BLOQUE 2 #2
Todavía no mostraría el teléfono.
—¿Manuel pidió mover la pieza?
—No —respondió Elena—. Ya estaba colocada horizontalmente cuando vino.
—¿Por conservación?
—Por una reorganización del depósito.
—¿Y entonces pudo ver el lateral?
—Sí.
Javier cruzó los brazos.
—Eso fue lo que cambió todo.
Adrián se inclinó.
—¿Qué vio?
Javier no respondió.
Elena sí.
—Letras.
—¿Cuántas?
—No lo sabemos.
—¿Varela hizo una lectura?
—Parcial.
Lucía observó cuidadosamente las palabras.
No quería que nadie resumiera una lectura dudosa como certeza.
—¿La anotó?
—Sí.
—¿Dónde?
Javier miró a Elena.
—En su libreta.
Lucía sintió inmediatamente el vínculo con la libreta desaparecida del archivo.
—¿La dejó aquí?
—No —respondió Javier—. Al menos nosotros no la encontramos después.
—¿La vieron cuando estaba trabajando?
—Sí.
Eso bastaba.
La misma libreta que aparecía en la fotografía tomada sobre la mesa del archivo podía haber contenido la lectura de la inscripción.
Lucía se quedó en silencio unos segundos.
Después sacó el teléfono.
—Ahora quiero mostrarles algo.
Abrió la fotografía recibida.
La piedra aparecía sobre una superficie cubierta de polvo.
Al fondo se distinguía la numeración M-17.
Elena reconoció el lugar inmediatamente.
No dijo nada.
Javier extendió la mano.
—Déjeme verla.
Lucía le entregó el teléfono.
El hombre amplió la imagen.
Primero observó la piedra.
Después la pared.
Finalmente el código.
Su expresión cambió.
—Esto fue tomado aquí.
Adrián se incorporó.
—¿En esta casa?
—Sí.
—¿Dónde?
Javier miró a Elena.
Ella respondió:
—En el depósito inferior.
Teresa, que había permanecido casi toda la conversación junto a una biblioteca, dio un paso.
—Entonces alguien tuvo acceso a la pieza.
Javier le devolvió el teléfono a Lucía.
—Eso ya lo sabíamos.
Lucía lo miró.
—¿Por qué?
Elena se adelantó antes que él.
—Porque la pieza no está.
El silencio fue distinto a los anteriores.
Adrián dejó de mirar el teléfono.
—¿Desde cuándo?
Javier parecía irritado con su hermana.
—No sabemos el día exacto.
—¿La vio Varela?
Ninguno respondió inmediatamente.
Lucía entendió.
—La vio.
Elena asintió.
—Sí.
—¿Cuándo?
—La tarde anterior a morir.
La cronología adquirió una gravedad nueva.
Lucía se obligó a separar inmediatamente los hechos.
Varela había visto la pieza.
La pieza ya no estaba en la colección.
Varela había muerto al día siguiente.
Nada de aquello demostraba relación causal.
No permitiría que la proximidad temporal construyera por sí sola una historia.
—¿Cuándo descubrieron que faltaba? —preguntó.
—Dos días después de la muerte de Manuel —respondió Elena.
—Entonces no saben si desapareció antes o después de su accidente.
—No.
—¿Existió algún traslado autorizado?
Javier negó.
—Que figure en nuestros registros, no.
—Eso tampoco significa que no lo hubiera.
Javier la miró.
—No.
Lucía agradeció internamente la respuesta.
La familia parecía preocupada, pero no estaba tratando de convertir una ausencia documental en prueba de robo.
—Quiero ver dónde estaba —dijo.
Javier se opuso de inmediato.
—No.
Elena giró hacia él.
—¿Por qué no?
—Porque ya les mostramos suficiente.
—No les mostramos nada que explique la fotografía.
—La fotografía ya demuestra que fue tomada abajo.
—Precisamente.
Lucía permaneció apartada de la discusión.
No necesitaba imponer la visita.
Si Javier se negaba, podían trabajar desde la documentación.
Teresa fue quien intervino.
—Manuel trabajó allí. Si quieren reconstruir su última jornada, el lugar importa.
Javier la miró con molestia.
—Esto no es una investigación policial.
Lucía respondió:
—No. Y no estamos tratándola como tal.
—Entonces ¿para qué necesitan bajar?
—Para distinguir qué muestra realmente la fotografía y qué estamos suponiendo.
Javier permaneció inmóvil.
Aquella formulación pareció convencerlo más que cualquier insistencia.
Finalmente señaló la puerta.
—Cinco minutos.
El depósito estaba en una parte semienterrada de la casa.
Bajaron por una escalera estrecha que desembocaba en un corredor acondicionado.
No había nada misterioso en el espacio. Estanterías metálicas, cajas de conservación y algunas piezas arquitectónicas apoyadas sobre plataformas ocupaban las paredes.
La humedad estaba controlada y varias etiquetas modernas identificaban sectores de almacenamiento.
Lucía miró el código M-17.
Javier lo señaló.
—Mobiliario diecisiete.
Adrián se quedó quieto.
—¿Mobiliario?
—Sí.
Lucía miró la fotografía otra vez.
Aquella coincidencia desaparecía.
M-17 no significaba Mosquera.
No era un código especial asociado con la piedra.
Era simplemente una clasificación interna del equipamiento.
—Entonces la anotación M-17 del expediente...
—No puede referirse a esto —dijo Lucía.
Adrián asintió.
Era una corrección pequeña.
Pero esencial.
Dos códigos idénticos podían haberlos empujado a una falsa conexión.
Ahora sabían que debían averiguar por separado qué significaba la referencia marginal del archivo.
Javier encendió otra luz.
