Capítulo 43
V ero está sentada en una sala de interrogatorios en la comisaría de policía. Dos hombres, que se presentan con nombres que no consigue retener en la mente, le preguntan cosas, pero ella está totalmente en shock , ha sido traicionada por Marina del modo más vil.
Dos agentes de policía habían entrado en el lavabo, uno de ellos empuñaba un arma y la apuntaba directamente.
Su miedo la hizo levantar las manos. La engrilletaron.
Cuando la hicieron salir del lavabo, Marina estaba llorando abrazada a sus padres adoptivos.
Ellos la consolaban diciendo que todo iría bien, que la culpable de la muerte del pobre Daniel pagaría por ello.
—Marina…, tú —consiguió balbucir.
—Desgraciada, ¿cómo has podido hacerle eso a mi hermano? —dijo Marina indignada, antes de escupirle en el rostro.
Vero abrió mucho los ojos. Había sido culpa suya por buscar explicaciones.
Se había metido en la boca del lobo ella solita.
El momento perfecto; el sitio menos indicado.
Marina había urdido su plan con rapidez, un plan cutre.
Lo pensaba y se daba de hostias en la mente.
¿Cómo había permitido quedarse sola en el lavabo?
¿Cómo había sido tan tonta como para cargar la máquina de escribir y dejar sus huellas en ella?
Y lo peor, ¿por qué narices se puso a desnudar a Daniel para ganar tiempo? Es que era de traca.
Estaba tan enfadada consigo misma que, a las preguntas de los policías, solo contestaba una y otra vez: «Es mentira, mentira, mentira, mentira todo, una trampa».
Trató de explicar su versión, pero no la creyeron.
Además, el padre adoptivo de Marina era amigo de muchos políticos, así que tenía todas las de perder.
Encerrada…, encerrada. Un centro de internamiento para menores, pero con el ambiente de una cárcel.
Echaba de menos su casa, su cama, a sus padres y hermana.
El ruido constante de su cabeza la hizo caer en una espiral de pensamientos recurrentes que la llevó a perder la noción del tiempo y del espacio.
A los tres meses, fue diagnosticada con una depresión muy fuerte. Aconsejaron el internamiento en una institución de salud mental.
Pasaron los meses, y Vero cumplió los diecisiete en aquel lugar, donde poco a poco se había ido integrando.
Hasta había comenzado a escribir de nuevo y se encontraba menos perdida en la injusticia que habían cometido con ella.
La fecha de juicio se fijó para el mes de junio de 2007.
Había pasado un año desde que su vida se transformó en un infierno.
No vivió para poder defenderse, todavía faltaba el último golpe de gracia de su «amiga» Marina.