El silencio de los nuestros Capítulo 5 El confidente
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Capítulo 5 El confidente

A las dos de la madrugada, las inspectoras hace ya un rato que están en el parque de la Ciutadella esperando para encontrarse con su confidente.

El parque suele estar cerrado a estas horas, pero las inspectoras por su condición, han encontrado la manera de acceder, lo que desconocen es como se las arreglará Luque para colarse. Aunque para ser sinceras ni se extrañan, ni les preocupa.

El cielo está claro y la luna se refleja sobre el lago. La brisa nocturna, sacude lentamente los árboles centenarios causando un leve susurro en el ambiente, secundado por el agua de la cascada.

Valeria está ensimismada con tanta belleza, cuando Lucia rompe todo el encanto.

—¿Como es? Le pregunta mientras mira hacia todas las direcciones.

—De apariencia discreta. — le responde volviendo a la realidad. — suele ir con traje mal planchado, gafas de pasta, castaño, mal peinado, de estatura mediade, unos cincuenta.

—¿Como el que viene por ahí?

—El mismo.

—Inspectoras.

—Luque. Que tienes para nosotras.

—Directamente al grano, sin un hola como estás…sin anestesia.

—Luque, que nos conocemos. — La inspectora Fortea no le va a seguir el juego.

Luque esta algo nervioso. Tiene miedo, pero no pide protección. Este detalle no les pasa desapercibido.

¿Estará protegido por alguien? Toman nota.

—Caminemos. —propone Luque.

—Habla. —Lucia no muestra ni un ápice de amabilidad.

—Se cosas. Pero no tengo pruebas. Se trata de empresas espejo en paraísos fiscales. Sobornos a auditores para limpiar informes. Lo único que sé, es que uno de los nombres clave es “Flores”.

Tenía una lista de doce auditores comprados, pero me di cuenta de que me seguían y la quemé.

Hay empresas en Panamá. Luxemburgo y Singapur. Lo que si recuerdo es el nombre que encabezaba esa lista. “Proyecto Manto”

También sé que blanqueaban dinero con obras de arte sobrevaloradas y lo revendían entre sus empresas.

—Como sabes todo esto. —lo interrumpe Valeria.

—En una ocasión me colé en una subasta falsa en Ginebra, en 2023.

Se queda pensativo.

—En aquel entonces no tenía que esconderme.

Lucía piensa que está dando datos vagos, o contradictorios. Quizá las esté probando antes de informar, o las esté desinformando.

¿Porque querría ayudar ahora? Se hizo el nervioso al verlas, pero ahora está demasiado tranquilo para alguien que está arriesgándose.

No puede por menos que pensar ¿será una trampa?

Toma nota mental de todas sus dudas.

Lucía intenta presionarlo para que suelte algo más. —Que puedes decirnos de las víctimas del rio. Han de estar relacionadas, no creemos en las casualidades y disponemos información de sus identidades.

Sabemos que no eres el cerebro, pero si el que mejor conocía a las víctimas

Se tira un farol

¿De verdad quieres que sus familias piensen que no hiciste nada?

Luque cambia de expresión.

—No… yo…

Titubea.

—Solo sé que era un financiero, y algún accionista menor de alguna empresa.

También descubrieron a un infiltrado de la policía. Pero yo creo que lo delataron. Escuche que simularon un suicidio.

Habla del inspector Bueno. Las inspectoras no tienen ninguna duda, y están seguras de que sabe mucho más de lo que quiere dejar ver.

A Valeria no le sorprende la confesión de Luque, pero siempre es duro. Tiene que aguantar el tipo.

Zacarias Bueno, fue como su nombre indica.

—¿Y el asesinato del inspector Castillo? Me vas a decir que pasó y quien lo mató o te lo tengo que sacar yo.

—Inspectora Castillo, déjeme a mí.

Valeria se aproxima a Luque. —Víctor. —Lo llama por su nombre para crear más acercamiento. — Te conviene darnos algo consistente.

—Les juro que no sé quién mató al inspector Castillo. Lo juro.

Luque se quiebra.

Pero si puedo decir que hubo una mujer…la llamaban “La contable”. Ella limpiaba los números y hacía otros trabajos.

Son las cuatro de la madrugada cuando deciden que lo van a dejar ir, no sin antes exigirle que ha de estar disponible sin demora en cuanto lo llamen.

Luque se despide jurando que no les va a fallar.

No están satisfechas, no.

Pero ahora tienen algo más, y están seguras de que Luque sabe mucho, mucho más.

Tienen que hacer investigaciones sobre él, y sobre lo que les ha contado. Realmente la información ha sido velada. Pero para un primer contacto sirve.

—Lucía, supongo que seguimos estando de acuerdo en llevar todo esto en absoluto secreto. Por lo menos hasta saber que es todo este galimatías.

—Supones bien, hemos de llevar dos investigaciones paralelas, una cara a los superiores y otra aquí, en casa, para nosotras.

—Quiero hacerte una pregunta algo personal, pero no sé cómo te lo vas a tomar. Comenta Valeria.

—Pregunta y lo comprobarás. — no lo dice con acritud. Lo dice hasta con dulzura.

—Ahí va. ¿Que hay entre el comisario y tú?

—Ja, ja, estabas tardando. Con Javier no hay nada de nada.

