Capítulo 8 Filial
La mañana se presenta movidita, están decididas a descubrir lo que contiene “la carpeta azul” y desde luego quien la hizo desaparecer.
Están seguras de que el expediente desaparecido no es el único.
—Valeria, creo que vamos a tener que confiar en alguien en la comisaria, necesitamos un topo.
—¿Y seguro que ya has pensado en alguien? Le responde con cierta afirmación.
—Si, en Luna, la novata. Es una chica joven motivada y con ganas de ascender. La voy a tantear esta mañana.
–Me parece bien siempre que lo tengas completamente claro, pero ten cuidado, se prudente.
Yo he de quedar con Luque, acabo de recibir un mensaje, quiere vernos.
Lucía entra en la oficina y se da de bruces con la novata—Buenos días Luna.
—Hola Inspectora. ¿Como está? Es usted cara de ver. ¿Se reincorpora?
Luna tiene ganas de trabajar con ella, es algo que ha deseado desde que la destinaron a esta comisaria, pero las circunstancias no se han dado todavía.
—Si, pero si nos vamos a ver todos los días, por favor tutéame. ¿Te apetece un café?
—¡Claro! Pero la maquina no va demasiado bien.
—No importa, mejor en el bar de la esquina. Me gustaría hablar contigo si puedes escaparte.
—No creo que nadie note mi ausencia, están casi todos con un caso de drogas en el Carmel. Por aquí no cuentan mucho conmigo. Esto de ser la novata…
Lucia no quiere andarse con rodeos y va al grano sin explicar demasiado por el momento.
—Eso de que no cuentan contigo me gustaría que se acabara Luna. A mí me gustaría tu colaboración.
La cara de Luna es todo un poema. Entre ¡no me lo puedo creer! y ¿me estas tomando el pelo? Para ella La inspectora Lucía Castillo es un referente.
—Te necesito. —Le confiesa. — Pero has de saber que no será oficial, necesito confiar en ti, algo me dice que puedo hacerlo. Necesito que seas mis ojos y oídos dentro.
Lucía no se lo piensa dos veces y dispara.
Te voy a confesar algo importante, la inspectora Valeria y yo estamos investigando unas muertes y entre ellas la de mi hermano Marcos. Estamos seguras de que…
Luna la interrumpe.
—Si me lo permite…permites. Nunca me creí la versión oficial de su muerte, en ocasiones esporádicas me pedía alguna cosa, me daba algún retazo del caso que tenía entre manos, pero sin dejar ver demasiado.
Nada significativo, no te vayas a creer, era muy cauto.
Yo diría que investigaba algo extraoficialmente. Pero solo es una impresión.
Lucía sabe que no se está equivocando al confiar en ella.
—Gracias Luna, precisamente de eso se trata, de averiguar discretamente. Así que ¿Podemos contar contigo?
—Claro, para mi será un placer Lucía.
—Puede ser arriesgado, no te voy a mentir. Quizá te pida cosas que puedan ponerte en peligro.
Para Luna está todo claro, lo entiende. Acepta.
Es en este momento cuando Lucía aprovecha para sacar el tema “carpeta azul”
—¿Recuerdas si alguien estuvo hurgando en la mesa de Marcos después de su muerte? ¿Alguien que te llamara la atención? ¿viste una carpeta azul en posesión de Marcos? ¿O de otra persona? Piensa por favor.
Lo intenta. —No, sinceramente no recuerdo nada fuera de lo normal, nada que llamara mi atención.
—Si recordaras algo por nimio que te parezca, házmelo saber. Por cierto, ¿sabes si la nueva impresora guarda copias de los últimos meses?
—Me parece que sí, el comisario siempre está comentando que la tratemos con cariño, que es carísima y de última generación, imagino que tendrá esa función. Quieres que intente sacar copias de los últimos meses de Marcos entiendo. ¿no es así?
Lucía la mira complacida.
—Hay algo más. Necesito que entres en el ordenador del comisario, busca cualquier carpeta que te indique sospechas. Cualquier cosa. Y cópiala.
—¿Como voy a entrar en el ordenador del comisario Lucia? —Luna pone cara de susto, le extraña semejante petición.
—No se lo digas a nadie, pero yo tengo su clave. de algo tenía que servir el haber tenido una larga y estrecha relación piensa.
—Mejor no te pregunto.
—Mejor.
Las dos sonríen con complicidad.
—Tenme informada.
Lucia sube con ella. Va recoger las pertenencias de su hermano, algo que le está costando mucho.
De repente se encuentra delante de la mesa, con la típica caja, de esas que salen en las películas cuando alguien ha desaparecido o es despedido. Se sienta, le pesa el corazón, le oprime el pecho.
Pero no va a dejarse vencer, no, de eso nada. Ella es la Inspectora Castillo, tiene una reputación que mantener. Sonríe en su interior.
