Capítulo 24
Candela
Mi venganza: por Laura Peña
Era una mocosa de once años cuando la chica más popular de la escuela, Marina Martínez, entró en mi vida.
Bueno, más bien en la vida de mi hermana Vero. En su honor escribo estas letras, porque los secretos silenciados merecen ver la luz, aunque sea dos décadas después de haberse guardado bajo llave.
Poco sabía de la tal Marina, solo que era muy guapa y algo altiva. Quizá demasiado desarrollada para su edad en contraste con mi hermana, en apariencia, más niña que ella. Y digo en apariencia porque, semanas después de que se hicieran amigas, Vero le quitó a Marina el cetro de reina del instituto.
Mi hermana cambió. La verdad es que nunca fuimos un ejemplo de unión.
Ella me llamaba enana; yo a ella gusano, por su manía de comer manzanas a todas horas.
Sin embargo, su comportamiento en general no era malo.
Al volverse popular, apareció la rebeldía, y, por un tiempo, trajo a mis padres de cabeza con sus ideas de bombero.
No llegaba a la hora a casa y, cuando lo hacía, le olía el aliento a alcohol y a tabaco.
Conoció a varios chicos en poco tiempo y le colgaron el cartel de chica fácil. Eso la hizo pensar y bajó marcha.
Justo en esa época, un día en el que yo estaba enferma y mi hermana me echó de la habitación para quedarse a solas con Marina, descubrí que esta no era de fiar.
Pues en un momento en el que mi hermana salió de la habitación porque mi madre acababa de llegar de trabajar y la llamó, yo me quedé espiando por la rendija de la puerta que Vero dejó abierta.
Lo que vi me dejó de piedra. Marina metió en su mochila varias libretas de mi hermana, libretas que yo había curioseado y que no eran otra cosa que su intento de novela, distribuida en varios cuadernos manuscritos con su pulcra y pequeña letra.
Aquello me indignó, sin embargo, al pensarlo con detenimiento, llegué a la conclusión de que mi hermana se lo tenía merecido por gilipollas y confiada. Así que no dije nada.
Poco sabía yo lo que ocurriría semanas después, y las consecuencias que traería mi silencio para mi familia…
No puede ser. Es una broma macabra. Este no era el manuscrito que yo le envié a Antonio, doy fe de que no lo era. Aquel empezaba con una presentación y hablaba de una acosadora, no de…
Mis lectores me observan con curiosidad, la sinopsis sí correspondía con lo que yo pensaba que debía leer. ¿Quizá sea una casualidad? ¿Estaré soñando?
Antonio me hace una señal para que prosiga la lectura del capítulo de una maldita vez.
Con el corazón a punto de salírseme del pecho, y entre tartamudeos, trato de hacerlo, pero no puedo.
De pronto, la veo. Me está observando sentada entre el público. Es ella, Laura… Laura Peña, la hermana de Verónica Peña, la chica que yo maté.