Capítulo 18 La mano invisible
Amanece. Lucía no ha dormido en la cama de su hermano. Ha dormido “En” casa de Marcos, que no es lo mismo. En el sofá, envuelta en la manta que aún huele a él, anoche sintió la necesidad de su proximidad y era la única forma de lograrlo.
Valeria la encuentra allí, con los ojos abiertos, mirando al techo.
—¿Has podido dormir algo?
—No.
Valeria no la quiere importunar. Las dos saben que hoy no es un día para palabras de consuelo. Se va a hacer café.
El móvil de Lucía vibra sobre la mesa. No es un mensaje. Es una notificación del sistema.
"Auditoría interna finalizada. Sin incidencias."
—Valeria le acerca el teléfono, pero no puede por menos que mirar. Las dos lo leen a la vez. Lucía se incorpora de un salto.
Se miran extrañadas.
—¿Sin incidencias? —Valeria frunce el ceño.
—Pero si Patrick nos dijo que habían saltado las alertas. Y Luque también.
Lucía sostiene el móvil un instante más. Y lo deja, como si le estuviera quemando.
—¡Lo han borrado!
Sin pensarlo dos veces, Valeria le dice —llama a Patrick —no contesta.
Lo intentan otra vez. Nada.
Valeria consulta los registros internos con las credenciales que aún funcionan. Los accesos de Luna, los suyos propios, los de Lucía.
Todo parece en orden. Muy en orden —mira esto —dice Valeria señalando la fecha de la última revisión del archivo de Álvaro Ferrer.
—La que hizo Luna. Ha sido modificada. Pero no el contenido.
El “registro de acceso”. Ahora pone que fue consultado una sola vez. Por Luna. Hoy.
Las dos veces anteriores “las de Marcos” han desaparecido. —
Lucía se queda muy quieta. —Esto no lo hace un sistema automático.
—No. Esto lo ha tenido que hacer alguien con permisos. —Valeria no sale de su asombro.
—Sí. ¿Y con ganas de proteger a alguien? — concluye Lucia.
Valeria no responde. Pero sus ojos preguntan; O ¿de protegernos a nosotras?
Aunque no han hablado hasta ahora a las claras, las inspectoras están seguras y no se equivocan con Zamora. Saben que está al tanto de todo.
Los comentarios, las miradas…todo muy sospechoso.
Deciden quedar con él en un sitio que Castillo y Zamora conocen bien. El mismo aparcamiento, la misma hora extraña, de cuando quedaba con Marcos. Lucía estaba al tanto. No se sorprende.
Él llega tarde. No pide disculpas.
—Os han limpiado el rastro —dice nada más sentarse en la parte trasera del coche de Lucía.
—Ya lo sabemos —responde Lucía.
—¿sabéis quién?
—¿Tú sí? Zamora duda. Es una duda rara. Respetuosa. —Hay alguien ahí dentro que no quiere que os señalen. Pero tampoco quiere que sigáis.
—Eso no tiene sentido —dice Valeria.
—Claro que lo tiene. Quiere controlar hasta dónde llegáis. Ni más allá, ni más aquí.
Lucía lo mira fijamente.
Si lo sabes, dínoslo, merecemos saberlo.
—¿Salcedo? —A Lucía le ha venido el nombre de golpe, pero en realidad no lo dice convencida.
Zamora no responde. Pero su silencio es más largo de lo necesario.
—No digo que no —susurra al final. — Pero tampoco digo que sí.
Y se va.
—Muy su estilo. —Le comenta Lucía a Valeria. Ni si, ni no, ni blanco, ni negro.
Eso le molesta. Siempre lo hizo.
Por la tarde, Luna aparece en el piso. Tiene los ojos rojos. Ha estado llorando.
—He estado pensando —dice.
—Dime.
—Mi hermano… ¿vosotras creéis que Marcos llegó a saber algo?
Lucía la mira. Quiere protegerla. Pero ya no puede.
—Sí—Le responde Lucía algo seca.
Luna asiente. En el fondo ya conocía la respuesta.
—Entonces él no murió por casualidad.
—No —Valeria le confirma sus sospechas.
—Y yo… yo os he estado poniendo en peligro —Luna esta visiblemente afectada, por nada del mundo se esperaba esto.
Y mucho menos pretendía perjudicar a las inspectoras. Se le saltan las lágrimas.
Lucía se levanta. Ahora sí. La abraza.
—Tú no sabías nada Luna. Pero ahora sí. Ahora estamos las tres en este tren.
Luna la mira. —¿Y eso basta?
Lucía mira a Valeria, ninguna de las dos responde. Porque no conocen la respuesta.
Por la noche, Valeria recuerda que Patrick, antes de desaparecer del mapa, pues siguen sin dar con él, les había hablado de un sistema de copias de seguridad automáticas. No oficiales. Algo que montó él mismo después de lo de Marcos. "Por si acaso".
Tarda un buen rato en encontrar el acceso. Pero lo encuentra.
Dentro, entre archivos cifrados, hay una carpeta con fecha de anoche. La misma noche en que la auditoría se cerró "sin incidencias".
La abren.
Dentro, una captura de pantalla. Es el registro de accesos original. El de verdad. El que alguien borró.
Y ahí están:
Acceso de Marcos al archivo de Álvaro Ferrer (dos veces).
Acceso de Luna (ayer).
Y un dato más.
Una consulta realizada desde un terminal interno, con permisos de administrador, justo cinco minutos después de que Luna accediera al archivo.
El usuario no tiene nombre. Solo un código:” ADMIN01”.
Lucía lo mira. —Este es el que borró el rastro.
Valeria asiente. —Y el que nos está protegiendo, o vigilando.
— Quizás las dos cosas. —Valeria concluye.
—¿Cómo encontramos a ADMIN01?. — La inspectora Castillo mira a su compañera.
Valeria sonríe por primera vez en días. —No hace falta. Ya sabe dónde estamos.
Lucía se asoma a la ventana. La calle está vacía. O eso parece.
Sabe que alguien las observa. No sabe quién. No sabe desde dónde. Hace días que lo intuye, lo siente. No le asusta, más bien le da rabia. Cierra la cortina.
—Mañana seguiremos.
Valeria apaga el monitor.
De noche otra vez, con la certeza de que alguien, en algún lugar, sigue moviendo los hilos.