El silencio de los nuestros Capítulo 29 La confrontación
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Capítulo 29 La confrontación

Tras muchos intentos, logran dar con Patrick. La reacción es simple, sin explicaciones.

El lugar está particularmente en silencio, aunque casi nunca está muy concurrido, solo vagabundos y drogadictos. Hoy ni siquiera ellos.

Lucía es la primera en verle. Apoyado contra la pared, como si llevara rato esperando. No se mueve, no hace ningún gesto para llamar su atención. Sabe que lo van a ver, y también sabía que vendrían las tres.

Su aspecto es relajado y chulesco, no le pega nada. Luna se tensa a su lado. Valeria no dice nada. Ninguna habla.

Hasta que Lucía visiblemente enfadada y con un tono acusador. —J.S. eres tú.

La frase queda suspendida en el aire.

Patrick la observa. Ni niega, ni asiente. Únicamente la mira con una calma que resulta casi ofensiva. —Ojalá fuera tan sencillo —dice al fin.

Silencio.

Luna se adelanta un poco. —No juegues con nosotras —dice secamente—. Sabías lo de Madrid, lo de Zacarías, lo de Marcos.

Patrick baja la mirada un segundo. Los nombres pesan. —Sí. —Por toda respuesta.

Valeria contiene el aire. —Entonces lo sabías todo —dice.

Patrick niega despacio. —No. —Levanta la vista —no todo.

Lucía siente cómo se le acelera el pulso. —Nos has estado llevando por donde tu querías desde el principio.

Ahora Patrick no responde inmediatamente. Se adelanta hacia ellas. —Si no lo hubiera hecho —dice—no estaríais aquí.

La frase cae como un jarro de agua fría.

Luna entrecierra los ojos. —A que te refieres.

Patrick mantiene la mirada. —En el punto en el que Marcos se quedó.

El silencio se rompe por dentro.

Valeria retrocede un paso. —explícate ahora mismo— le espeta con cara de pocos amigos. —Queremos saberlo todo.

Patrick asiente levemente, mirando alrededor como si midiera el espacio. Como si no fuera la primera vez que va a mantener esta conversación. —J.S. no es una persona —dice.

Luna no parpadea, está rígida como una estaca. —¿Entonces que es? ¿una unidad? ¿un departamento?

Patrick tarda un segundo en responder. —Un protocolo.

Silencio.

Lucía frunce el ceño. —¿Un protocolo?

—Una forma de actuar —continúa—. Cuando alguien accede a una información que no debería conocer, cuando detecta patrones, cuando empieza a hacer preguntas equivocadas…

Valeria niega lentamente. —Yo no lo llamaría un protocolo, más bien una limpieza.

Patrick no discute. —Llámalo como quieras.

Luna aprieta la mandíbula. —Y tú formas parte.

Esta vez no hay pausa. —Sí.

La respuesta es directa, sucia, e Irreversible.

Lucía se rompe por dentro. —¿Cuántos? —pregunta—. ¿A cuántos has…?

Patrick la corta. —No todos.

Eso la descoloca más. —¿Qué?

Patrick da otro paso acercándose más. —No todos los que firman quieren hacerlo —dice—. Pero el sistema no da opciones.

Valeria lo mira fijamente. —Siempre hay una opción.

Patrick esboza una sonrisa mínima. Triste —Eso creía él.

El mundo se detiene un segundo.

Lucía se queda sin aire. —Marcos… —susurra.

Patrick asiente. —Lo entendió antes de morir.

El silencio es profundo, doloroso.

—¿Qué es lo que entendió? —pregunta Luna.

Patrick clava los ojos en Lucía. —Que no estaba investigando un caso.

Las palabras caen despacio. —Estaba señalando al sistema que lo protegía.

Lucía se tambalea, le tiemblan las manos. —No…

—Encontró las firmas —continúa Patrick—. Diferentes operaciones, diferentes nombres. Y el mismo patrón.

Valeria da un paso hacia adelante. —J.S.

—Exacto.

Lucía niega con la cabeza en silencio. —Y… ¡Y por qué no lo paraste!

Ahora sí. Patrick duda. Un solo segundo, pero duda. —Porque no es posible pararlo —dice al fin—. Solo… retrasarlo.

Luna lo mira con desprecio. —Y tu decidiste usarnos.

Patrick no lo niega. —Necesitaba que alguien llegara hasta aquí sin levantar sospechas.

Valeria se queda helada. —Nos utilizaste.

—Os di las piezas —corrige él—. Vosotras hicisteis el resto.

Lucía aprieta los puños. —Mi hermano murió por esto.

Patrick la mira. Y en su expresión hay algo nuevo. El peso de la culpa. —Tu hermano murió porque no se detuvo —dice—. Igual que tú ahora.

Nadie se mueve, ni respira.

—¿Y ahora qué? —pregunta Luna.

