las cuarenta y dos varas.

Eso no era un problema.

Era otra relación.

La esquina vieja podía servir como segundo punto de referencia.

—¿Podemos localizarla? —preguntó Adrián.

Lucía buscó el resto del documento.

La esquina estaba asociada con una propiedad cuyo nombre antiguo figuraba en varias fuentes.

La construcción actual era distinta.

Pero la alineación podía reconstruirse mediante documentos posteriores.

—Esto ya nos da un segmento —dijo Lucía.

Adrián observó.

—Entonces la posición de la señal tiene que estar a esta distancia desde la esquina.

—Si identificamos bien la esquina.

No podían dar nada por resuelto todavía.

Siguieron.

Otra relación apareció en un expediente sobre drenaje.

«La piedra queda antes del giro hacia la fuente.»

Lucía observó.

La frase era especialmente útil.

No daba medida, pero situaba la señal antes del cambio de dirección que Varela había intentado reconstruir.

Eso reducía el área.

Adrián señaló.

—Entonces no estaba justo en el giro.

—No.

Eso podía explicar parte de la confusión.

Si alguien había tratado la señal como punto exacto de cambio, la proyección de cuarenta y dos varas podía desviarse.

Lucía volvió a la fotografía de la libreta.

Varela había escrito:

«Buscar nombre anterior del punto de llegada.»

El problema podía no estar solo en la posición de la piedra.

También en cómo se entendía el lugar hacia el que se medía.

—Necesitamos esa denominación —dijo.

Adrián asintió.

Buscaron relaciones antiguas del sector.

Aparecieron nombres que habían dejado de utilizarse.

Algunos correspondían a propiedades.

Otros describían pequeñas zonas de tránsito.

Uno llamó la atención.

Porta de Camiñantes.

Lucía se detuvo.

No porque el nombre fuera espectacular.

Precisamente porque podía ser demasiado tentador.

—Fecha.

Adrián comprobó.

Era posterior a Martín, pero anterior a las reformas mayores que estaban estudiando.

—¿Puede ser el punto de llegada?

—No sabemos.

La palabra porta podía referirse a una entrada conocida del sector o a una denominación local que luego había cambiado.

Necesitaban ver cómo aparecía en documentos anteriores.

Encontraron una mención:

«paso que llaman de los caminantes.»

Lucía observó.

Eso era más antiguo.

La palabra porta podía haberse consolidado después.

La función parecía relacionada con tránsito.

No necesariamente con peregrinos.

—¿Dónde estaba? —preguntó Adrián.

La ubicación podía aproximarse.

Quedaba cerca del sector donde la señal había servido antes del traslado.

Lucía sintió que podía ser relevante.

Pero todavía no bastaba.

Siguieron.

Una relación de obras mencionaba:

«Desde la piedra hasta el paso de los caminantes hay cuarenta y dos varas.»

Adrián levantó la vista de golpe.

—Ahí está.

Lucía se quedó inmóvil.

La cifra coincidía exactamente con la libreta de Varela.

No era una distancia inventada por él.

Provenía de una fuente histórica.

Lucía leyó la frase completa.

«Desde la piedra hasta el paso de los caminantes hay cuarenta y dos varas por la vía antigua.»

Eso añadía algo fundamental.

La medida no era lineal necesariamente.

Era por la vía antigua.

Adrián observó.

—Entonces no podemos medir cuarenta y dos varas en línea recta.

—Exactamente.

Lucía sintió que otra parte de la hipótesis anterior de Varela se derrumbaba.

Si él había proyectado una distancia recta desde una posición posterior de la piedra, había cometido dos errores al mismo tiempo.

Origen desplazado.

Y medida interpretada sin seguir el trazado.

Adrián señaló la pantalla.

—Eso puede explicar por qué le daba dentro de la construcción.

—Sí.

El punto correcto podía estar en otro lugar.

La frase también aclaraba el sentido de la anotación:

«Buscar nombre anterior del punto de llegada.»

El paso de los caminantes podía haber sido conocido después con otro nombre.

Si Varela había usado una denominación posterior para situarlo, el resultado podía desplazarse otra vez.

Lucía copió la referencia completa.

—Necesitamos localizar el paso en la fase correcta.

El responsable del archivo encontró una relación de propiedades donde aparecía como lindero.