Este pensamiento la hace reaccionar. Recoge las pertenencias personales de su hermano y desaparece.
Valeria espera a Luque delante de la Catedral, está claro que no piensa repetir lugar de encuentro, cada cita es en un sitio distinto y cada vez más concurrido. Valeria no lo culpa.
—Que hay Víctor.
—¿Hoy vienes sola?
—Si, Lucia está con otra línea de investigación. —Me has dicho que tienes un nombre para mí. ¿Una Filial?
—De mantenimiento. —responde sin más.
—¿Nombre? — O es que hoy te lo tengo que sacar con sacacorchos.
—“Cronos Maintenance
Empresa especializada en mantenimiento integral de alto valor; Hoteles de Lujo: Limpieza de fachadas, mantenimiento de piscinas climatizadas, sistemas de climatización central.
Apartamentos Premium: Servicios de conserjería 24h, jardinería de terrazas, reparaciones de alta gama.
Museos y Patrimonio: "Climatización y control de humedad para obras de arte", limpieza especializada de vitrinas y salas, mantenimiento de sistemas de seguridad “perimetral”.
—Que interesante, nada mal para empezar. —Está más o menos satisfecha.
—Con esto estaréis ocupadas unos días. Y por favor no me apretéis más, estoy recopilando todo lo que puedo. Pero he de tener mucho cuidado. Darme tiempo.
Me he comprometido con vosotras y no os fallaré, además…
—Además qué.
—No, nada. Me gustaría mantenerme vivo.
—Te prometo que te vamos a cubrir Víctor, tu pórtate bien con nosotras y cumpliremos.
Luque no es tonto, sabe bien que lo que le acaba de entregar es precisamente para eso, para mantenerlo fuera del radar. Sabe que la idea es despistar a los de arriba, creerán que las inspectoras están perdiendo el tiempo, así estarán tranquilos.
—Pero no te relajes, necesitamos información de fiar con pruebas a ser posible.
Víctor Luque se limita a asentir y se esfuma.
Valeria no tarda en verlo claro. Van a crear una cortina financiera. Compleja. Aburrida y Lenta.
Luna se encuentra sola en la quinta planta de la comisaria, son las siete de la tarde y todo el mundo a desaparecido. El comisario Salcedo, no ha regresado y no se le espera.
Empieza por lo más peligroso de su misión, ahora es el momento. Como se suele decir, ahora o nunca.
Se asegura de que realmente no hay nadie, se acerca a los baños, nadie, ascensores, nadie, comprueba que están parados en la segunda planta, lo que le daría ventaja en caso de oír su puesta en marcha.
Prepara unas carpetas para disimular por lo que pueda pasar, también tiene el numero directo al despacho del comisario en marcación rápida, por si necesitase fingir haber asistido a una llamada insistente.
La clave la tiene en su cabeza, nunca se le ocurriría anotarla, no sería prudente y ella lo sabe.
Espera que el comisario no la haya cambiado, y así es.
No sabe muy bien que busca, pero tiene el pen drive a mano.
En ese mismo instante, le entra un mensaje.
— Inspectora Castillo; ¿todo bien?
—Luna Novata; Todo despejado, acabo de entrar en el ordenador de S.
—Inspectora Castillo; Ten cuidado. No te arriesgues.
—Luna Novata; OK.
Continua, abre la carpeta de documentos. Suspira.
—Hay un montón—comenta para sí.
Alterna la mirada entre el ordenador y la zona de ascensores, desde esa posición el comisario controla absolutamente todo, hasta ahora no lo había pensado. Lo registra mentalmente.
Entre todas las carpetas hay una que le llama la atención, la que tiene las siglas MC.
— Bingo. — dice muy bajito.
No pierde el tiempo en leerla. Copia. Se está arriesgando mucho.
La sobresalta un ruido; el ascensor.
—Joder que susto, la de la limpieza—se dice así misma.
Lucía le ha recalcado que no se fie ni de su sombra, entiende que eso implica también a los de la empresa de limpieza.
No tiene intención de arriesgarse de eso está segura.
Desconecta el pen que acaba de terminar la copia.
Apaga el ordenador, coge el auricular del teléfono justo cuando hace aparición el carrito empujado por una señora.
No es la misma que ella ha visto en alguna otra ocasión.
No le da demasiada importancia, estas empresas de servicios tienen mucha gente.
—No, el comisario no está, ¿quiere que le deje algún recado? Gracias a usted. —cuelga y sale del despacho del comisario.
—Buenas noches. La dejo con lo suyo, yo ya me marcho.
—Buenas noche a usted también agente.
La mujer no levanta la vista. Luna sostiene la mirada unos segundos más. No le da confianza. No por nada en particular.
—Será por la situación. —se dice a sí misma cuando recoge su bolso.
Entra en el ascensor con esa sensación pegada a la piel.