El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2
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A las seis y veintisiete llegaron a una casa de piedra situada fuera del centro histórico.

La lluvia había recuperado intensidad durante el trayecto y caía ahora sobre el jardín con una regularidad casi silenciosa, mucho menos violenta que horas antes, pero suficiente para oscurecer los muros y dejar pequeñas corrientes de agua descendiendo por los bordes del camino de entrada.

La propiedad no parecía un archivo ni un lugar concebido para recibir investigadores.

Era una residencia antigua reformada en distintas épocas, con cuerpos añadidos que podían distinguirse por pequeñas diferencias en la piedra y en la disposición de las ventanas.

Teresa Souto los esperaba bajo un porche.

Lucía observó la fachada antes de acercarse.

—¿La colección está dentro de la casa?

—Una parte —respondió Teresa—. Otra se conserva en un depósito acondicionado.

Adrián cerró el paraguas.

—¿Y la pieza sesenta y dos?

Teresa lo miró.

—Eso tienen que preguntárselo a ellos.

Aquella forma de responder confirmó que la conversación telefónica había sido más complicada de lo que Teresa había contado.

Lucía subió los escalones.

—¿Quién aceptó que viniéramos?

—Elena.

—¿Mosquera?

—Sí.

Teresa tardó un instante antes de continuar.

—Su hermano prefería que no entraran.

Adrián miró hacia la puerta.

—¿Por qué?

—Porque después de lo que pasó con Manuel están revisando quién puede consultar la colección.

Lucía no preguntó todavía qué significaba exactamente aquello.

La puerta se abrió antes de que Teresa pudiera llamar.

Una mujer de unos cincuenta años apareció en el umbral.

—Lucía Orive.

No era una pregunta.

—Sí.

—Elena Mosquera.

Miró después a Adrián.

—Adrián Salvatierra.

—Sí.

La mujer hizo un gesto para que entraran.

El interior de la casa no tenía nada de museo.

Aquello sorprendió a Adrián.

No había objetos históricos exhibidos en vitrinas ni documentos enmarcados en las paredes.

La colección parecía formar parte de una historia familiar que había crecido sin intención inicial de convertirse en institución.

En una habitación lateral se veían armarios cerrados y cajas modernas de conservación.

Algunas tenían códigos recientes. Otras conservaban etiquetas mucho más antiguas.

Elena los condujo hacia una mesa.

—Teresa dice que están buscando la pieza sesenta y dos.

Lucía se sentó.

—Estamos reconstruyendo una señal utilizada cerca de un antiguo acceso oriental.

—Eso no responde por qué buscan nuestra pieza.

Lucía aceptó la precisión.

—Manuel Varela la relacionó con esa señal.

La expresión de Elena se modificó apenas.

—Manuel relacionaba muchas cosas.

—Y corregía muchas de sus propias hipótesis cuando encontraba algo que no encajaba.

Elena la miró con más atención.

No parecía esperar aquella respuesta.

Adrián permaneció en silencio.

Lucía sacó sus notas, no el teléfono.

—Tenemos una referencia antigua a una piedra de señal trasladada cuando desapareció un paso anterior. En el expediente de la obra aparece una anotación posterior que remite a Mosquera y a un código M-17.

Elena apoyó las manos sobre la mesa.

—¿M-17?

—Sí.

Por primera vez pareció verdaderamente sorprendida.

—¿Dónde encontraron eso?

—En el margen de una memoria de intervención.

Elena permaneció callada unos segundos.

—M-17 pertenece a nuestra clasificación interna.

Adrián se inclinó.

—Entonces está vinculado con la colección.

—Sí.

Aquello era más de lo que Lucía esperaba obtener tan pronto.

Sin embargo, no significaba todavía que la fotografía anónima mostrara la pieza sesenta y dos.

Podían existir varios objetos asociados al mismo sector de almacenamiento.

—¿Qué significa exactamente M-17? —preguntó Lucía.

Elena negó.

—Antes quiero saber qué encontraron ustedes.

Lucía entendió que la conversación sería un intercambio.

No le molestaba.

—Una planta anterior al traslado de la señal.

Elena se quedó quieta.

—¿Anterior?

—Sí.

—¿Dónde coloca la piedra?

—Más al este que las reconstrucciones posteriores.

Elena volvió lentamente la mirada hacia Teresa.

La reacción fue suficientemente visible para que Adrián la notara.

—¿Eso coincide con lo que encontró Varela? —preguntó.

Elena no respondió.

Una voz masculina llegó desde el pasillo.

—Coincide con lo que Manuel quería encontrar.

Un hombre entró en la habitación.

Era algo mayor que Elena y se movía con la seguridad de alguien que no necesitaba presentarse dentro de aquella casa.

Elena cerró los ojos un instante.

—Javier.

El hombre miró primero a Lucía.

—Javier Mosquera.

No tendió la mano.

Lucía tampoco.

—Su hermana dice que Varela estudió la pieza sesenta y dos.

—Mi hermana dice demasiadas cosas cuando piensa que el silencio perjudica una investigación.

Elena lo miró.

—Y vos decís demasiado poco cuando creés que puede proteger una colección.

La tensión no parecía reciente.

Lucía intervino antes de que la conversación se desviara.

—No vinimos a discutir quién debe proteger qué. Queremos reconstruir la historia de una señal y saber qué documentación existe sobre una pieza que podría corresponder a ella.

Javier permaneció de pie.

—¿Por qué les interesa tanto?

