Capítulo XXI
XXI
Ángel Sanz Briz,
encargado de negocios en Budapest Al ministro de Asuntos Exteriores Jordana
Las injusticias y crueldades de las que son víctimas los habitantes judíos de este país han motivado la intervención de los representantes acreditados aquí del Santo Padre y del rey de Suecia.
El nuncio, quien ha protestado repetidamente por los métodos violentos usados contra los israelitas, envió el otro día una enérgica carta en nombre de Su Santidad el Papa a las autoridades locales.
Elevó su voz de protesta por las vejaciones sufridas por el gran número de católicos de origen hebreo y por los procedimientos inhumanos utilizados contra los judíos en general.
El rey de Suecia también mandó hace poco un mensaje personal a Horthy en el que sugiere que ejerza toda su influencia para impedir el constante maltrato a los miembros de esta raza.
Tengo constancia de que ambos mensajes afectaron profundamente al estado de ánimo del regente. Quizá por ello decidió emplear toda su energía y autoridad para prohibir nuevas deportaciones.
Sanz Briz cerró el despacho con la certeza de haber movido una pieza clave en la partida de ajedrez de la que había empezado a hacerse cargo.
Parecía que el Informe de Auschwitz ardiera en el primer cajón del escritorio para reclamar su atención; a su lado, la lista de cuarenta sefardíes le inspiraba idéntica premura.
El reloj, colgado en la pared, no se detenía.