El silencio de los nuestros Capítulo 4 Desconfianzas y reproches
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Capítulo 4 Desconfianzas y reproches

En la sala de juntas de la comisaría, las miradas, los reproches y La desconfianza se puede cortar con un cuchillo.

—Me has traicionado y acabamos de empezar, como quieres que confíe. Podrías haberme hablado de tus planes. Te lo tenías muy callado.

—Que planes. — Valeria parece sorprendida.

—¿Cómo que… qué planes? ¡Sera posible! Has entrado en mi comisaria por la puerta grande con todos los de arriba dándote el beneplácito. La gran inspectora de la Capital. La que ha trabajado en casos… ¿cómo lo ha dicho? ¡Ah! sí. Con pocas pruebas.

Lucia le dedica una sonrisa burlona.

—Como si los demás hubiéramos tenido en cada caso las pruebas en la palma de la mano. ¡No me jodas! Valeria. ¡No me jodas!

—Bien, ¿ya te has desahogado? Te recuerdo que hemos de trabajar juntas. Y además por mucho que te resistas a admitirlo, nos necesitamos.

Así que, pongámonos manos a la obra, eres muy consciente de que jugamos con una gran ventaja. Tenemos información que nadie más tiene.

Te aseguro que me pareció la mejor estrategia para no levantar sospechas.

—Eso según quien. ¿Tu?

—Si, según yo. Y ahora que ya me has dicho lo que piensas, ¿trabajamos?

—No te voy a quitar el ojo de encima Valeria. No se te ocurra traicionarme o te las veras conmigo.

—¿Me estas amenazando?

—Quien, ¿yo? Para nada.

Lucía le dedica una mirada de las que entran hasta las entrañas.

Valeria no tiene ganas de entrar al trapo, ya que ha podido comprobar que, con Lucía, es inútil discutir.

—Pues bien, ya que esta todo claro, ¿empezamos? ¿Dónde está la información? —Le pregunta Valeria.

—Señalándose la cabeza le responde—aquí. No pensarás que me voy a pasear con los documentos por la comisaria sin saber en quien puedo confiar. La he guardado muy bien en otro lugar.

Totalmente mentira, pero Lucía desconfía y no piensa arriesgarse.

Valeria, levanta la mirada resignada. —Bien, yo también lo tengo todo registrado en mi cabeza.

Repasan lo que las dos conocen al dedillo de la investigación de Marcos y de Zacarias.

No toman notas, ya que, si hay algo que comparten, es la incógnita de saber en quien pueden o no confiar.

¿De quién pueden fiarse? Eso preocupa a las dos por igual.

—Hemos de empezar por encontrar a Víctor Luque y averiguar el fondo de todo esto. Estoy segura de que conoce esta trama más de lo que no imaginamos— comenta Lucía.

Valeria se queda pensativa.

—¿En qué estás pensando? —Valeria no reacciona.

—¡Valeria, caray! — Perdona, si perdona. Estoy empezado a pensar que Víctor, jugó con Marcos y conmigo.

Las inspectoras repasan el encuentro ocurrido entre ellos y el confidente, o el supuesto confidente.

En realidad, los dejó sin información. Todo se truncó con la muerte de los dos inspectores. ¿Cuánto sabría este tipo de todo lo ocurrido?

Por ahí era por donde tenían que empezar. De eso no cabía ninguna duda.

—Voy a intentar ponerme en contacto con Luque, tal como lo hacía en Madrid. No te garantizo que me contacte pronto, en ocasiones pasaban días.

Luque tiene un número de teléfono únicamente para Valeria, o tenía, esto está por ver.

Un número al que no contestaba nunca, pero si acababa enviando un mensaje para citarla.

Extrañamente ese día, el mensaje no tardó ni cinco minutos.

Te esperaba, has tardado.

Se que estas en Barcelon con la hermana del inspector Castillo.

A las dos de la madrugada en el parque de la Ciutadella.

Las dos solas o me iré.

Las inspectoras no salen de su asombro.

—Que pasa, ¿nos vigila? —comenta Lucia extrañada.

La tarde ha transcurrido sin que se dieran cuenta.

Por los cristales de la sala de juntas se ve el sol desaparecer entre los edificios. Un sol que invita a la melancolía, pero ninguna de las dos se lo puede permitir.

Cuando el reloj de una iglesia cercana marca las ocho, Lucía mira hacia la zona donde se encuentran las mesas de sus compañeros.

Están casi todas vacías.

Y le pregunta.

—¿Dónde vas a quedarte? tienes un piso o estas en un hotel.

—¿Ahora te preocupas por mí?

—No en absoluto es pura curiosidad. De todas formas, no quiero que luego digan en la Capital que los catalanes somos unos rancios.

No puede por menos que sonreír.

—Si te soy sincera, pensaba ir a un hotel hasta encontrar algo o pedir que me asignen un piso temporal. Mis cosas están abajo en consigna.

—Bien, te propongo algo.

—Ostras, así que va en serio lo de no quedar mal con la capital.

—Evidente.

No quiere admitir que en el fondo necesita a Valeria, y que realmente le gustaría confiar en ella al cien por cien.

Parece que Marcos lo hizo. Ella debería intentarlo.

—Tu dirás, soy todo oídos.

—Mientras dure la investigación, podríamos quedarnos en casa de Marcos. Creo que será más seguro para las dos, y nos facilitará el trabajo. Además, él no estaba empadronado en su piso, lo estaba en Begur como yo. Y no creo que mucha gente supiera donde vivía.

Y en el mío…

Deja la frase sin terminar. Valeria no pregunta, aunque algo sospecha.

—Me parece genial, pero… ¿estás dispuesta a confiar en mí? O me quieres cerca para controlarme.

Le dedica un guiño.

—Dependerá de ti, pero lo voy a intentar. Si mi hermano lo hizo, debería darte una oportunidad. Pero no…

—Si, si, ya sé, que no te falle o me matarás.

Y por primera vez desde que se conocen, se permiten reír.