—Porque pudo ser movida cuando cambió el acceso oriental.

—Eso se sabe desde hace mucho.

—Que una piedra fuera movida, sí. Lo que no estaba bien reconstruido era la posición anterior.

Javier la observó.

—¿Y ustedes creen que ya la tienen?

—Tenemos una posición compatible con un plano anterior a la reforma.

Lucía evitó decir más.

—Y una referencia explícita a un paso viejo desde la fuente hasta la piedra.

Javier dejó de moverse.

Aquello sí pareció interesarle.

—¿Desde la fuente?

—Sí.

Elena miró hacia su hermano.

Adrián comprendió que ambos sabían algo relacionado con aquella expresión.

Lucía abrió la libreta.

—Martín de Armentia llegó a Compostela desde el este en 1486. Dos días después aparece documentado prestando ayuda en el paso de la fuente. Varela creía que la señal podía explicar ese desplazamiento.

Javier se sentó finalmente.

—Manuel estaba obsesionado con Armentia.

—No.

Javier levantó la vista.

Lucía continuó.

—Estaba intentando demostrar si Armentia era un caso particular o la consecuencia de una práctica de llegada que después dejó de entenderse.

Elena sonrió apenas.

—Eso se parece más a Manuel.

Adrián miró a Lucía.

La descripción confirmaba algo importante.

Varela no había perseguido una leyenda sobre una piedra extraordinaria. Había utilizado el objeto para reconstruir un comportamiento.

—¿La pieza sesenta y dos tiene una procedencia documentada? —preguntó Lucía.

Elena asintió.

—Parcialmente.

—¿Podemos verla?

Javier negó.

—No está catalogada de manera suficiente como para que una visita de una hora resuelva nada.

Lucía apoyó el lápiz.

—No pregunté si podíamos resolverla. Pregunté si podemos verla.

Javier mantuvo la mirada.

—La ficha sí.

Elena se levantó.

Fue hasta uno de los armarios.

Sacó una carpeta.

La documentación no era uniforme.

La primera ficha parecía proceder de un inventario relativamente antiguo de la propia colección. Una segunda había sido preparada décadas después. Había además una reproducción de una descripción anterior a la llegada de la pieza a la familia.

Lucía empezó por la más antigua.

Pieza 62. Piedra de señal. Procedencia atribuida a antiguo acceso oriental.

Adrián se acercó.

—Eso ya coincide.

Lucía levantó una mano.

Coincidía con una procedencia atribuida.

No necesariamente comprobada.

Siguió leyendo.

Retirada durante reforma posterior. Conservada al perder función en el paso.

Lucía volvió atrás.

—¿Dice «en el paso»?

Elena se inclinó.

—Sí.

Aquella pequeña formulación era interesante.

La pieza no había sido conservada por su supuesto carácter devocional.

Había perdido una función relacionada con un paso.

—¿Cómo llegó a la familia?

—Mucho después —respondió Elena—. En el siglo XIX.

—¿Compra?

—Donación.

—¿De quién?

Elena buscó otra hoja.

—Rodríguez de Castro.

Lucía anotó el apellido.

—¿Y antes?

—Hay referencias fragmentarias.

Javier intervino.

—No existe una cadena perfecta.

—No esperaba que existiera.

Eso pareció sorprenderlo otra vez.

Lucía había trabajado demasiadas veces con objetos históricos como para esperar biografías lineales.

Un fragmento podía desaparecer durante décadas de un registro y reaparecer bajo otra denominación sin que eso implicara una conspiración.

Adrián señaló una segunda línea.

Presenta marca frontal y restos de inscripción lateral.

—¿Qué marca?

Elena sacó una reproducción.

Era un dibujo antiguo del frente de la pieza.

En una de las caras aparecía un motivo radial.

Adrián lo observó.

—Parece una concha.

—Parece —respondió Lucía.

No era lo mismo que demostrarlo.

El dibujo era demasiado esquemático.

Una ficha posterior había interpretado el motivo como probablemente jacobeo, pero esa identificación no aparecía en la descripción más antigua.

Lucía preguntó:

—¿Existe fotografía?

Elena buscó.

Sacó una imagen en blanco y negro.

La pieza estaba apoyada verticalmente contra un muro.

El motivo frontal podía distinguirse mejor.

Tenía una disposición radial que recordaba una vieira, aunque el deterioro impedía reconocer algunos detalles.

Adrián miró a Lucía.

—Ahora me vas a decir que sigue sin ser una concha.

—Voy a decir que es compatible con una representación de vieira.

Javier soltó una risa breve por primera vez.

—Manuel decía exactamente lo mismo.

Lucía levantó la mirada.

—Entonces aprendió a desconfiar de lo evidente.

—O era igual de insoportable que usted.

—También es posible.

La tensión disminuyó durante unos segundos.

Lucía volvió a la ficha.

—La inscripción lateral.

Elena y Javier intercambiaron una mirada.

El silencio regresó.

Adrián lo percibió.

—¿Qué pasa con ella?

Javier respondió:

—Durante mucho tiempo nadie pudo leerla.

—¿Se intentó?

—No demasiado.

Elena explicó que la piedra había sido conservada durante décadas mostrando principalmente su cara frontal. El lateral permanecía próximo a una pared en una ubicación anterior y la erosión había hecho que cualquier resto de letras pareciera poco significativo.

—Hasta Varela —dijo Lucía.

Elena asintió.

La secuencia comenzaba a aproximarse demasiado a la fotografía anónima.

Lucía decidió esperar.