El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2 #3
5%

BLOQUE 2 #3

Todo parecía regresar a ella.

Adrián observó el dibujo frontal.

—¿Varela creyó que la inscripción estaba relacionada con el motivo?

—No —respondió Elena—. Dijo que no debíamos suponerlo.

Lucía sonrió apenas.

Era casi como escuchar al investigador a través de los otros.

—¿Qué hizo después de leerla? —preguntó.

Javier señaló el plano.

—Pidió todos los mapas que tuviéramos sobre las reformas del acceso oriental.

—¿Por qué?

—Porque quería saber si la dirección de la inscripción coincidía con el camino anterior.

Aquello respondía más de lo que parecía.

La palabra no era simplemente un nombre grabado.

Varela la había interpretado como referencia espacial.

Lucía se acercó al plano.

—¿Y coincidía?

Elena respondió:

—Eso creyó.

—¿Con qué dirección?

Nadie dijo nada.

Adrián observó a los hermanos.

La resistencia ya no parecía relacionada con proteger únicamente un objeto desaparecido.

Parecía relacionada con lo que la inscripción podía demostrar.

—¿Qué cambia si Varela tenía razón? —preguntó Lucía.

Javier respondió finalmente.

—Una reconstrucción aceptada desde hace décadas.

—¿La de la llegada oriental?

—Parte de ella.

—¿Porque la piedra estaba más al este?

—Porque algunos recorridos que ahora se presentan como si hubieran funcionado siempre corresponden a configuraciones posteriores.

Lucía asintió.

Eso era exactamente lo que los documentos empezaban a mostrar.

—Entonces no hay una ruta falsa.

—No.

La respuesta de Javier llegó con rapidez.

—Hay rutas correspondientes a momentos diferentes.

Adrián miró a Lucía.

La formulación era casi idéntica a la que habían utilizado ellos.

Eso reducía la posibilidad de que Javier estuviera defendiendo simplemente una versión contra otra.

Elena sacó una tarjeta pequeña.

—Manuel dejó esto acá.

La letra era de Varela.

Lucía leyó:

La piedra no marca el final. Marca la obligación de volver al camino antes de entrar.

Debajo:

Falta demostrar que la instrucción se aplicaba a Armentia.

Lucía sintió una satisfacción inmediata.

No por la hipótesis.

Por la segunda frase.

Varela había mantenido separado lo que creía de lo que podía demostrar.

Adrián señaló otra ficha.

Buscar relación del día 18. Fondo Mosquera, serie privada.

—Entonces está acá.

Elena asintió.

Javier volvió a endurecerse.

—No necesitamos mostrarla.

Lucía lo miró.

—Necesitamos verla si contiene el vínculo documental con Martín.

—Pertenece a una serie privada.

Elena se volvió hacia su hermano.

—Manuel ya la consultó.

—Y después murió.

Lucía dejó el lápiz sobre la mesa.

—No utilice eso como explicación si no cree que exista relación entre ambas cosas.

Javier apretó los labios.

No respondió.

Elena se levantó.

—Voy a buscarla.

—Elena.

—Ya está.

Salió de la sala.

Adrián esperó unos segundos.

—¿Qué contiene?

Javier negó.

—Una relación de llegada.

—¿Que contradice algo publicado?

—Puede hacerlo.

Lucía preguntó:

—¿Qué?

Javier miró hacia la puerta.

—La idea de que ciertos peregrinos que no entraban inmediatamente lo hacían porque seguían un acceso reservado.

Lucía permaneció quieta.

Ahí estaba la teoría alternativa.

—¿Reservado por qué?

—Por rango, permiso, pertenencia institucional. Hay varias versiones.

—¿Y Varela?

—Pensaba que estábamos interpretando una necesidad práctica como si fuera un privilegio.

Aquello encajaba con todo lo que habían encontrado sobre ayuda a rezagados.

—¿Quién defiende la interpretación del acceso reservado? —preguntó Adrián.

Javier no respondió.

Lucía tampoco insistió todavía.

Ya habría tiempo.

Elena regresó con una carpeta estrecha.

La colocó sobre la mesa.

—Ésta.

La hoja era una transcripción antigua de una fuente anterior.

Lucía comprobó primero la fecha.

18 de octubre de 1486.

Después buscó el nombre.

Lo encontró casi al final.

Martín de Armentia.

Leyó en silencio.

Después otra vez.

Adrián se inclinó.

Lucía permitió que siguiera la línea.

«Martín de Armentia, llegado ayer por la vía oriental, permanecerá junto a la piedra hasta que se disponga quién acompañará a los rezagados de su partida.»

Adrián dejó escapar lentamente el aire.

No era un rito.

No era un acceso reservado.

No era una ceremonia anterior al encuentro con el Apóstol.

Martín esperaba porque alguien de su grupo todavía estaba en el camino.

Lucía siguió.

«Si fuera necesario, volverá con otro caminante hasta la fuente.»

La correspondencia con el pago del día siguiente resultaba inmediata.

Martín aparecía precisamente en el paso de la fuente prestando ayuda.

Adrián continuó leyendo.

Había una última línea.

«Después regresará a Compostela para cumplir su presentación ante el Apóstol.»

Lucía permaneció inmóvil.

El peregrino que parecía no haber llegado nunca había llegado antes que otros.

Y había postergado su entrada porque su partida todavía no estaba completa.

Elena observó la hoja.

—Manuel dijo que cuando encontró esto dejó de interesarle la teoría de una entrada reservada.

Lucía levantó la vista.

—Porque ya tenía una explicación funcional.

—Sí.

—Pero todavía necesitaba la piedra para reconstruir dónde ocurría.

—Exactamente.

Javier añadió:

—Y para saber qué indicaba.

Lucía volvió hacia la fotografía.

El objeto desaparecido adquiría ahora un valor muy distinto.

No era importante por contener algo escondido.

Podía proporcionar evidencia material para situar el punto desde el que un peregrino decidía si continuaba hacia la Catedral o regresaba temporalmente al camino oriental.

Eso bastaba para corregir una parte de la historia urbana.

—¿Qué palabra leyó Varela? —preguntó Lucía.

Elena y Javier volvieron a mirarse.

Esta vez fue Elena quien respondió.

—No estaba completa.

—No importa.

—Él dijo que varias letras eran dudosas.

—Mejor. Dígame solamente qué creyó reconocer.

Elena miró el plano antiguo.

Después la ficha de Martín.

Por último, la fotografía de la piedra desaparecida.

—Una palabra.

Adrián esperó.

Lucía también.

Elena dijo finalmente:

—Lavacolla.