CAPÍTULO 14 #2
—El laboratorio ha detectado en las muestras una sustancia con actividad bloqueante neuromuscular.
Clara frunció ligeramente el ceño.
—Explíquese.
—Impide que la señal nerviosa llegue correctamente al músculo. Dicho de una forma sencilla: el cerebro puede ordenar que un músculo se mueva, pero la orden no llega a ejecutarse.
Morales miró las fotografías.
—¿Eso explicaría la rigidez?
Salas negó.
—No exactamente. Un bloqueante neuromuscular provoca parálisis, no una rigidez inmediata. La rigidez que observamos posteriormente pertenece al proceso post mortem.
—¿Y la muerte? —preguntó Clara.
—Parálisis respiratoria.
Durante un instante, nadie dijo nada.
—¿Cuánto tardaría en actuar?
—Depende de la sustancia, la dosis y la vía de administración. Pero, por los resultados que tenemos y las lesiones del cuello, hablamos de un efecto muy rápido.
—¿Minutos?
—Probablemente.
Morales contempló la fotografía ampliada.
—Entonces se lo inyectaron por ahí.
Salas señaló la imagen.
—Todo apunta a eso. Ambas lesiones presentan características compatibles con una punción prácticamente simultánea.
—¿Prácticamente? —preguntó Clara.
—La distancia entre ellas es constante y los bordes son muy similares. Sería extraño obtener un resultado tan regular realizando dos pinchazos independientes.
Morales levantó la mirada.
—Un solo instrumento.
—Es una posibilidad bastante razonable.
Clara se acercó.
—¿Una jeringa con dos agujas?
Salas se encogió ligeramente de hombros.
—Podría ser. También algún dispositivo modificado. La autopsia puede decirnos cómo entraron las agujas, no qué aspecto tenía el instrumento que las sostenía.
—¿Han identificado la sustancia?
Salas consultó el informe.
—Todavía no de forma concluyente. Podemos identificar determinados metabolitos y su comportamiento sin disponer aún de una caracterización completa. Hay similitudes con bloqueantes neuromusculares utilizados en medicina, pero necesito el análisis definitivo antes de ponerle un nombre.
—Entonces no escribiremos ninguno —dijo Clara.
—Sería lo prudente.
—¿Es fácil conseguir algo así?
—Depende de qué sea finalmente. Si hablamos de un medicamento comercial, su acceso estaría controlado. Pero no quiero que empiecen a buscar culpables basándose en un resultado preliminar.
—¿Hace falta formación específica para administrarlo? —preguntó Clara.
Salas meditó la respuesta.
—No necesariamente. Cualquiera puede clavar una aguja. Otra cosa es saber qué sustancia utilizar, qué cantidad y dónde administrarla para obtener el efecto deseado.
—Conocimiento, no necesariamente profesión.
—Exactamente.
Morales señaló otra carpeta.
—¿Y lo que encontraron bajo la uña?
—Criminalística les ha enviado un informe preliminar esta tarde.
Clara abrió la carpeta que el forense le tendía.
Leyó las primeras líneas.
Partículas metálicas: una aleación de cobre y zinc.
Levantó los ojos.
—Latón.
—Eso parece —respondió Salas.
Morales se acercó.
—¿Podemos saber de qué objeto procede?
—Con esas partículas, no. El latón está presente en multitud de objetos cotidianos: cerraduras, pomos, herramientas, adornos, herrajes...
Clara volvió a leer el informe.
—¿Son restos recientes?
—Criminalística podrá precisar mejor que yo, pero las partículas estaban incrustadas bajo varias uñas. Es razonable pensar que se depositaron poco antes de morir.
—Durante el forcejeo —dijo Morales.
Clara cerró la carpeta.
—Posiblemente.
Roberto había tocado algo; eso era todo lo que podían afirmar.
Salas recogió las fotografías.
—Hay otra cosa.
—¿Qué?
El forense colocó ante ellos una imagen de las dos punciones.
—Fíjense en la localización.
Morales se inclinó.
—Lado izquierdo del cuello.
—Sí. Y ligeramente posterior. El agresor necesitaba controlar la posición de Roberto durante unos segundos. No es un lugar al que uno llegue cómodamente si la víctima está de frente, alerta y tratando de apartarse.
Clara visualizó de nuevo el cuerpo junto a la fuente.
—¿Lo atacó por detrás?
—Es compatible con eso.
—¿Puede asegurarlo?
—No. También podría haberlo sujetado lateralmente. La medicina forense tiene la mala costumbre de no resolvernos las novelas.
—Una pena.
Clara apenas lo escuchó. Algo empezaba a tomar forma, no un rostro ni siquiera un perfil, sino una secuencia.
Alguien había elegido el momento. Se había acercado lo suficiente. Había utilizado un instrumento preparado de antemano. Y después había trasladado el cuerpo unos metros hasta la fuente.
—¿Roberto pudo permanecer consciente? —preguntó.
—Es posible.
Morales dejó de sonreír.
—¿Mientras se quedaba paralizado?
—Sí.
—¿Sin poder pedir ayuda?
—Si el bloqueo progresó como creemos, llegó un momento en que no pudo moverse ni hablar.
Clara contempló la fotografía.
—Pero al principio sí pudo defenderse.
Cerró la carpeta.
—Necesito saber exactamente qué sustancia utilizaron.
—Lo sabrán.
❖ ❖ ❖
De regreso en la Unidad, Clara se detuvo frente a la pizarra.
Morales dejó las carpetas sobre la mesa.
Ella tomó el rotulador y escribió:
LATÓN
Debajo:
BLOQUEANTE NEUROMUSCULAR
Y una tercera línea:
INSTRUMENTO DE DOBLE PUNCIÓN
Morales se colocó a su lado.
—Tres pistas.
Clara observó las palabras.
—Tres hechos.
—Siempre me estropea las frases.
—Alguien tiene que hacerlo.
Morales sonrió.
Clara rodeó la segunda y la tercera anotación con un mismo círculo.
Después escribió junto a ellas:
CONOCIMIENTO
Morales leyó la palabra.
—Sabía lo que estaba haciendo.
—Eso parece.
—Eligió una sustancia concreta y preparó una forma de administrarla.
Clara dejó el rotulador sobre la bandeja.
—Y lo hizo antes de encontrarse con Roberto.
Morales contempló la pizarra.
—Premeditación.
Aquella palabra importaba mucho más que cualquier profesión.
PREMEDITACIÓN
La escribió debajo de las demás.
Clara miró la fotografía de la víctima.
—Todo estaba pensado.
—Excepto que Roberto se defendiera.
La mirada de Clara descendió hasta la palabra escrita en la pizarra.
LATÓN.
—Puede que ese fuera su único error.
El teléfono vibró sobre la mesa.
Clara miró el reloj.
La tarde se había convertido en noche sin que ninguno de los dos se hubiera dado cuenta.