—La piedra estaba ahí.
Una plataforma baja aparecía junto a la pared.
Lucía reconoció la posición exacta.
La fotografía anónima había sido tomada desde apenas unos metros.
La zona donde había descansado la pieza mostraba una diferencia de polvo.
Nada permitía saber cuándo había sido retirada.
—¿Peso? —preguntó.
—Treinta kilos. Quizá algo más.
Adrián miró el acceso.
—Una persona fuerte podría moverla.
—Sí —respondió Javier—, pero no cómodamente.
—Dos, sin problema.
—Probablemente.
Lucía observó el corredor.
—¿Cámaras?
—No acá.
—¿En el acceso?
—En la entrada principal de la casa.
—¿Revisaron las grabaciones?
Elena respondió:
—Sí.
—¿Encontraron algo?
—Nada que mostrara a alguien sacando una piedra.
Lucía asintió.
Eso no descartaba que hubiera salido.
Podía haber sido cubierta, trasladada junto con otros materiales o retirada durante un intervalo no conservado en las grabaciones.
No necesitaban resolverlo allí.
Adrián se acercó a la plataforma.
—¿Varela la estudió en esta posición?
—Sí —respondió Elena.
—Entonces la fotografía pudo tomarla él.
Lucía se volvió.
Aquello era importante.
Hasta entonces habían supuesto que el remitente anónimo quizá hubiera entrado en el depósito después de la muerte de Varela.
No necesariamente.
Podía estar enviando una fotografía realizada por el propio investigador.
—¿Varela tomó imágenes? —preguntó.
—Muchas —respondió Elena.
—¿Con su teléfono?
—Sí.
—¿Compartió alguna con ustedes?
—No.
Lucía guardó la información.
Quien les escribía podía tener acceso a los archivos digitales de Varela.
No hacía falta que hubiera estado físicamente allí.
Regresaron a la sala.
Javier parecía algo menos hostil.
Quizá porque Lucía no había intentado convertir el depósito en una escena de crimen.
Elena volvió a la documentación.
—Hay una ficha anterior a la familia.
La colocó delante de ellos.
Piedra procedente de reformas antiguas, conservada por su señal de camino.
Lucía leyó varias veces.
—¿Nada sobre peregrinos?
—No.
—¿Nada sobre el Apóstol?
—No.
Aquello reforzaba algo que ya sospechaban.
La función caminera de la piedra era más antigua que la interpretación devocional posterior.
Podía haber sido utilizada por peregrinos precisamente porque era una señal de camino, no porque hubiera nacido necesariamente como objeto religioso.
Adrián señaló el motivo frontal.
—Pero si esto es una vieira...
—Entonces pudo ayudar a identificar a quién estaba destinada —respondió Lucía—. No cambia su función caminera.
Elena observó.
—Manuel dijo algo parecido.
—¿Qué exactamente?
Elena recordó.
—Que el error era buscar un objeto jacobeo y después decidir para qué servía. Había que reconstruir primero el tránsito.
Lucía se quedó inmóvil.
Varela había llegado a la misma conclusión metodológica.
La piedra importaba porque pertenecía a una circulación.
Separada del camino podía admitir demasiadas interpretaciones.
Javier regresó al plano que habían visto anteriormente.
—Ésta es la posición que Manuel estaba intentando comprobar.
Desplegó una reproducción.
La señal aparecía más al este que en las reconstrucciones posteriores.
Lucía reconoció el mismo patrón del expediente del archivo.
—¿De dónde procede esta copia?
—De documentación familiar.
—¿Original?
—No. Es una reproducción antigua.
—Entonces necesito saber de qué fuente salió.
Javier asintió.
—Manuel también.
En el margen aparecía una referencia a la vía anterior a la modificación.
El camino llegaba desde el sector oriental y pasaba junto a la señal antes de continuar hacia una zona transformada posteriormente.
—¿Esto es lo que vinculó con la fuente? —preguntó Lucía.
Elena giró la hoja.
Al dorso aparecía una anotación:
L-4 / camino de la fuente.
Adrián señaló.
—Ahí está.
La misma expresión reaparecía otra vez.
Lucía no necesitó exagerarla.
Cada fuente independiente reducía las posibilidades de que estuvieran construyendo una relación artificial.
Javier observó el plano.
—Manuel dejó de pensar que la piedra señalaba simplemente hacia la Catedral.
Lucía esperó.
—¿Qué pensó después?
—Que organizaba movimientos en ambos sentidos.
Adrián se acercó.
—Llegada y regreso.
—Eso dijo.
Lucía recordó inmediatamente a Martín de Armentia.
Llegaba desde el este.
Esperaba junto a la piedra.
Después podía regresar hacia el paso de la fuente para ayudar a quienes venían detrás.
Finalmente volvía a Compostela y continuaba hacia el Apóstol.
La piedra no necesitaba marcar dos caminos diferentes.
Podía ordenar el mismo camino en sentidos opuestos según la situación.
—¿Eso se lo sugirió la inscripción? —preguntó Lucía.
Elena asintió lentamente.
—En parte.
—Entonces necesito saber qué leyó realmente Manuel.
Javier cruzó los brazos.
—Ya le dijimos que era incompleta.
—Y justamente por eso quiero la lectura incompleta, no una interpretación posterior.
Elena miró a su hermano.
Él no respondió.
Lucía continuó.
—¿Había una palabra reconocible?
Elena bajó la mirada hacia la fotografía antigua.
—Sí.
—¿Una o varias?
—Una que él consideraba bastante probable.
—¿Y las demás?
—Fragmentos.
—¿Se conservó alguna transcripción?
Javier negó.
—No acá.
—¿En la libreta?
—Probablemente.
Otra vez la libreta.