—Pero…

—Pero sí, lo hubo.

—Fuimos algo, si te digo la verdad, no estoy muy segura de que fue. Hubo sexo, buen sexo, por cierto, pero ahora mismo no se si puedo confiar en él. Siempre he pensado que es noble y un gran profesional. O eso creía.

Todo el mundo puede cambiar. Y sinceramente me gustaría equivocarme.

—Me dejas más tranquila, mejor no confiar en nadie. De momento.

Y cambiando de tema. —¿Qué opinas de Luque? Pegunta Valeria.

—No me fio, hay algo en él… no sabría decirte. Creo que deberíamos ponerlo a prueba, quizá deberíamos preparar alguna prueba falsa para el próximo encuentro, o quizá ofrecerle lo que no sabe que necesita.

—A que te refieres.

—Pues asegurarle protección, aunque no la haya pedido, y asegurarle también que haremos desaparecer sus deudas con los usureros, a cambio de que nos dé información relacionada con las muertes. Que nos dé un hilo común entre las víctimas.

—¿Como sabes tú que tiene deudas con usureros?

—No me infravalores. Yo también tengo mis contactos. Ayer hice un par de llamadas, y accedí a los expedientes, donde consta como confidente. Pero hay algo que no acaba de cuadrarme.

—Que.

—No sabría decirte, es una sensación, un feeling, o más bien la falta de él.

—¿Pudiste sacar algo en claro de los expedientes?

—Ese es el problema.

—Luque aparece, poco, pero aparece. Aunque en ningún caso se deja clara su participación.

—¿Quien llevaba los casos?

—Eso es lo más extraño, la mayoría eran de Marcos.

Las inspectoras se miran, con esa mirada de extrañeza, esa mirada de no querer pensar lo que están pensando.

¿Quién utilizó a quién?

¿Llegarían a un trato Marcos y Luque, para disimular sus muchos encuentros?

¿Que sabe Luque que no quiere compartir con ellas? O por lo menos no todavía.

—Creo que tenemos que presionarle, tu idea de ponerlo a prueba, no es mala. —Le dice Valeria. — Pero antes deberíamos averiguar más sobre él, analizarle bien. No se me da mal analizar a la gente.

—Eres toda una caja de sorpresas.

Valeria le dedica un meneo de cejas.

Llegados a este punto, las inspectoras montan toda una sala de operativos en el salón del piso que fue de Marcos. Empiezan colocando post-it con interrogantes sobre anotaciones que han ido desarrollando después del primer encuentro con el confidente.

Y paralelamente se rebanan los sesos para encontrar la manera de disimular en la comisaria sobre el caso. Algo tienen que inventar.

—Que tenemos para el plan B. — Para Lucia es primordial solventar este punto.

Así llaman entre ellas a la pantomima que tienen que hacer cara a sus superiores. Valeria tiene un plan.

—Qué te parece si empezamos por falsificar las conversaciones con Luque, al fin y al cabo, que sepamos, es el único hilo del que tirar de momento.

—Me parece bien, pero antes tengo que contarte algo, no te lo dije porque me cogiste por sorpresa con la aparición en la comisaria como la niña mimada.

Como la gran inspectora de la capital.

—Lucia ¡por favor!

—Si, si, lo sé. Lo siento. Pero tienes que entenderme.

—Bien, dime.

—Antes de que llegaras, ese día, fui a mi mesa a… bueno en realidad no sé muy bien a qué.

El caso, es que, revolviendo entre mis carpetas y papeles para disimular, me encontré con una carpeta de un viejo caso cerrado, que debería haber archivado hace mucho; al abrirla, más por inercia que por otra cosa, me encontré una nota de mi hermano.

Valeria no la interrumpe, pero su cara lo dice todo.

—La nota mencionaba que, en el tercer cajón de su mesa, había una llave pegada con celo, y dentro del cajón, una carpeta azul.

Pero lo más inquietante, fue el aviso que me dejó. “Peligroso”. No te fíes de nadie.

—¿Y la carpeta? —Valeria estaba inquieta.

—Ahí está el problema Valeria.

—La carpeta no estaba.

—¿Que no estaba?

—No, y eso no es todo. En su lugar había una nota.

Por tu bien, no sigas

—¿Y me lo dices ahora? ¿La nota, la tiraste?

Lucía se queda pensando, ya que en este momento se da cuenta de que no tiró las notas como en un principio pensaba hacer.

—Tiene que estar en mi bolso, las estrujé para tirarlas en otro sitio, y se me olvidó.

Automáticamente se levanta como un resorte y rebuscando en su bolso las encuentra.

—Aquí están. Mira.

—¿Te suena la letra de la amenaza? —Valeria la mira esperando que así sea.

—No lo sé, ahora mismo no tengo ni idea.

Valeria lee la nota una y otra vez.

No se puede creer que alguien de la comisaria se haya expuesto tanto.

—¡Al mural Lucía!

Cuelgan las notas.

—Hemos de averiguar quién escribió esa nota, quien lo hizo sabía que ibas a husmear en la mesa de tu hermano.

Y lo que es peor. Tiene la carpeta azul.

Ahora las dos inspectoras tienen claro una cosa.

Marcos estaba siendo vigilado. De eso no tienen ninguna duda.

Y ellas están en verdadero peligro.