El silencio de los nuestros Capítulo 23 Lo que encaja
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Capítulo 23 Lo que encaja

Luna es la última en llegar, ella no puede organizar su tiempo como le gustaría, a pesar de que ya no es la novata ingenua, la que entró en la policía con una idea fija. La venganza. Es una mujer herida que ha decidido seguir el mismo camino que el inspector Castillo.

Las encuentra tomando un tente en pie rodeadas de papeles por todas partes.

Están en silencio concentradas. Ninguna es la primera en abordar lo último que Luna dijo la noche anterior. "Hay alguien que podría encajar."

Lucía no se ha podido sacar de la cabeza esa frase y decide hablar. —Nos lo vas a decir, o seguimos fingiendo que aquí ayer no pasó nada.

—No, no os diré nada hasta estar segura.

—Así, sin más. —Valeria no sabe si reír o cogerla por el cuello, la curiosidad la está matando.

—No quisiera equivocarme —le responde Luna con una mueca.

Valeria se levanta se sirve otra copa de vino, y se acerca a la ventana. Mira hacia la calle. No hay un alma. O eso parece. —El problema —dice sin girarse— no será que te equivoques, será acertar.

Por la mañana temprano, Lucía vuelve al archivo judicial. Está centrada en encontrar a la persona que dio las órdenes.

Revisa las declaraciones del político chulito Así lo han bautizado Repasa una y otra vez la rueda de prensa, se fija en todos los titulares que hagan referencia a este hombre. Y obtiene su recompensa.

Encuentra algo que no había visto antes.

En una de las muchas entrevistas, y un par de días después del operativo, y el triste suceso, alguien le hace una pregunta incomoda y el político responde:

“No permitiremos que se ponga en duda la labor de nuestras fuerzas de seguridad. Quien ose hacerlo, tendrá que asumir las consecuencias.”

Mas que una respuesta, es una amenaza en toda regla, eso piensa Lucía y cualquiera con un poco de sentido común.

Anota la fecha en su libreta, hace comparaciones y se da cuenta de que el cierre del expediente se realizó tres días después.

—Qué casualidad. —Murmura mientras escribe una nota al margen junto a la fecha. “Alguien tuvo que hablar con el juez mientras tanto”

Paralelamente Valeria continua con el rastro del dinero. Ha encontrado el nombre de la empresa pantalla que había mencionado a las chicas. “Alum Gestión”.

Detrás de esta empresa, está el testaferro que ya había encontrado con anterioridad, detrás de este, un despacho de abogados, y detrás, un nombre que aparece en tres contratos públicos firmados en la misma época.

El nombre es, el del jefe del gabinete político.

—Mira tú—Sonríe. —Nos volvemos a encontrar chulito… ¡Te tengo! ya no hay duda.

Pero no es tonta, y sabe que ha de ir con cuidado, no puede cantar victoria. Todavía.

—Esto es una pista —le dice a Lucía por teléfono. —Pero no es una prueba, no cantes victoria. — Y no lo hace.

—¿Se lo has dicho a Luna? —No, tú eres la primera en saberlo.

—No lo hagas todavía. —No sabemos quién nos vigila, pero sabemos que lo están haciendo. Y ahora mismo pueden estar al tanto de todos nuestros movimientos.

Luna, mientras tanto, tras mucho pensárselo, decide ir a visitar a la hermana de una antigua amiga. La del instituto. La que ahora tiene treinta años y vive en Gracia, en un piso pequeño, divorciada, con dos hijos y una hipoteca. Ella cree que se le pueden despejar algunas incógnitas.

La hermana la recibe con naturalidad. Hablan de todo y de nada. De la vida, del trabajo, de lo difícil que está todo.

Luna se interesa por su hermana, la familia en general llevando la conversación hacia donde a ella le interesa. — ¿Y tu hermano? —le pregunta — ¿sigue en el cuerpo? ¿cómo le va?

—Mi hermano sigue igual. Siempre tan callado. No sé cómo aguanta tantos años en la policía con ese carácter.

Luna sonríe. La tiene donde quería. —¿Nunca ha pensado en dejarlo?

—Una vez, hace unos diez años, algo pasó en una investigación, o como lo llamó…un operativo creo. Pero al final no lo dejó. Supongo que se acostumbró.

—¿Sabes que ocurrió? — Luna lo intenta.

La hermana se encoje de hombro. —No sabría decirte, no explicó gran cosa, nunca hablar sobre su trabajo.

Luna asiente. Decide no preguntar más. Aunque sospecha que ya tiene lo que ha ido a buscar.

A eso de las nueve salen a cenar, han de despejarse, no todo va a ser trabajar. Se proponen no hablar de trabajo. Y casi lo logran. Si casi, porque las inspectoras saben que algo está pasando con Luna.

—Bien Luna, escupe. —Valeria la increpa, no puede más. Luna esta tensa. En silencio durante toda la cena. Un silencio de lo más incómodo.

—Estoy casi segura de que el hermano de una antigua amiga que es del cuerpo, estuvo en el operativo.

—¿Casi? —pregunta Lucía.

—No del todo. Pero hoy visité a una de sus hermanas que vive en Barcelona, me ha dicho que hace diez años, él quiso dejar la policía a raíz de un operativo en la que algo pasó. No sabía más.

Valeria dubitativa. —Seguimos sin pruebas.

—Ya —admite Luna—. Pero es un hilo del que tirar.

—¿Sabes que podemos destrozar a esa familia verdad? — Lucía es muy clara.

—Lo sé, pero mi hermano no volverá. El suyo… quizá todavía pueda elegir.

En el centro del mural, junto al lugar reservado para el asesino, Lucía ha escrito un nombre. Tras las averiguaciones de Valeria, aunque con cautela, lo empiezan a tener claro.

J.M. Vila. Político chulito (El apodo les da vidilla) y en el mismo post-it. Debajo del nombre ¿Dio la orden?

Valeria hace la pregunta del millón. —¿Creéis que Álvaro murió por error? O porque alguien necesitaba un muerto.

Las preguntas quedan en el aire. Hasta que tras largo rato Luna pregunta. —¿Para qué?

—Para tener un responsable o para qué no hubiese preguntas. —Le responde Lucía.

Luna no tiene fuerzas ni para pestañear. —Y mi hermano era el único que no podía defenderse.

Casi de madrugada, el móvil de Lucía vibra.

Mensaje de Patrick:

"Me están rastreando. No voy a poder ayudaros más. Deshaceros de todo lo que os he enviado. Y cuidado con quién habláis. Saben lo que estáis buscando. Pero si seguís, mirad los registros de la semana anterior al operativo.”

Lucía lee el mensaje en un susurro. Están las tres tiradas en el sofá. Luna, agotada, se ha quedado dormida, y ellas dos siguen dándole vueltas al magín.

Valeria aprieta los labios. Luna se despierta. —¿Y ahora qué? —Luna está ansiosa.

Lucía apaga el móvil. —Tenemos dos opciones, actuar como si nada, como si no supiéramos que nos vigilan. Al fin y al cabo, hace días que lo sospechamos.

O dejarlo aquí.

—Es arriesgado, pero estamos muy cerca. —Valeria lo tiene claro.

—Aquí no solo se trata de saber quién mato a tu hermano, Luna. También descubriremos quien mató a Marcos y a mi compañero Zacarias. Las tres hemos perdido a alguien.

No hay más que hablar. Van a por todas.

Ninguna puede dormir. En el mural, las flechas apuntan al centro, pero ya no está tan vacío.

Y por primera vez, saben que el siguiente paso no será encontrar una prueba. Será sobrevivir a ella.