No daba coordenadas.

Pero mencionaba dos referencias reconocibles.

Una fuente.

Y un muro perteneciente a una construcción desaparecida.

Marcos habría podido georreferenciar mejor la información.

Lucía tomó notas detalladas.

Adrián observó.

—Entonces podemos reconstruir un corredor probable.

—Sí.

No exacto.

Pero bastante más preciso.

Lucía pidió otro plano.

Apareció una planta parcial donde el paso figuraba con una denominación abreviada:

P. Caminantes.

La posición coincidía razonablemente con las relaciones anteriores.

Ahora tenían un punto de llegada mucho más sólido.

Lucía midió visualmente el trazado.

La vía antigua no seguía una línea directa.

Giraba.

Eso explicaba por qué cuarenta y dos varas recorridas por el camino podían llevar a un sitio distinto de cuarenta y dos varas proyectadas sobre un plano moderno.

Adrián sonrió.

—Varela se equivocó.

—Y lo descubrió.

—Antes que nosotros.

—Sí.

Lucía no veía ningún problema en reconocerlo.

La libreta demostraba que había corregido su propia hipótesis.

El investigador no se había aferrado al primer resultado.

Había cambiado de dirección cuando las fuentes lo obligaron.

Eso era importante.

El remitente anónimo estaba siguiendo precisamente esa corrección.

Lucía volvió a la fotografía incompleta.

«La señal desaparecida no estaba donde...»

Ahora podía imaginar cómo continuaba.

Pero no debía completarla.

Necesitaban la página.

Adrián observó.

—Entonces el muro de San Paio puede no tener nada que ver.

—Puede conservar otro tramo del trazado.

—Pero no necesariamente el punto que Varela buscaba al final.

—Exactamente.

Eso también podía explicar por qué había salido de allí frustrado.

La primera proyección se había vuelto inútil.

El camino real debía reconstruirse mediante otro origen y siguiendo la vía antigua.

Lucía cerró la carpeta.

—Nos falta saber qué pasó después del paso de los caminantes.

—¿Después hacia la Catedral?

—Sí.

El título de la investigación ya empezaba a cambiar de sentido.

No bastaba con seguir la señal desaparecida.

Debían comprender cómo un peregrino pasaba de ese punto hacia el entorno del Apóstol.

Y si Martín había esperado allí antes de volver hacia Lavacolla, el paso podía haber funcionado como punto de organización.

Eso lo hacía más importante.

Salieron del archivo al final de la tarde.

La lluvia había cesado.

El cielo seguía gris.

Adrián observó la calle.

—¿Vamos a buscar el paso?

—No todavía.

—¿Por qué?

—Porque la ciudad actual puede engañarnos otra vez.

Necesitaban reconstruir primero la fase histórica.

Lucía no quería caminar hasta un punto moderno y empezar a imaginar lo que había ocurrido allí.

Adrián aceptó.

—Entonces Rodrigo mañana.

—Sí.

El arquitecto podía ayudarlos a entender qué partes de aquella geometría habían sobrevivido.

Antes de volver al hotel, Lucía llamó a Elena Mosquera.

Le contó lo mínimo necesario.

Habían encontrado la fuente de las cuarenta y dos varas.

—¿Manuel la conocía? —preguntó Elena.

—Sí. La tenía anotada.

—Entonces llegó más lejos de lo que pensamos.

—Llegó hasta reconocer que no podía medir desde la posición posterior de la piedra.

Elena guardó silencio.

—Eso explicaría algo.

Lucía se detuvo.

—¿Qué?

—La última vez que hablamos, me dijo que ya no necesitaba recuperar la pieza para ubicar el camino.

Eso era importante.

—¿Cuándo se lo dijo?

—La tarde que salió de acá.

—¿Antes de ir a San Paio?

—Sí.

Lucía frunció el ceño.

Eso parecía contradecir parcialmente la secuencia.

Si ya sabía que no necesitaba la piedra para ubicar el camino, ¿por qué fue al muro?

Elena continuó.

—Dijo que la piedra serviría para confirmar la función. No la posición.

Lucía entendió.

La ubicación podía reconstruirse documentalmente.

La inscripción podía demostrar para qué servía la señal.

Esas eran dos preguntas diferentes.

—¿Dijo qué buscaba entonces en San Paio?