Patrick las observa. —Ahora sabéis cómo funciona.

—Eso no es suficiente —dice Valeria.

—No —responde él—. Pero es el principio.

Lucia se aproxima tanto que casi rozan sus mejillas. —Dime una cosa —dice en voz baja—. Si volviera a pasar… si alguien más descubriera todo esto…

Patrick no se aparta. —Pasaría lo mismo. —Dice sin dudarlo, no lo suaviza, no miente.

Lucía cierra los ojos un segundo. Cuando los abre, ya no es la misma. Su expresión ha cambiado. —Entonces no ha terminado.

Patrick niega suavemente. —No. Nunca termina.

El ambiente se torna irrespirable.

Lucía asiente muy despacio. Y entonces dice. —Pues esta vez no vamos a detenernos.

Patrick la observa. Se ha quedado sin palabras.

El silencio se queda colgado entre los cuatro, muy denso.

—Entonces ¿estás seguro de que no se puede detener? —dice Lucía.

Patrick vuelve a negarlo. —No. Nunca.

Pero algo en la expresión de Luna cambia, muy leve. —Sí que termina —dice.

Patrick la mira. No la entiende.

Luna da un paso al frente. —Accede. —Le ordena con sequedad.

Patrick frunce el ceño. —¿Qué?

—Al sistema —dice ella, seca. —¡Ahora!

Valeria gira la cabeza hacia Luna. —¿Estás segura?

Luna no aparta la mirada de Patrick. —Sigue activo ¿verdad?… tiene que haber algo en curso.

Lucía lo entiende, ha interpretado la intención de Luna a la perfección. —Hazlo —dice.

Patrick se niega. —¡Estáis locas! No sabéis lo que me estáis pidiendo.

—Por supuesto que lo sabemos—responde.

El ambiente se carga aun estando en la intemperie.

Patrick las mira incrédulo, calculando. Le gustaría salir corriendo, pero sabe que es inútil, está acorralado no tiene salida y suspira como quien sabe que tiene la batalla perdida.

Se dirigen hacia la camioneta de Patrick, aparcada cerca de donde se encuentran. Las chicas saben que tiene en ella todo un sistema de ordenadores, desde donde opera cuando quiere estar en movimiento.

Al principio duda, las mira, ruega con la mirada, pero por toda respuesta, se encuentra que las miradas de las tres se dirigen al ordenador.

La orden es clara. Teclea rápido y preciso, sabe dónde va. Accede. —Esto no cambia nada —murmura girando la pantalla para que puedan verlo todo.

Aparece un registro. Lucía lo lee para sí misma, y seguidamente en voz baja —Fecha…—Traga saliva. —¡Ahora!

Valeria se queda rígida. —No…

Luna no parpadea. —Sigue.

Lucía le arrebata el ordenador portátil a Patrick y baja un poco más el cursor.

Sus ojos se detienen. Se le corta la respiración. —Objetivo… —No puede seguir, no termina la frase. No puede.

Valeria da un paso atrás, aunque no es consciente. —¿Quién?

Ninguno pronuncia el nombre, Lucía levanta la vista despacio mirando a Patrick. Él se mantiene mudo. En ocasiones no es preciso hablar.

Ahora es Luna la que coje de las manos de Lucía el ordenador, lee, una vez, dos, hasta tres veces.

Aprieta la mandíbula. —No es posible. Pero…si, así es. El nombre sigue ahí.

Valeria está negando sin voz, conmocionada. —Esto es una locura…

Las miradas no se apartan de la pantalla.

Ahora ya no hay dudas. Es real, está pasando, y está pasando ahora.

Entonces lo entienden. —Es un mecanismo. —Afirma Lucía.

Patrick no la mira, no mira a ninguna de las tres, se mantiene con la vista baja y en silencio.

Luna le devuelve el ordenador haciéndolo chocar contra su pecho, con fuerza. —¡Paralo!

Patrick no responde, no se mueve. —No —dice al fin.

A Luna le entran ganas de estrangularlo, pero Lucia la frena antes de que se abalance sobre él. —Bien, entonces no lo vamos a parar.

Valeria la mira confundida. —¿Qué?

Lucía da un paso adelante. —Lo vamos a destruir.

Las miradas son de extrañeza, aunque Luna tan perspicaz como siempre, sonríe con complicidad.

Valeria respira hondo, mira a una y a otra, lo ha entendido y asiente. La decisión está tomada no hay más que decir.

Patrick las observa, preocupado. Lucía se baja de la camioneta, y empieza a caminar. Se detiene un momento y le dice a Patrick. —Ultima oportunidad. ¡Cancela la orden!

—No puedo. —Su voz suena como la de los interrogatorios cuando uno dice la verdad, pero no le creen.

—Bien. Entonces llegaremos antes. — Y sigue caminando, seguida de sus compañeras.