Capítulo 3 El regreso
Lucía vuelve a la comisaría. Todo parece normal, aunque… su sensación es diferente, no lo tiene tan claro.
¿Estará paranoica? Se le pasa por la cabeza, pero está segura de que no.
Sus compañeros se acercan, le muestran sus condolencias. Algunas sinceras, otras… incómodas.
—Sentimos lo ocurrido Inspectora.
—Gracias cabo.
Lucía se da cuenta de que es observada. No por sus compañeros, o no por todos, en cualquier caso.
Al final del pasillo está el despacho del comisario. Javier Salcedo.
Desde su mesa puede verlo, de pie, mirándola… observándola. Demasiado para su gusto.
Quizá en otro tiempo no hubiera pensado igual.
El comisario le hace un gesto con la mano y la invita a acercarse.
Su sensación no es buena, y debería serlo. Siempre fueron cercanos. Pero Lucía no puede remediar sentir lo que siente.
—¿Cómo estás?
—Como voy a estar.
Javier cierra la puerta tras ella. —¿Te ves capacitada para trabajar?
—Por supuesto, ya me conoces. Sé aparcar los sentimientos.
Encuentra al comisario diferente. Su semblante no es el que ella conoce, hay algo en su mirada…
—Bien, pues… aunque sé que no te va a gustar, esta tarde se incorpora una inspectora que nos envían desde Madrid.
La manera en la que se lo comunica, no es a lo que Lucía está acostumbrada.
—¿Te pasa algo conmigo?
—No, por qué.
—Estas serio, estas como te lo diría… ¿antipático?
—Estoy como siempre, ¡que tontería!
A ella no la va a engañar, ya son muchos años trabajando juntos.
Y algo más…
—¿Me explicas para que necesitamos a una inspectora nueva? ¿A rey muerto rey puesto?
—No te lo tomes así. No es eso.
—Claro que es eso, Marcos es irremplazable. ¡Que te quede muy claro!
—Lucia por favor, me conoces, sabes…
—Te conocía Javier. Te conocía. Esto no me lo esperaba, no de ti.
—No soy yo el que ha tomado la decisión, la orden viene de arriba. Marcos estaba investigando algo, y por lo visto lo hacía extraoficialmente…
—¿Que estaba investigando por su cuenta? ¡tu alucinas ¡si hubiera sido así, yo lo hubiera sabido. ¿Qué pruebas tienen? ¿De dónde sacan esa idea?
Quizá su reacción es desmesurada, pero le ha salido así.
Llegados a este punto, Lucía que en un momento dado pensó que podría seguir confiando en él. Toma la difícil decisión de no hacerlo.
—Por mucho que te moleste, la inspectora Fortea, por orden de arriba investigará en que andaba Marcos metido.
—¿Fortea? —Sin mostrar ninguna reacción de sorpresa.
—Si, Valeria Fortea. Tiene muy buenas credenciales.
—Por mí, como si son de oro.
El cabreo de Lucía es descomunal. Pero lo peor, es lo que siente en este preciso instante. Valeria… Investigación de Marcos…
¿Habrá estado jugando con ella? ¿La habrá utilizado? Y no menos importante.
¿Cuánto sabe el comisario de todo esto?
—No me gusta, no. Pero sabes que por mi hermano haría cualquier cosa, antes y ahora. —le responde.
Lucía está realmente preocupada. Sus dudas sobre confiar en Valeria empiezan a tener fuerza.
La llevó a su casa de la playa. Abrió el escondite del cobertizo. Creyó en ella cuando le dijo que las investigaciones eran de los dos…
Tenía demasiadas preguntas.
—Me voy a mi mesa, cuando llegue la inspectora ya me avisarás.
No puede pensar, su mente es un torbellino.
Empieza a revolver papeles que están allí desde antes del fatídico día. Hace ver que está leyendo algo. Desde luego, no es el caso.
Abre uno de sus cajones, y toma un abultado expediente que la había tenido absorbida durante meses, hasta resolver quien era el violador de la joven de las Ramblas.
Tenía que haberlo archivado hace mucho.
Lo abre y lo primero que ve.
Un post-it. letra de Marcos.
“En mi mesa, en el tercer cajón.
Llave pegada con celo.
Carpeta azul.
Peligroso. “No te fíes de nadie.”
Mira en todas las direcciones. Se deshace de la nota deslizándola dentro de su bolso.
La tirará más tarde.
No allí.
Tiene que esperar a que se despeje la planta para poder ir a la que fue la mesa de su hermano.
Mira la hora en su móvil. Las doce y media del mediodía.
—Paciencia. —susurra.
Cuando considera que no va a levantar sospechas, se levanta de su sitio, observa despacio si queda alguien en la planta, o se han ido todos a comer. Camina despacio se acerca a la mesa de su hermano. Y por detrás.
—Lucía, ¿cómo está?
Luna una joven policía recién destinada a Barcelona acaba de cerrar la puerta de la sala de fotocopiadoras, para dirigirse a la primera mesa que vea vacía, No tiene mesa propia.
