Capítulo 5
V ero salió de la biblioteca. Iba tan distraída que no fue consciente de quién la esperaba fuera para darle un susto de muerte. Faltaban un par de días para que terminara el curso.
De pronto, un estruendo ensordecedor la hizo dar un respingo. Daniel, un matón habitual, había hecho estallar un petardo.
—Ufff, qué susto —dijo ella con el corazón a punto del infarto.
—¿Es que no puedes hablar como las personas normales? Se dice: «Joder, me cago en la puta, qué susto».
—Yo no hablo así —respondió cabizbaja y siguió su camino.
Un fuerte tirón en la coleta la hizo pararse en seco.
—¿Dónde crees que vas? —preguntó él disfrutando con la humillación.
—Déjame en paz, por favor…
—«Déjame en paz, joder». Eso es lo que tienes que decir, venga, dilo: joder J.O.D.E.R, no es tan difícil.
—Eres un caraculo .
—Insultos de niña pequeña.
—Suéltala —dijo de pronto una voz firme y femenina.
—Pero ¿qué dices?, es el adefesio, no pienso soltarla.
—¿Quieres que se lo diga a la mama , Dani?
Los hermanos se retaron con la mirada.
—Joder, Marina, eres una zorra —respondió mientras soltaba a Vero. Luego se alejó a la carrera por el amplio pasillo.
—¿Estás bien? —preguntó Marina.
—Muchas gracias —respondió Vero mientras recogía la carpeta y el estuche, que habían caído al suelo.
Era la primera vez que Marina era amable con ella.
En realidad, era la primera vez que alguien del instituto lo era.
No sabía qué la hacía diferente al resto, pero había algo que invitaba a todo el que se cruzaba con ella a burlarse.
Quizá eran sus gafas de miope galopante, su ortodoncia o el hecho de que fuera un poco más infantil que las demás, que se pasaban el día hablando de chicos, discotecas y tabaco.
—Anda, ve a clase. El de mates me ha dicho que salga a buscarte.
—Gracias.
—Oh, deja de darme las gracias. Si es que tienes que ser más espabilada, niña.
—No sé cómo hacerlo —confesó Vero.
Marina, con su espectacular figura, sus ojos oscuros y rasgados, el cabello liso y negro, se encogió de hombros.
—Puedo ayudarte. Bueno, más bien creo que podemos ayudarnos mutuamente.
—¿Cómo?
—Tú me ayudas con lengua; no consigo aprobarla.
—¿Castellana o catalana?
—Ambas.
—¿Y ahora estarás preguntándote en qué puedo ayudarte yo a ti?
Vero alzó la vista, expectante, y Marina acercó la boca a su oído. Lo que le dijo, la sorprendió, a la vez que la hizo sentir emociones encontradas.
¿Cómo conseguiría ella convertirla en la chica más popular del insti?