El silencio de los nuestros Capítulo 26 Cara a cara
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Capítulo 26 Cara a cara

Luna lo está esperando en un banco del parque, bajo una farola que parpadea. Ha llegado antes de la hora deliberadamente, hace ya un rato que espera. No está nerviosa.

Cuando él aparece, lo mira sin sorpresa. La cita antes de sentarse junto a ella se detiene y la observa, con la distancia justa para poder verse las caras. No tiene prisa. No parece temer nada.

Luna no se mueve. —No estaba segura de sí vendrías. —Es lo primero que le dice

—Lo he pensado mucho, no sabía si debía hacerlo. —Llega con actitud tranquila, pero algo subido de tono, sintiéndose superior.

Él la mira de arriba abajo, en silencio, no disimula. —No deberías estar removiendo el pasado.

—Solo quiero saber que le ocurrió a mi hermano.

Él sonríe, no es más que un gesto. Ella se da cuenta.

—¿Qué quieres Luna?

—Ya te lo he dicho, saber que pasó realmente.

—Creí que había quedado claro que fue un operativo que salió mal —le responde secamente.

—¿Qué creíste? ¿Qué podría salir mal, cuando una persona se dirige después del trabajo a su casa, y nunca llegó? Y, además, no iba armado — Porque eres consciente de que no iba armado. ¿Verdad? — recalca.

Él le sostiene la mirada. —Fue mala suerte, estaba en el lugar equivocado —le responde.

—¡No me fastidies! tú le disparaste. — No le grita, simplemente se lo dice con todo el convencimiento. — Sabes que te digo, que me parece que el que estaba en el lugar equivocado, fuiste tú.

Su expresión cambia. —Esta acusación es muy grave.

—Recibiste una orden y hubo cambios. Tu no estabas donde deberías haber estado ¿verdad?

—No sé de qué estás hablando. —Se diría, que se le están bajando los humos.

—¿Se te ha olvidado que soy policía? No me subestimes.

El hace el amago de levantarse, ya tiene bastante, o eso es lo que dice su expresión. Pero no lo hace, no puede, Luna lo coge del brazo y lo sienta.

—El noveno agente —dice ella, sin levantar la voz. —El correo interno "Él no dirá nada". El seguimiento que me hicisteis hace dos días. —Luna decide sacar la artillería.

—Yo no te he seguido —susurra. —Su tono ha bajado un escalón.

—Puede que tu no, pero si alguien de la organización.

Lo tiene entre la espada y la pared, está petrificado.

—Escúchame. No lo entiendes. Alvaro no tenía que estar allí. Pero estaba. Y yo recibí una orden — se delata.

—¿Quien dio la orden?

—No puedo decírtelo —niega con la cabeza.

—No puedes o no quieres. Tú no querías matar a nadie. ¿Verdad? —El tono de Luna es amigable, aunque le cuesta. Pretende darle confianza.

Él no responde. Pero su silencio es más largo de lo necesario.

—Recibiste una orden —sigue ella—. Y la cumpliste. Como tantas otras veces. Pero luego descubriste lo que había detrás. Un informe manipulado. Un juez que acelera el cierre del caso. Un político manipulando a los medios. Y entendiste que no fue un error.

Habías sido utilizado.

Él traga saliva. —No sabes lo que dices.

—¿Seguro?

Luna mete la mano en el bolsillo y saca una antigua foto, es una foto sacada durante un acto después de un gran operativo conjunto con delitos informáticos.

Su hermano Alvaro fue uno de los informáticos que ayudaron a resolver el caso.

Y él unos de los integrantes del cuerpo que llevo a cabo las detenciones.

—¿La recuerdas?

Coge la foto de la mano de Luna, se coloca bajo la farola para verla bien. —Claro. Una gran operación —le dice devolviéndole la foto. —Hace mucho de esto ¿Que tiene que ver?

—Os conocíais desde el instituto, coincidisteis en este operativo, trabajasteis juntos. ¿Por qué él?

Él cierra los ojos un momento. Cuando los abre, la máscara ha desaparecido —no lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Recibí una orden. Punto. No pregunté. No sabía quién era el objetivo. Disparé. Cumplí las órdenes —repite cabizbajo.

–¿Era Alvaro el objetivo?

Hay algo en su mirada que Luna no sabe interpretar.

—No lo sé, de verdad que no lo sé. Quizá sí, quizá no. Lo único que sé, es que alguien movía los hilos y tomaba las decisiones.

—¿Quien?

—No puedo hablar, si lo hago estoy muerto.

—Ya lo estás.

—Es posible. —La mira con una sonrisa triste. —Tu hermano no se lo merecía.

A Luna le embarga una gran tristeza, se le humedecen los ojos, pero no deja que las lágrimas afloren. Se mantiene firme.

Gorka Archizabaleta, se apoya en el respaldo del banco con las piernas estiradas hacia delante, cuan largo es. —Solo te diré que tengas cuidado, no confíes en los que aparentemente te están ayudando en tus pesquisas.

Luna frunce el ceño. —¿Qué quieres decir?

Él la mira, se levanta sin decir nada más, y encamina sus pasos hacia la salida del parque. Se aleja sin mirar atrás, sospechando que no le queda mucho tiempo, todo saldrá a la luz. Esa sensación le acompaña mientras desaparece del campo de visión de Luna.

Ella, que esperaba sentir alivio con la verdad, por primera vez, siente que no es así.

Pesa todavía más.

Las inspectoras la están esperando inquietas, habían intentado seducirla para que no fuera sola, pero fue imposible convencerla.

Luna entra directamente al salón, se desploma sobre el sofá negro de piel, y sin dejar pasar ni un minuto se levanta de golpe…

—¿Todo bien? Lucía se le acerca preocupada. Ella la mira. Coge el rotulador sin responder, se acerca al panel y debajo del nombre del ejecutor “Gorka Archizabaleta”, escribe. “Recibió órdenes”?

Y una nota.

¡Ojo! no todos nos están ayudando, no todos están de nuestro lado.

—Valeria lee la frase en alto. —¿Y esto?

Luna las mira y tras explicarles lo ocurrido en el parque. —Alguien no es lo que parece. Dice pensativa.

—¿En quién estás pensando? Lucía está leyendo la mente de Luna. — ¿En Patrick?

—Pa-trick. —Luna asiente al tiempo que las dos silabas del nombre salen poco a poco por su boca.

La inspectora Castillo esta estupefacta. —¿Significa que Patrick no está en peligro?

Lucía cierra los ojos, no se lo puede creer. Las ha engañado desde el principio. No tienen pruebas, pero ahora mismo es el más sospechoso.

Cuando los abre, el panel ya no es un mapa de la investigación. Se ha convertido en una lista de posibles enemigos y ninguno lleva uniforme.