Capítulo 44
Laura
N o consigo dormir. Mi cabeza es un hervidero de pensamientos circulares. Todos se apelotonan y no consigo pensar con claridad. Estoy muy nerviosa; eso no puede ser muy bueno para mi pequeño.
Es curioso, estoy llamando al hijo que crece en mi vientre igual que Candela llama a su perro. Ahora entiendo que algo debió ocurrir, que ella no consiguió ser madre junto a Gonzalo y acabó sustituyendo un bebé humano por su bonito caniche.
Mi perrito vuelve de nuevo a mi memoria, de vez en cuando aparece ese sentimiento de pérdida. Es como si, de pronto, regresara a la niñez y la herida todavía siguiera abierta.
Mi pensamiento salta a la conversación entre Gonzalo y Candela. ¿A qué se refería Gonzalo con que no iba a volver a hacerlo?
En fin, no quiero pensar más en ideas que son dañinas para el ser que crece dentro de mí. He leído en internet que es mejor estar tranquila, que la ansiedad no es la mejor compañera de embarazo.
Al final, caigo en un sueño tumultuoso y me sobresalto varias veces por la presencia de figuras en la habitación, figuras que no existen y han sido creadas por mi estado entre el sueño y la vigilia, pero que asustan muchísimo.
No sé qué hora es cuando despierto. No me molesto en vestirme y me siento en el escritorio. Abro el portátil y veo que tengo un email de Candela, aunque no me escribe desde su cuenta, sino de otra que no sé de quién es.
Buenos días, Lau:
He leído los primeros capítulos de mi obra y he de decirte que no están a la altura.
Se nota que escribes sin pasión y para salir del paso.
Te ruego que te pongas las pilas y empieces a escribir como es debido, de lo contrario, y muy a mi pesar, no me quedará más remedio que ponerlo en conocimiento de mi abogado.
No me gustaría que tuvieras que enfrentarte a las consecuencias de un incumplimiento de contrato.
Espero que no te siente mal, solo creo que debo avisarte para que luego no tengas problemas legales indeseados.
El correo tampoco lleva firma y, de inmediato, deduzco lo que puede estar ocurriendo. Candela no quiere mojarse en el hipotético caso de que a mí se me ocurriera denunciarla por acoso laboral o qué sé yo. Siempre podría decir que ella no envió ese correo, aunque la IP la delataría, así que…
«También podría decir que te lo escribiste a ti misma, alegar una enfermedad mental, etc. Hay personas que tiran balones fuera alegando locura ajena, para no reconocer que hay manchas en su ropa».
—Ufff… Hay veces que no entiendo lo qué dices, Vero.
Pero no vuelvo a escuchar la voz que se ha convertido en mi única compañía.
Candela tiene razón. En esta ocasión, estoy escribiendo como si fuera una máquina que narra sin sentirlo. Me he alejado tanto de este nuevo proyecto que quizá sea lo peor que he escrito en mi vida.
Además, la escritura fluye, aunque cuando lo releo me doy cuenta de que no es bueno.
Pensé que Candela ni se enteraría, que, con su incapacidad creativa, aceptaría cualquier cosa. Está visto que no.
Una idea cruza por mi mente… ¿Habrá sido Candela la que ha escrito este correo? Es el equivalente a los pósits que me encontré en dos ocasiones la vez anterior. Quizá no sea más que alguien intentando boicotearme, pero ¿quién?
No encuentro a nadie en esta casa, además de Candela, que tenga motivos para hacerme creer que soy la peor escritora sobre la faz de la tierra.
Gonzalo es lo que es: un donjuán con tendencias sexuales turbias.
Hakim es bueno conmigo, no sé, no lo veo escribiendo notas y correos dañinos.
Además, sería un tópico muy típico que fuera el mayordomo.
Definitivamente no. Petra…, no se me había ocurrido.
Me levanto de la cama con ímpetu y me dirijo a la silla donde he colgado la ropa del día anterior.
Por raro que parezca, no me la llené de vómito, solo el pobre Hakim se llevó la peor parte.
Busco la sudadera entre el montón desordenado de ropa y saco la comanda del bar de Feli donde ella apuntó lo que pedí.
Me llevo la mano a la boca y ahogo un grito cuando compruebo que la letra de esta es la misma que de la de los pósits que siempre pensé que Candela había escrito y pegado en mi ordenador.