El silencio de Avikar 105
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Edén

¿Eso era lo que había hecho en esos meses?

¿Crear un envase para mí? ¿Tanto lo habían influenciado mis padres?

Ese es el único motivo. No, no podía permitir que ese pensamiento intrusivo ganara.

Desde el primer día me hizo saber que uno de sus objetivos era que las mujeres de entre veinticinco y cuarenta años con estudios superiores consumieran el agua de la embotelladora y yo pertenecía a ese grupo demográfico.

Tal vez jamás conseguiría cambiar esa estadística, mas seguía intentando que yo me convirtiera en su consumidora.

Ladeé la cabeza y sonreí. Era un colaborador.

¡Solo lo dejaría pasar por esa única ocasión!

—Está compuesto de pulpa de papa, vinagre de arroz y glicerina proveniente de la manteca de cerdo. El proceso comienza con los productos de la granja de tus padres y…

Contemplaba la imagen frente a mí. El envase era transparente, por lo que las personas podrían ver el producto y no dudarían de su pureza.

Lo que no entendía era por qué no le había asignado la etiqueta de la embotelladora Avikar.

Las ventas se habían mantenido en el último año.

El éxito de la empresa no había disminuido.

Me sentía tranquila al saber que la embotelladora no se había visto afectada por mi paso en su historia, pues miles de familias dependían de su éxito.

—… ¿te interesaría ser la co-CEO?

Giré para observarlo mientras pestañeaba una y otra vez. Tenía las manos en los bolsillos del pantalón y los hombros un tanto caídos. ¿Ser CEO junto a él? Mis conocimientos no se comparaban con los suyos, aunque la razón verdadera era la familia Avikar.

—Tu familia jamás aceptaría.

Se llevó la mano izquierda a la sien y comenzó a masajeársela. Di los dos pasos que faltaban y le apoyé la cabeza en el hombro mientras seguíamos contemplando la proyección frente a nosotros.

El envase era todo lo que había soñado como consumidora y él lo había hecho realidad. Existía un toque de poesía. Un envase perfecto creado por un hombre imperfecto.

— Este es mi proyecto. No tiene ninguna relación con la embotelladora Avikar ni tendrá tratos con ella en el futuro.

Respiré hondo en un intento de calmar las náuseas que se apoderaron de mí.

¿Cuántos sacrificios había hecho Antoine?

? ¿Eso era lo que él quería? No, la psiquiatra me había hecho ver que no podía decidir por él.

Además, no podía negar la tranquilidad que me había recorrido de la cabeza a los pies tras esas palabras.

—Acepto.

— Lo que puedo ofrecerte es ínfimo comparado con lo que alguna vez te ofrecí como CEO de la embotelladora Avikar.

Levanté el brazo y se lo deslicé poco a poco por la espalda, pues no estaba segura de que aceptara mi contacto.

—Acepto.

— La empresa está compuesta por mí, Yaad y la ayuda renuente —muy renuente— de tus padres.

Parecía no haberme escuchado, como si recitara un discurso que había repetido en su cabeza una y otra vez.

—Dije que sí.

—Por otro lado, el señor Arroyo tendrá exclusividad durante tres años si en algún momento salimos al mercado. Así que…

Levanté el brazo izquierdo y lo rodeé por la cintura. Él seguía tan estoico como cuando comenzó a hablar, mas percibí el estremecimiento que lo recorrió al sentir mi abrazo.

—Sí.

—Todavía faltan más pruebas, las altas temperaturas lo vuelven inestable y…

Lo ceñí contra mí, obligándolo a girar, aunque él seguía con las manos dentro de los bolsillos. Tan pronto nuestras miradas se reencontraron ladeé la cabeza.

—Señor, ¿pretende persuadirme para que no acepte?

Con esa mirada oscura fija en la mía dijo:

—Mi única intención es que no te sientas comprometida conmigo. No lo hice para deslumbrarte y que me aceptes ciegamente como tu pretendiente, prometido, amante, o lo que sea.

Asentí.

—Lo sé. —Mi voz fue solo un susurro—. Lo hiciste porque te carcome que no consuma tu producto.

Me mordí el labio para ocultar la sonrisa cuando los pómulos se le sonrojaron.

¡Había tenido razón! ¡Me quería como su cliente!

¿Se podría flotar por tanta felicidad? ¡Ya quería que las primeras cajas comenzaran a llegar!

¿Lo haría sentirse feliz al verme tomar su agua? Sin embargo, negó con vehemencia.

— Lo hice porque soy consciente de que las industrias cambian con frecuencia las materias primas y los insumos de sus productos, mientras que yo puedo asegurarte que el mío mantendrá la fidelidad de sus orígenes durante los próximos cincuenta u ochenta años.

Solté una risita. Antoine Avikar estaba entre mis brazos y su postura era regia, soberbia y elegante. El mismo hombre que me había encandilado con tan solo ver su fotografía.

—Hablaste como todo un CEO.

—Tengo a mi clienta más difícil frente a mí y también tengo que convencerla para que trabaje junto a mí.

Formé un caminito con los dedos por su abdomen.

—Mmm… mi antiguo jefe me convenció con un orgasmo.

Solo entonces sacó las manos de los bolsillos para estrujarse el rostro.

—Tu antiguo jefe era un idiota. Todavía lo es…

Sonreímos. Nos contemplamos y mantuvo sus brazos junto a su cuerpo.

—¿De verdad aceptas?

Apoyé el mentón en su pecho mientras lo estrechaba un poco más.

—Quiero ser parte de esto que construyes.

—No habrá expansión mundial ni puntos de ventas nacionales. Será algo pequeño, sin pretensiones, ¿todavía te parece bien?

Asentí una y otra y otra y otra vez.

—¿Cuándo empezamos?