El silencio de los nuestros Capítulo 19 La máquina
61%

Capítulo 19 La máquina

Lunes a primera hora, sin tiempo ni para tomar un café, lo primero que les ataca es un sobre cerrado con sello de asuntos internos depositado en sus taquillas.

No hay mensaje previo. No hay aviso. Es un documento administrativo con sabor amargo.

Lucía lee la citación tres veces. Como si en alguna de ellas las palabras fueran a cambiar. Valeria a su lado sostiene el mismo sobre.

—¿Tú también?

—También.

—¿Luna?

—Ni idea.

No hay nadie en el pasillo, pero ellas saben que las están observando.

Es una sala pequeña, sin ventanas, con una mesa larga y seis sillas de plástico negro que huelen a desinfectante barato.

Ellas llegan primero. Luego dos miembros de la Unidad de Coordinación Interna que no se presentan. Y, por último, el comisario Javier Salcedo.

Luna no ha sido citada, al fin y al cabo, no es más que una novata, solo está en el cuerpo para cumplir órdenes. O parece que así lo ha interpretado la comisión.

Salcedo se sienta en la cabecera, como un observador neutral. Lucia lo observa. Él no la mira.

—La auditoría técnica del sistema se cerró sin incidencias —dice el funcionario sin más preámbulos. Pero se ha recibido una notificación interna sobre accesos irregulares que obliga a revisar el caso.

Por tanto, se ha abierto un expediente por accesos no autorizados a documentación clasificada —dice uno de los de la UCI. —Concretamente, al archivo “Álvaro Ferrer”, caso 09/GIP, y a los registros vinculados con la clave “MC-0912”.

Lucía mantiene el tipo. Pero no se muerde la lengua. —Esos accesos se realizaron en el marco de una investigación abierta.

—¿Qué investigación? —Le pregunta el otro funcionario sin expresión alguna

—La que dejó el Inspector Marcos Castillo antes de morir.

El de la UCI consulta un papel. —Marcos Castillo no dejó ninguna investigación abierta. Su caso fue cerrado por fallecimiento.

—Eso no es cierto —Lucia se controla, no eleva la voz, pero lo que le gustaría en este momento es escañar a ese imbécil de asuntos internos.

—Es lo que consta.

Las dos se miran sin disimulo… Sus miradas expresan claramente. “O lo que ustedes han hecho constar”

El otro miembro de la UCI carraspea. Se diría que las ha interpretado a la perfección. Y no vacila al anunciar. —Se propone apartarlas cautelarmente y la suspensión de sus credenciales de acceso. También la apertura de un expediente disciplinario.

Lucía mira a Salcedo. Él sigue sin mirarla. No se mueve. No dice nada.

—¿Alguna alegación? —pregunta el que parece llevar la voz cantante.

Valeria va a decir algo, pero Salcedo la interrumpe. No con mala intención, solo anticipándose.

—El archivo Ferrer —dice. —¿Consta como clasificado?

El de la UCI frunce el ceño. —Es un archivo interno—le responde.

—No es lo que le estoy preguntando. ¿Consta como clasificado? ¿Tiene sello? ¿Nivel de acceso restringido? —Salcedo se muestra tajante.

Pausa incomoda.

El funcionario se delata descolocado y consulta sus papeles. —En la carátula no figura restricción expresa.

—Entonces no es un acceso no autorizado. ¿No cree? Es una consulta ordinaria. Afirma Salcedo. El comisario satisfecho se vuelve a callar sin mirar a nadie.

Pero Lucía lo ha entendido. Una pregunta técnica, una grieta. No como defensa, más bien un desvío.

Los de asuntos internos proponen un receso de diez minutos.

En el pasillo, nadie habla. Valeria se apoya en la pared con los brazos cruzados. Y Lucía no puede estarse quieta. Camina de un lado a otro.

Aparece Salcedo. Solo, al otro lado del pasillo. No se acerca. Pero esta vez si la mira, un instante, un breve e intenso instante. Luego se da la vuelta y entra en el despacho de la UCI.

Lucía se queda quieta.

Valeria se acerca. —¿Qué ha sido eso?

—No tengo ni idea.

—Menuda mirada.

—Sí.

—¿Y?

Lucía niega despacio. —No sé, será porque todavía siente algo por mí, o porque quiere que salgamos airosas de esto. —Le confiesa.

Valeria tarda en responder. —A veces es lo mismo.

Cuando vuelven a entrar, el de la UCI carraspea otra vez. Ya le sale solo.

Sin preámbulos. —Tras revisar la naturaleza del archivo, se determina que no procede el cese de momento. No obstante, se abrirá una investigación interna para determinar si hubo desviación de funciones en el uso de credenciales.

—¿Eso significa…? —pregunta Valeria.

—Que pueden seguir trabajando. Pero sus accesos quedarán registrados en una lista de supervisión prioritaria.

Salcedo no ha vuelto a aparecer. Se esfumó durante el receso.

Salen de la sala con un sabor amargo. No saben si han ganado, o si las han dejado ganar. Pero prefieren verlo como una pequeña victoria.

Las Inspectora dan la mañana por terminada. Ya han tenido suficiente por un día y tienen que procesar lo ocurrido.

En el coche las dos se quedan en silencio. En el momento en el que están a punto de partir, aparece Luna sin resuello, ha bajo las escaleras de tres en tres.

Asomándose a la ventanilla del coche —¿qué ha pasado? ¿os han citado de asuntos internos? — Está visiblemente afectada y asustada. Parece que se va a poner a llorar.

Valeria pone una mano en su hombro —tranquila no ha ido tan mal. Vuelve al trabajo, y mantén un perfil bajo.

Lucía mira hacia otro lado, esta pensativa, cuando ve a Salcedo cruzando el aparcamiento. Solo. Con las manos en los bolsillos. Con paso lento. No se gira. No la busca.

Pero ella sabe, que él sabe, que ella lo está mirando.

Y por primera vez, Lucía se pregunta; ¿Qué precio está pagando por protegernos? O quizá… ¿por protegerme a mí? ¿Y quién se lo va a cobrar?