El silencio de los justos Capítulo XIII
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Capítulo XIII

XIII

ASUNTO: Sobre la protección de judíos realizada por la legación de España en Budapest

Excmo. señor:

Con referencia a los telegramas relativos a la protección de israelitas húngaros, paso a informar de la manera en que dicha protección se ha llevado a la práctica.

Al iniciarse la gestión por esta legación de España para obtener el derecho a la protección de judíos, las autoridades húngaras, refractarias en principio a autorizar protecciones realizadas después del 15 de octubre, fecha del golpe de Estado, accedieron a conceder a esta representación un cupo de 100 personas.

Este cupo reducido fue ampliado con posterioridad, tras laboriosas gestiones, hasta 300 israelitas.

A estos se les proveyó de un pasaporte provisional, redactado en francés y de un formato totalmente distinto del de los pasaportes ordinarios.

En muchos de los pasaportes provisionales se incluyeron diversas personas de la misma familia, de lo que resulta que con un total de unos 235 pasaportes (de dicha clase) expedidos, quedaron protegidas 352 personas, cifra algo superior a la autorizada por este Ministerio de Asuntos Exteriores.

La protección realizada por esta legación no se ha limitado al número de israelitas señalado.

Aprovechando la confusión y anarquía reinantes en el país, esta representación, creyendo obrar en el sentido de las instrucciones recibidas, procedió a la expedición de un documento llamado «Carta de protección», en el que se hace constar que su titular tiene parientes en España y que se encuentra bajo nuestro amparo.

Dicho documento era, en principio, suficiente para evitar la deportación o internamiento de su titular.

Los beneficiarios de estas cartas de protección fueron 1.

898 israelitas, la mayor parte de los cuales se han salvado.

Existe en Budapest un número reducido de sefardíes, emigrados del antiguo Imperio otomano que han conservado su lengua española. A estos, cuyo número asciende a 45 personas, les fueron expedidos pasaportes ordinarios.

La razón de haber expedido dos clases distintas de pasaportes es la siguiente:

El gobierno húngaro decretó que todos los judíos protegidos por las legaciones debían ser internados en un gueto especial.

A estos efectos se acotó una zona de Budapest, situada en las proximidades del puente de Santa Margarita.

En ella se asignó un número determinado de inmuebles a las respectivas legaciones que tenían protegidos, en proporción a la cuota de judíos reconocida por las autoridades.

Como el número de judíos protegidos era en todos los casos notoriamente superior al permitido, resultó que las casas designadas para albergarlos eran insuficientes, con lo que se produjo un verdadero hacinamiento, origen de enfermedades e incomodidades, pero en todo caso preferible a la deportación o al campo de concentración.

Por otra parte, era del todo imposible conseguir que las autoridades húngaras reconociesen a los judíos protegidos como verdaderos españoles.

En estas condiciones y teniendo en cuenta la política tradicional de las autoridades españolas hacia los sefardíes, opté por proveerles de pasaportes ordinarios, salvándolos así del gueto.

La gran desproporción entre el número de judíos cuya protección había sido permitida y los que en la práctica se han salvado no pasó desapercibida a las autoridades, que en repetidas ocasiones me señalaron su intención de evacuar las casas españolas.

Para evitarlo, envié una nota al Ministerio de Asuntos Exteriores en la que expuse la tradicional política española con respecto a los sefardíes, que ha sido siempre respetada por los países europeos.

Por último, añadí que el propio gobierno alemán, en su calidad de potencia ocupante, a petición de las autoridades españolas, había respetado a los sefardíes, bajo la condición de que fueran transportados a territorio español.

Hice, además, notar la injusticia que supondría hacer una diferenciación de tipo cuantitativo, al permitirnos proteger a un número de personas y dejar indefensas a otras con idéntico derecho e iguales lazos con España.

Tengo la impresión de que esta argumentación ha producido una cierta impresión en el ministro de Asuntos Exteriores.

En todo caso, conseguí ganar tiempo y evitar, como ha ocurrido con un número significativo de judíos protegidos por Suecia y por Suiza, que los sacasen de las casas asignadas en el gueto y fuesen deportados.

Adjunto tengo la honra de elevar a manos de V. E. listas duplicadas de los judíos protegidos por la legación de España en Budapest, clasificados con arreglo a las categorías mencionadas.

Dios guarde a V. E. muchos años,

el encargado de negocios

Á NGEL S ANZ B RIZ

No releyó la nota antes de remitirla. A salvo en Suiza, seguía consultando el mapa que colgaba de la pared y cambiando la posición de los alfileres para reflejar los avances soviéticos.

Pensaba en los que había dejado atrás (madame Tournée, el abogado Farkas, Perlasca, todos) y, sobre todo, en los judíos del parque Szent István, de Villa Széchenyi y de los dos edificios de la legación.

Cuando caía la noche y se quedaba a solas con sus pensamientos, temía por ellos, ante el asedio que se les echaba encima y ansiaba, con todas sus fuerzas, haber hecho cuanto estaba en su mano para garantizar su protección.

Si dependía de él, enviado ya el informe, no volvería a hablar del tema con nadie más que con Adela, una sola vez y a modo de confidencia. Esas cosas se hacían con el corazón y no se contaban a nadie.