Diario de Amara
D IARIO DE A MARA
¿Por qué razón vuelvo a escribir aquí después de tantos años?
¿Qué sentido tiene hacerlo ahora? Tal vez porque un círculo no es perfecto si no se cierra.
Aun así, dudo que pueda reunir las fuerzas necesarias para cerrar el mío con el trazo firme que cualquier vida se merece.
La enfermedad me consume y sé con certeza que ni los remedios ni las oraciones lograrán curarme.
El cólera volvió a atacarnos y, esta vez, su inquina ha sido mayor que antaño.
Parece que la enfermedad, obsesionada con la isla, aprende a defenderse como si tuviese vida propia.
Cuando en mitad de la noche mis entrañas comenzaron a arder consumidas por el mal, ahogué mi sufrimiento para concederle un último instante de paz a mi hija.
Alargué la mano hasta la mesilla de noche y agarré la bolsa de tela donde reposaban las conchas de cauri.
Encendí la bujía, estiré la manta y arrojé las conchas sobre ella.
Bajo la débil luz de la llama, formaron extraños patrones de luces y sombras.
No sé lo que pasó. Jamás había sido capaz de leerlas con tanta claridad.
Asustada, las arrojé de nuevo para descubrir lo que más me angustiaba: el destino de Malena, mi preciosa mulata.
En un futuro demasiado cercano, mi hija no tendría a ninguno de sus padres para acompañarla. Necesitaba saber, más que nunca, dónde hallaría la dicha.
«Lejos de aquí», dijeron las caracolas, y vislumbré una tierra cubierta de pastos verdes, acantilados abruptos y bosques frondosos.
El futuro de Malena estaba en Asturias, la patria de Mario.
El amor la esperaba al otro lado del océano; un amor puro y sincero.
Un amor como el que nos había unido a su padre y a mí.
Merecerá la pena viajar tan lejos para encontrar algo así.
También pensé en todo lo que habíamos construido Bruno y yo y que quedaría atrás, desvanecido como castillos en el aire. ¿Hasta qué punto merecieron la pena cada uno de nuestros esfuerzos y cada uno de nuestros ridículos desvelos? La muerte se burla con crueldad de los propósitos de los hombres…
Mi único consuelo es saber que mi hija será una mujer adinerada y que, cuando alcance la mayoría de edad, podrá tomar sus propias decisiones.
Al menos sus padres le hemos legado la libertad, algo que yo no tenía cuando nací.
Me siento orgullosa de ello.