El silencio de Avikar Epílogo
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Epílogo

Edén

Tres años después

Habían pasado cerca de seis meses desde que la cadena de farmacias en México había recibido la primera entrega del agua Swan, cuyo envase estaba elaborado a base de papa. Los consumidores la habían recibido entusiasmados y no dábamos abasto.

Sin embargo, Antoine acababa de salir de una hospitalización.

Él mismo me había pedido ayuda para ingresar.

Su prima Zoey se había quitado la vida y, aunque ya no tenían contacto, no podía borrarse una vida compartida.

Y la mente de Antoine había traducido esa pérdida del modo que mejor conocía: una vez más, un ser amado había desaparecido.

El señor James acababa de irse. Siempre estaba pendiente de Antoine y admitía que era reconfortante tener a alguien junto a mí en esos instantes.

Era cierto que mostraba su cariño con bastante peculiaridad, pero jamás se le podría acusar de deshonesto.

En algún momento comprendí que, aunque el señor James obedeció la orden de no hablarle a su sobrino cuando tenía doce años, también lo apoyó.

Su relación era muy cercana y todo lo que le sacara una sonrisa a mi esposo era bienvenido en nuestro hogar.

En ese instante, Antoine estaba debajo de la ducha pues Yaad lo había derribado tras nuestra llegada. Le di una recompensa a nuestro peludo amigo a la vez que le revolvía las orejas.

Entonces respiré hondo, levanté el cupcake esponjoso de maple, al que ya le había encendido una velita y con Yaad junto a mí, esperé a que Antoine saliera.

Lo hizo unos minutos después, con una toalla alrededor de la cintura y otra en la mano mientras se secaba el cabello.

Apreté los muslos. Tal vez debería olvidar el asunto del pastel y soltar el nudo en su cintura que me impedía contemplarlo en todo su esplendor.

Él todavía no lo había visto y podría lanzarlo lejos de mí…

—Cumpleaños feliz… — Era horrible. Con las pausas en mi voz, parecía que no sabía cómo formar sílabas, como si deletreara.

Antoine fijó la mirada en mí. Tenía el rostro lívido y contenía el aliento. Ante su reacción, mi cuerpo osciló y Yaad tuvo que pegarse a mí para evitar que terminara en el suelo.

—Cumpleaños, mi amado Antoine…

Me detuve frente a él y lo rodeé por la cintura con el brazo libre, sosteniéndolo mientras le ofrecía una sonrisa reconfortante.

—Celebro tu vida, cariño —susurré, pues la voz no me dio para más.

Me envolvió entre sus brazos, escondió la cabeza en el espacio entre mi hombro y mi nuca y respiró hondo.

Me aferré a él. Yaad ladró y, en un parpadeo, el cupcake desapareció en la boca de nuestro amigo.

Reí y en los labios de Antoine apareció esa pequeña curva que tan bien conocía. Nos contemplamos.

Serena, uní nuestros labios en un beso suave mientras le soltaba el nudo de la toalla. Antoine se apartó apenas unos centímetros y esa mirada de por sí oscura se tornó negra. Sonreí y me incliné con la intención de morderle el labio mientras tomaba su miembro entre las manos y lo acariciaba.

Echó la cabeza hacia atrás y se le escapó una súplica.

—Mi primera y mi única.

Contuve el aliento y él me acunó el rostro para devorarme los labios en un beso crudo, pero a la vez tierno.

—¿Y te dices aprendiz?

Me regaló una sonrisa preciosa antes de llenarme el cuello de besos y construir un camino zigzagueante por mi canalillo. En ese tono grave, muy placentero y fluido respondió:

—Señora Swan, existe cierto libro que es bastante educativo en estos temas y yo te lo puedo recitar en francés, en inglés, en español y en mandarín.