El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) BLOQUE 2
2%

BLOQUE 2

Lucía volvió a leer la frase.

«Debía cumplir antes aquello que correspondía a quienes llegaban por aquella vía.»

No había nada después que permitiera saber qué significaba.

La parte inferior del documento había sufrido una pérdida irregular. No parecía un corte limpio ni una eliminación deliberada. El soporte estaba deteriorado y la transcripción de Varela terminaba exactamente donde comenzaba la zona ilegible de la fuente que había consultado.

Adrián señaló la anotación marginal.

«Buscar el trazado anterior.»

—Él tampoco sabía qué tenía que hacer Martín.

—No parece.

—Pero creyó que podía descubrirlo siguiendo el camino.

Lucía observó las hojas.

Eso sí podían sostenerlo.

Varela había relacionado la instrucción con una configuración anterior de la ciudad. Lo que todavía no sabían era qué documentación lo había llevado a esa conclusión.

—¿Dónde está el original de esta transcripción? —preguntó.

El responsable del archivo tomó la hoja.

Buscó la referencia inferior.

—Esto no corresponde a nuestra signatura.

—¿La reconoce?

—No.

Lucía se acercó.

Varela había escrito una combinación de letras y números:

F-17 / R-4 / 62

No había institución.

Tampoco fondo documental.

Solo aquella referencia.

—¿Trabajaba en otros archivos?

—En varios. También consultaba colecciones particulares cuando podía acceder.

—¿Tenía permiso para traer documentación original aquí?

—No.

La respuesta fue inmediata.

Eso descartaba que la fuente dañada hubiera estado necesariamente en aquella sala.

Varela podía haber realizado la transcripción en otro lugar y llevar después sus notas al archivo.

Adrián observó las dos cajas.

—¿Todo esto estaba acá cuando murió?

El hombre asintió.

—Había solicitado dejar temporalmente material de trabajo porque pensaba volver.

—¿Cuándo estuvo por última vez?

El responsable consultó un registro.

—Doce días atrás.

Lucía calculó.

Un día antes de su muerte.

—¿Qué consultó?

El hombre volvió a mirar la hoja.

—Puedo comprobarlo.

Salió de la sala.

Adrián esperó hasta que la puerta se cerró.

—La fotografía se tomó acá.

—Sí.

—Después de que Varela muriera.

—Eso parece.

—Y alguien retiró la libreta.

Lucía miró la mesa.

—Eso también parece.

Adrián cruzó los brazos.

—Te estás esforzando mucho por no decir que alguien entró buscando sus notas.

—Porque todavía no sabemos si entró buscando sus notas.

Podía haber otras explicaciones.

La libreta quizá hubiera sido retirada por personal del archivo antes de la fotografía, aunque la imagen parecía demostrar lo contrario. También podía haber pertenecido a quien tomó la fotografía.

Necesitaban establecer qué objetos había dejado realmente Varela.

Adrián recorrió la sala con la mirada.

—¿Hay cámaras?

—Eso preguntaremos.

Lucía volvió a la carpeta.

La primera hoja registraba la llegada de Martín de Armentia.

La segunda introducía el desvío.

Buscó más.

Había una tercera.

No pertenecía a la misma fuente.

Era una ficha redactada por Varela.

Martín de Armentia. Procedencia probable: Álava.

Debajo:

Entrada documentada en Compostela: 17-X-1486.

Después:

No consta presentación ante el altar en la relación consultada.

Lucía se detuvo.

—Adrián.

Él se acercó.

—¿Qué?

Lucía señaló la frase.

—Mirá cómo lo escribe.

Adrián leyó.

—No consta presentación.

—Exacto.

No decía que Martín nunca hubiera llegado ante el Apóstol.

Solo que la relación consultada no registraba ese momento.

La diferencia era esencial.

—Entonces el título de “peregrino que nunca llegó” todavía es una interpretación —dijo Adrián.

Lucía lo miró.

—Ni siquiera sabemos si alguien lo llamó así.

Continuó leyendo.

Varela había añadido:

«No convertir ausencia de registro en ausencia del hecho.»

Adrián sonrió apenas.

—Me habría caído bien.

Lucía siguió.

Más abajo había una referencia que parecía haber sido añadida después:

«M.A. reaparece.»

Debajo figuraba una fecha.

19-X-1486.

Dos días después.

Adrián se inclinó.

—Entonces tenemos otro registro.

—Varela lo tenía.

—¿Dónde?

No figuraba.

Solo aparecía una palabra:

Lavacolla.

Adrián levantó la vista.

—Eso no tiene sentido.

Lucía entendió inmediatamente.

Si Martín había llegado a Compostela el día 17 y dos días después aparecía documentado en Lavacolla, había vuelto hacia el este.

No era imposible.

Pero sí extraño para alguien cuyo destino era Santiago.

—Quizá regresaba —dijo Adrián.

—Quizá.

—O el primer registro está mal fechado.

—También.

Lucía evitó elegir.

Varela había subrayado la palabra reaparece.

Debajo escribió:

«¿Por qué vuelve?»

La puerta se abrió.

El responsable regresó con una hoja impresa.

—Esto es lo que consultó Varela en su última visita.

Lucía tomó la relación.

Había solicitado documentos sobre reformas urbanas y antiguas vías de acceso.

También aparecían registros de hospitales de peregrinos.

Nada llamaba especialmente la atención hasta llegar a una solicitud fechada a última hora.

Relaciones de señalización y mantenimiento de vías.

Lucía señaló.

—¿Pudo consultarlas?

—Sí.

—¿Cuáles?

