Capítulo 6 La trampa
Las inspectoras tienen demasiadas incógnitas sobre Luque y están decididas a despejarlas.
Quieren hacerle creer que ya no es un confidente en la sombra, sino una pieza visible de una investigación oficial.
Valeria le propone a Lucía.
—Creo que lo mejor sería hacerle creer que va a colaborar oficialmente. Deberíamos decirle que su nombre aparecerá en informes, que ya no será invisible.
A lo que pueden pasar dos cosas; si sigue colaborando será porque no tendrá opción, y si nos traiciona se quemará solito.
—Me gusta, sí. Puede funcionar.
Han de trabajar básicamente por la noche ya que, por las mañanas, intentan urdir el engaño para no crear sospechas en la comisaria.
Ha pasado una semana desde la supuesta incorporación de Valeria a la investigación, para ellas ha sido como una maratón, recopilación de información, búsqueda de datos para poder montar el plan B, aunque todavía no lo tienen del todo claro.
Además de tener que hacer acto de presencia en la comisaria para no levantar sospechas.
Y están seguras de que Javier Salcedo, el comisario, no tardará en empezar a pedir explicaciones.
—Bien, creo que ha llegado la hora de hacer una llamadita a nuestro amiguito Luque.
Lucía le acerca el teléfono a Valeria mientras está pensativa tirada en el sofá.
—¿Hola? Toc, toc.
—Luque…llamadita…
—Perdona, me había quedado pasmada.
—¿Dónde estabas?
Valeria va a decir algo, pero se arrepiente y coge el teléfono. —nada, nada. Voy.
Como de costumbre el confidente no responde. Pero lo hará. Y lo hace.
Tarda, las deja sin respuesta durante toda la noche.
A la mañana siguiente cuando se levantan a eso de las siete de la mañana, Valeria encuentra un mensaje.
Jardines de Mossén Costa i Llobera; sobre el puerto. Donde los cactus. A las tres de la tarde.
—¿Qué le pasa a este con los parques?
Es Lucía que mirando por encima del hombro de Valeria lee el mensaje.
Valeria no se molesta en responder, se limita a encogerse de hombros.
Jardines de Mossén Costa i Llobera. Tres de la tarde.
No se lo dicen de golpe.
Mantienen una corta conversación con él sin importancia, dándole algo de confianza, mientras se dirigen los tres a la entrada superior de los jardines, donde se encuentra la terraza Martínez.
Lucía es la primera en deslizarlo, de forma casual.
—Tu nombre va a aparecer en el informe.
Luque levanta la vista del café. —¡Cómo que va a aparecer!
—Tranquilo —interviene Valeria. Es algo interno. Preliminar.
Lucía no añade nada más. Deja que el silencio haga su trabajo.
Luque aprieta la taza entre las manos.
—¿Quién lo verá?
—Los de siempre —responde Lucía. — Tu identidad será conocida por un círculo más amplio de altos mandos, aunque se mantendrá en "estricta confidencialidad" dentro de la institución.
Eso ha sido peor que una amenaza. Luque ya no está escuchando. Ha entendido el mensaje.
Ya no será invisible. No le gusta nada, pero nada.
—¿Un círculo más amplio? ¡Altos mandos! significa comisarios, jefes de división... Gente que no pisa la calle, que da conferencias, que se relaciona con políticos.
¿Y su secretaria? ¿Y el informático que gestiona la base de datos? Cada persona que sabe es un agujero. Un agujero por el que se va mi vida. ¿En qué mundo vivís? En todos los cuerpos hay filtraciones.
Baja la ira, el miedo es palpable. Su mente está calculando a toda velocidad.
Mi nombre en un documento, por muy seguro que este…
—Tiene que haber otra manera. Un expediente aparte, solo en manos de vuestro jefe directo.
Su expresión es de puro pánico.
Las inspectoras se miran satisfechas. Pero no pueden dejarlo así, hay algo que podría ocurrir. Que desapareciera del mapa, algo que se le ha dado bastante bien hasta ahora.
—Entendemos tu preocupación, de verdad que sí, pero no sabemos cómo saltarnos las órdenes recibidas Víctor.
—Nos han pedido que te incluyamos como confidente oficial.
Lucía se hace la preocupada para que el confidente se crea que está de su parte.
—Aunque… ¿Qué te parece si nos tomamos unos días para organizar una estrategia para que eso no ocurra? ¿Qué opinas Valeria?
—Si, creo que sería un buen gesto por nuestra parte. Pero Víctor, necesitamos… No.
Queremos que nos des datos más certeros, que nos des un buen hilo del que tirar, y te prometo que haremos todo lo posible e imposible para que sigas siendo invisible.
También sería un buen gesto por tu parte, ¿no?
Luque vive en dos mundos y su seguridad depende de que uno de ellos, “la policía” mantenga una barrera hermética. Al debilitarla, no solo siente que su vida está en mayor peligro, sino que el fundamento de la confianza y el contrato no escrito se ha roto.
Su reacción es una mezcla de pánico controlado.
—Vale, ok. Dos días, y nos volveremos a ver. Os mandaré la hora y la ubicación. Dos días chicas. No me la juguéis.
—No, Luque. —Lucía lo mira muy seria. — No nos la vayas a jugar tu. No se te ocurra desaparecer. Sabes que te encontraré. Y entonces no te gustará.
Luque se marcha despacio y pensativo. Su móvil vibra. Un número desconocido. No contesta. Mira hacia la puerta del bar.
Por primera vez, tiene claro que ya no es invisible.
Valeria detecta que algo pasa, no ha pasado desapercibido para ella el gesto de Luque, su mirada hacia la puerta y al móvil, y el hecho de haberlo ignorado.
Esto es información para ella que es una gran observadora. Tiene cada vez más material para confeccionar el perfil que le comentó a Lucía. O por lo menos hacerse una idea más clara de cómo puede reaccionar y actuar.
De camino a casa en el coche, comentan la jugada, están bastante satisfechas, pero ninguna de las dos es una primeriza en el tema, y no se quieren hacer demasiadas ilusiones.
No sería la primera vez que un confidente desaparece sin dejar rastro, aunque Lucía le haya soltado una amenaza en toda regla.
—¿Crees que nos contactará? Lucía tiene dudas de haber sido algo ruda con él.
—Lo hará.
—¿Como estas tan segura?
—Porque le vi el miedo en los ojos, no lo había visto así nunca. Ni cuándo tu hermano lo amenazaba con acabar con él.
—Siempre se mostró muy seguro, y hoy ha vacilado. Tiene miedo.
—Has hecho tu papel a la perfección.
Lucía entiende que ha dado en el blanco.