Capítulo 65
Laura
Siete meses después…
E s verano y hace un calor infernal. Camino por el pasillo detrás del funcionario. Llegamos al locutorio y tomo asiento.
Varios minutos después, se abre una puerta y entra. Está mucho más delgado y parece que le han caído varios años encima.
Me dedica una sonrisa de ojos tristes.
—Hola, Laura —dice con expresión derrotada.
—Hola, Gonzalo.
—¿Qué haces aquí?
—Necesitaba verte. Aclarar contigo varios asuntos y decirte algo que creo que debes saber.
—Pues tú dirás. Ya sabes que no tengo mucho tiempo.
—Lo sé, pero seré breve.
Gonzalo asiente con la cabeza, antes de decir:
—Estás muy guapa.
—Gracias.
Y sí, el embarazo me ha sentado bien. Mi vientre es enorme y tengo un pelazo que ya quisiera yo para toda la vida.
—Verás, Gonzalo, me gustaría que me explicaras qué ocurrió aquella noche. Por más vueltas que le doy al asunto, no consigo que me cuadre la versión de Candela.
Gonzalo sonríe con amargura y se encoge de hombros.
—Todo es cierto. Lo hice.
Abro los ojos, sorprendida.
—No me lo puedo creer —mascullo.
—A ver, no lo sé a ciencia cierta, ¿vale? Todos dicen que lo hice y mis huellas están en el cuchillo. Las mías y las de Petra, solo esas.
Entrecierro los ojos. No tiene claro lo que pasó porque estaba muy borracho aquella noche.
Pero yo escuché cómo se las gastaba cuando había abusado del alcohol, así que puede que sí hubiera intentado acabar con Candela.
Yo misma hubiera acabado con ella si no fuera por mi bebé.
No lo culpo, aunque me parece todo tan extraño…
—¿Recuerdas lo que ocurrió?
—Nada. La policía me encontró inconsciente con el cuchillo en la mano. Candela tenía varias heridas en los brazos y dijo que se las había hecho yo. Según ella, la había herido cuando esquivaba mis intentos de apuñalarla.
—Qué extraño…
—Eso mismo dije yo cuando me interrogaron. Pero era la palabra de Candela Rojo frente a la de un pringado. ¿A quién creyeron? Creo que aquí solo soy un peón más de la dichosa reina de corazones.
—Yo no creo que tú intentaras matar a Candela. Esa noche te vi…
—¿Sí?
—Me confundiste con una criatura del inframundo…
—Joder… Lo siento.
—Candela ya manipuló antes una escena de un crimen. ¿Sabes? Yo tenía una hermana, se llamaba Vero y era la autora de la primera novela que ella publicó.
»Desde entonces, se la ha pasado buscando la pluma de mi hermana en otras escritoras. Yo soy un claro ejemplo de ello.
—Es una desgraciada…
—Por eso tienes que luchar, intentar demostrar que ella lo manipuló todo. Yo la escuché decir que quería a mi bebé, Gonzalo, a nuestro bebé.
Gonzalo abre muchísimo los ojos.
—Laura, sobre eso…
—No hace falta que digas nada. Tendría que habértelo dicho hace mucho tiempo. Yo me haré cargo de mi hijo, pero creo que es justo que sepas que tú eres el padre del bebé que llevo dentro.
—Laura…
—Espera. Me gustaría ayudarte. Con el dinero que me pagó Candela para tenerme contenta, tras cancelar nuestro dichoso contrato, pagaré a un abogado, al mejor. Creo que eres inocente, solo una pieza más en el tablero macabro de Candela Rojo.
—Laura, ¡¿me quieres escuchar?!
—Es que me parece injusto…
—¡¡Cállate!! —exclama de pronto—, cállate y escúchame.
»Verás, Laura, el hijo que llevas dentro de ti es solo tuyo. Desconozco quién es el padre. Lo nuestro era algo meramente… carnal.
—Serás hijo de…
—Espera, joder. Ese niño, niña o lo que sea, no puede ser mío. Y no lo puede ser por el mero hecho de que soy estéril.
Las palabras de Gonzalo arrollan mis oídos como el peor de los vendavales.
—Pero no puede ser. Yo no estuve con nadie más, solo contigo.
Hasta llegué a pensar que estaba…, no importa.
Y Candela, ella también se quedó embarazada de ti.
He visto el bebé momificado que tiene y al que trata como si estuviera vivo.
Es más, pensé que me estaba volviendo loca, incluso pensé que se refería al perro.
Hasta que me topé de cara con la terrible verdad.
—No. Ni ese bebé ni el que llevas dentro son míos.
Es imposible. Soy estéril y lo supe el mismo día de la muerte de Petra.
El mismo que casi mueres tú también. Por eso no tengo claro si intenté o no matar a Candela.
Cuando salí de la clínica, estaba muy enfadado.
Es más, estaba furioso. Llamé a Candela, pero no contestó; llamé a Hakim y le dije barbaridades.
»Lo siguiente que hice fue meterme en un bar, y hasta ahí puedo leer. No me acuerdo de nada. Incluso conduje hasta la casa. Así que no puedo descartar mi culpabilidad.
—No entiendo nada. Es imposible.
El funcionario anuncia que ya se ha acabado el tiempo. Y no soy capaz, ni tan siquiera, de despedirme de Gonzalo. Estoy en shock .
Gonzalo pide al funcionario, por favor, que le deje un par de minutos. Él hombre accede a regañadientes.
—Por cierto, Laura, tienes razón.
—¿En qué?
—Candela quería a tu bebé. Ella misma me lo dijo. Es más, me envió a la habitación para que te preguntara por tu embarazo.
—Entonces, ¿cuando me pediste que me casara contigo…?
—Fue un impulso. Estaba tan agobiado con Candela y contigo todo era tan diferente…
—Conmigo ponías en práctica tus fantasías macabras… —suelto totalmente encabronada.
—No es exactamente así. Pero solo te diré una cosa, no soy un asesino.
Antes de permitirme responder, el funcionario coge a Gonzalo por el brazo y le ordena que se levante. Nuestro tiempo ha terminado.