El hombre buscó en el registro.

—Tres unidades.

Anotó las referencias.

Lucía reconoció una.

Era la fuente de la que procedía la frase que habían encontrado antes del viaje:

«Los que llegan sin conocer la villa han de buscar la señal de piedra antes de continuar hacia la iglesia.»

Varela había consultado el mismo documento.

—Necesitamos verlo.

El hombre dudó.

—Puedo traerlo.

—También las otras dos unidades.

Cuando volvió a marcharse, Adrián señaló la ficha de Martín.

—Si Varela encontró que regresó a Lavacolla, quizá buscaba la razón en esas señales.

Lucía observó la palabra.

Podía ser.

Pero Lavacolla no demostraba por sí sola una ruta concreta.

Necesitaban la fuente que Varela había utilizado.

—Hay otra cosa —dijo Adrián.

—¿Qué?

—Si llegó el 17 y vuelve hacia el este antes del 19, lo que hizo primero no estaba necesariamente junto a la Catedral.

Lucía permaneció mirando la ficha.

Exactamente.

Habían asumido que la expresión antes de presentarse ante el Apóstol describía un paso próximo a la iglesia.

Podía no ser así.

La piedra podía haber indicado una dirección completamente diferente.

El responsable regresó con tres carpetas.

Las colocó sobre la mesa.

—No pueden fotografiar sin autorización.

Lucía asintió.

—Tomaremos notas.

Abrieron la primera.

Contenía relaciones administrativas sobre mantenimiento de caminos.

La mayoría eran ordinarias.

Reparaciones del firme.

Limpieza de pasos.

Sustitución de elementos deteriorados.

Lucía avanzó lentamente.

No buscaba palabras llamativas.

Buscaba contexto.

Encontró la referencia conocida.

«Los que llegan sin conocer la villa han de buscar la señal de piedra antes de continuar hacia la iglesia.»

Esta vez podían leer lo que había antes.

La instrucción pertenecía a una relación sobre la conservación de indicaciones para viajeros.

Lucía retrocedió varias líneas.

La señal no estaba aislada.

Había otras.

Una junto a una fuente.

Otra próxima a un cruce.

La llamada señal de piedra aparecía descrita de manera distinta.

«Consérvese la antigua, pues todavía sirve a quienes llegan por la vía oriental.»

Adrián señaló.

—Vía oriental.

Lucía siguió.

La línea posterior era la que ya conocían.

Después aparecía algo que ninguna transcripción había incluido:

«Desde ella toman el paso que corresponde a su llegada.»

Adrián guardó silencio.

Lucía leyó nuevamente.

No decía que la señal indicara directamente la Catedral.

Tampoco especificaba qué era aquel paso.

Pero confirmaba que servía para elegir un recorrido después de entrar en la ciudad.

—Entonces Martín pudo seguir esa indicación —dijo Adrián.

—Si estamos hablando de la misma señal.

La cronología era compatible.

Eso no bastaba.

Lucía pidió revisar la segunda carpeta.

Allí aparecían reparaciones posteriores.

La señal era mencionada de nuevo.

«Por haberse movido la piedra antigua durante las obras, vuelva a ponerse donde pueda verse desde la llegada oriental.»

Lucía se quedó inmóvil.

—La movieron.

Adrián se acercó.

—¿Cuándo?

La fecha era posterior a Martín de Armentia.

No afectaba directamente a su recorrido, pero demostraba algo importante.

La posición de la piedra había cambiado.

Una localización posterior no podía proyectarse automáticamente hacia 1486.

Lucía anotó la fecha.

Más abajo aparecía:

«No se altere la dirección que muestra.»

Adrián miró la frase.

—Entonces tenía orientación física.

—Eso parece.

Podía ser una inscripción.

Una figura.

Tal vez una cara determinada de la propia piedra.

No lo sabían.

Lucía siguió leyendo.

Las reparaciones posteriores mencionaban otra vez el traslado.

La piedra había sido movida por una modificación del entorno y recolocada para conservar su utilidad.

Eso explicaba por qué una misma señal podía aparecer en posiciones ligeramente diferentes según las fuentes.

—Varela estaba buscando el trazado anterior —dijo Adrián— porque sabía que la ubicación posterior no servía para Martín.

Lucía observó la anotación marginal de la ficha.

Probablemente.

Por primera vez podían entenderla.

La tercera carpeta era más tardía.

La señal continuaba apareciendo durante algún tiempo.

Después desaparecía.

No había una orden de retirada.

Simplemente dejaba de mencionarse.

Lucía revisó los últimos documentos.

Encontró una frase:

«La entrada oriental se sirve ahora por el paso nuevo.»

Eso podía explicar el abandono de la señal.

Pero necesitaban saber qué significaba paso nuevo.

Adrián señaló una fecha.

—Esto ocurre bastante después.

—Sí.

La piedra había podido permanecer durante décadas antes de perder función.

Lucía cerró la carpeta.

El responsable seguía junto a ellos.

—¿Varela pidió copias de esto?

—De algunas hojas.

—¿Cuáles?

El hombre revisó el registro.

La primera relación.

También la referencia al traslado de la piedra.

Y una hoja perteneciente a la tercera carpeta.

—¿Podemos saber cuál?

El hombre anotó la signatura.

Lucía volvió a abrirla.

La hoja contenía una relación de cambios en los accesos.

Buscó la línea correspondiente.

«Los caminantes que antiguamente tomaban la señal vieja siguen ahora por el paso septentrional.»

Adrián la leyó.

—Eso es lo que estaba siguiendo Varela.

Lucía observó la frase.