—Siento mucho lo ocurrido. —Le dice a Lucía cuando se encuentran de frente.
Lucía disimulando su sorpresa piensa La única que parece sincera
—Gracias Luna. Ahí vamos.
—¿Necesita algo?
—Solo voy a recoger cuatro cosas de Marcos. Todavía no han vaciado su mesa ¿verdad?
—No lo creo, si necesita algo, solo pídamelo.
Lucía le dedica una sincera sonrisa de agradecimiento. Luna vuelve a lo suyo.
Pasa la mano bajo la cajonera y allí está.
Introduce la llave en la cerradura indicada, y desliza el cajón asegurándose de que no tiene miradas indiscretas en la nuca.
¡Vacío!
En su lugar una nota. Por tu bien, no sigas
La decepción y la preocupación se transforman en una sensación única.
¿La estarán observando?
Ahora sí… todo le resulta peligroso.
El comisario se acerca a su mesa acompañado.
—Te presento a la inspectora Valeria Fortea.
—Encantada. Inspectora Castillo.
—Ni por un momento te imagines que podrás reemplazar al Inspector Castillo.
Le espeta sin mirarla a la cara.
—Valee… Ni por un momento te imagines que esa es mi intención. Solo cumplo órdenes.
Valeria tampoco se queda callada.
—Lucía por favor, me gustaría que aparcaras tus rencores y no culparas a la inspectora de todo lo que pasa en el mundo. — dice el comisario.
—Eso ya lo veremos.
Por toda respuesta, mirando fijamente a Javier Salcedo a los ojos, con una mirada desafiante que él conoce muy bien.
—Podéis pasar a mi despacho.
Fortea lo sigue.
El comisario se da la vuelta.
—Lucía.
—Si, Caray ya voy.
—Inspectoras, voy a ser sincero con vosotras.
—Los de arriba en un principio no estaban de acuerdo con que la inspectora Castillo estuviera en el caso, por razones obvias.
—Pero saben que en cuanto se enterara no iban a poder frenarla.
—Eso lo sabemos todos. — responde Lucia fríamente.
—Y, inspectora Fortea, no es la primera vez que te enfrentas a un caso complicado con tan pocas pruebas. ¿No es así?
—¿Y qué pruebas son esas? —La inspectora Castillo la reta mirándola a los ojos con cara de pocos amigos.
Está muy ansiosa por conocer que pormenores han llevado a los de arriba para querer investigar donde se había metido Marcos.
Por lo que, por otro lado, veladamente afirmaban que ese fue el motivo por el que su hermano ya no estaba entre los vivos…
—Estoy autorizado a comunicaros que existe un confidente de la policía de Madrid, que en ocasiones también ha trabajado para nosotros.
—Esta persona tiene pruebas según dice que el inspector Castillo, y el Inspector Bueno de Madrid, investigaban algo relacionado. Y…
—Los dos están muertos.
Ahora es Valeria la que habla.
—Por cierto, inspectora le doy mis condolencias.
Lucía se limita a asentir con la cabeza.
—Deberías saber, que la inspectora Fortea está aquí, no solo por su recorrido profesional. También fue compañera del Inspector Bueno.
Valeria baja la mirada, no quiere demostrar que recordar el fallecimiento de su compañero le causa un gran dolor. La apariencia ante un superior, para ella lo es todo.
—¿Puedo saber quién es el confidente? Lucia fría como un tempano sigue manteniendo su papel.
—La Inspectora te pondrá al día de todo. Podéis ocupar la sala de juntas.
Las dos se dirigen en silencio hacia la sala, en cuanto Lucia cierra la pueta se gira agresivamente. —Eres una gran actriz, ¿te lo han dicho alguna vez? —Está visiblemente cabreada.
Valeria levanta las manos, con las palmas hacia ella, señal de que no pretende pelear.
—Ahora mismo solo tengo ganas de cogerte del cuello.
¡Que te han asignado el caso! ¡Que hay un confidente…
! ¡Claro que hay un confidente! ¿Pero tú a que juegas?
¿Qué les has contado? Les has revelado lo que encontramos en la casa de la playa, no me cabe duda, si no, ¿a qué viene de repente tanto interés?
Lucia lo suelta todo sin respirar. Gesticulando como una posesa. Dejando salir toda su ira contra la inspectora.
—Frena, frena. No les he contado nada. Utilicé la baza de Víctor Luque para que me asignaran el caso. Y así poder investigar que pasó realmente. —En mi comisaria lo conocemos. Tranquila.
—De tranquila nada. No me fio ni de ti, ni de nadie en este momento. Quien me asegura que no has estado mintiéndome.
—Puedes confiar en mí, te lo aseguro.
—Ya te lo dije una vez. ¨Ya lo veremos¨.
—He confiado demasiado hasta ahora, pero no cometo el mismo error dos veces, yo también te lo aseguro.
Por el momento no menciona la nota y la desaparición de la carpeta que Marcos le había dejado. Y menos la amenaza encontrada en su lugar.
Lucía está más alerta que nunca.