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Edén
Al final, no nos besamos aquel día. Cierto temblor se apoderó de mi cuerpo al tomar plena conciencia de mis acciones.
Sí, usar la mascarilla en la oficina de la psiquiatra y en la casa de mis padres, eso era por mi seguridad, pero usarla en mi entorno más íntimo solo porque Antoine había regresado a mi vida, había representado un shock emocional.
Al verme utilizándola, ¿acaso sentiría que no confiaba en él?
Yo le exigía que fuera más abierto respecto a su salud mental, pero ¿le ofrecía lo mismo?
— Me gustaría que me acompañaras a la última sesión del tratamiento.
Tomé su mano entre las mías a la vez que él respiraba hondo como si ese pensamiento hubiera sido el único que había ocupado su cabeza durante las últimas tres semanas.
Íbamos poco a poco. Estaba segura de que llegaría el momento en que me contaría lo que le ocurría desde el instante en que un pensamiento intrusivo comenzara a aquejarlo.
—Me agradaría acompañarte, gracias.
Soltó el aire y dejó caer los hombros. Me recosté contra su pecho para ofrecerle consuelo.
Entonces me rodeó con los brazos y respiró hondo en el espacio entre mi cuello y mi hombro.
La necesidad de encontrar su mirada me consumió y nos contemplamos, aunque demasiado pronto desvió la mirada hacia mis labios.
Un hormigueo me recorrió la piel, pero procuré mantenerme serena.
Se inclinó mientras se humedecía los labios y aquel burbujeo en mi pecho aumentó y entonces Yaad se abalanzó sobre nosotros en busca de mimos.
Suspiramos mientras hundíamos las manos en el pelaje de nuestro amigo.