Capítulo 66
Laura
L lego a mi apartamento. El olor a pan recién horneado y a especias me atrae como un imán. Raro, porque llevaba ya un tiempo en el que los olores un poco fuertes me daban ganas de vomitar.
Me dirijo a la cocina y lo veo ahí, con su físico imponente, su tez aceitunada y un paño de cocina al hombro.
—Hola, Hakim. ¿Qué tal todo?
—Bien, he estado trabajando en la habitación del bebé y luego he pensado que te gustaría algo especial para cenar.
—Me mimas demasiado —digo con sinceridad.
Y es la verdad. Hakim ha sido mi salvador y la persona que ha permanecido a mi lado todo este tiempo.
Se mudó a mi casa cuando salí del hospital y, desde entonces, compartimos piso.
Él ya no trabaja para Candela. Está en el paro. Pero entre los dos nos apañamos muy bien, y me viene genial su ayuda económica para pagar mi hipoteca cada mes.
No os equivoquéis, Hakim y yo no tenemos nada.
Aunque a veces pienso que no me importaría.
Ha sido un ángel de la guarda para mí y no puedo negar que me atrae muchísimo.
Precisamente, no hemos tenido nada todavía porque él no da el primer paso.
Es algo extraño, porque veo cómo me mira.
Sé que despierto algo en él, sentimientos y deseo.
La tensión sexual se nota muchísimo. Eso es lo que a veces dificulta la convivencia, sobre todo por las noches, cuando necesitaría unos brazos que rodearan mi cuerpo y una voz que me dijera al oído que todo va a ir bien.
—Siéntate —ordena mientras me dedica una perfecta sonrisa.
Hago lo propio. Él me pone delante una lasaña con una pinta espectacular.
—Guau, huele tan bien.
—Mejor sabe, ya verás.
Toma asiento frente a mí y me pregunta algo que me hace ponerme tensa al instante:
—¿Qué tal tu día?
—Bi-bien…
Agacho la cabeza y corto un trocito de lasaña, para luego llevármela a la boca. Está deliciosa.
—Está muy buena —digo con el fin de que se olvide de su pregunta.
—¿Ocurre algo?
—No, qué va…
—Te he visto muy nerviosa cuando te he preguntado por tu día.
—Ah, es que ha sido algo agobiante. He estado preguntando por unas ayudas para la creación literaria, pero hay que aportar mucho papeleo y ya se me ha pasado el plazo. Así que otra vez será.
—Ajá… ¿Eso quiere decir que no volverás a trabajar de ghostwriter ?
—Ni en broma. Ya he tenido bastante. Casi me cuesta la vida.
—Lo sé, tranquila, no te alteres —dice Hakim en tono suave, muy suave, mientras posa su mano sobre la mía y la acaricia.
Ese niño, niña o lo que sea no puede ser mío. Y no lo puede ser por el mero hecho de que soy estéril.
El recuerdo de las palabras de Gonzalo golpea mi mente con fuerza.
Ese tono de voz, tranquilizador a la vez que inquietante…
Lo escuché aquella vez en la que me encontré encerrada en mi habitación, cuando escribía el primer manuscrito para Candela y todo se complicó.
Cierro los ojos y niego con la cabeza.
—¿Qué te ocurre? Estás pálida. ¿Quieres que te acompañe a la cama? Te llevaré una manzanilla.
De pronto, los cuidados de Hakim me hacen sentir asfixia.
No he sido consciente hasta ahora de que no suelo estar sola.
Salgo, como lo hice hoy, pero Hakim suele acompañarme en la mayoría de las ocasiones y hoy se ofreció a hacerlo también.
Decliné con el pretexto de que me apetecía dar un paseo.
En realidad, quería ir a ver a Gonzalo sin darle explicaciones a mi compañero de piso.
—No te preocupes. Me siento un poco cansada, solo es eso. No hace falta que me hagas la infusión, tengo el estómago un poco revuelto. Me iré a la cama, si no te sabe mal que te deje solo con toda la comida rica que has preparado.
—No pasa nada. Ve, anda. Yo recogeré todo y guardaré lo que ha sobrado para mañana.
Asiento con la cabeza con una sonrisa tensa, que creo que no pasa inadvertida para Hakim, porque me mira con el ceño fruncido.
Me doy media vuelta para dirigirme a la habitación, y él posa su mano sobre mi hombro.
—¿Estás segura de que va todo bien?
—Sí, claro. ¿Por qué debería ir mal?
—Por nada, por nada. Solo es que estabas tan bien y de repente parecías… asustada.
—Ah, no, no. Tonterías, de verdad. Es este embarazo que me trae por la calle de la amargura. Menos mal que ya queda muy poquito.
—Sí, menos mal.
Me despido de Hakim con un beso en la mejilla. Aunque huele muy bien, por un perfume profundo que suele excitarme bastante, ahora en lo que menos pienso es en eso.
Solo tengo una cosa en la cabeza, una única cosa que no deja de dar vueltas:
¿Será Hakim el padre de mi hijo?