El silencio de Avikar 104
88%

104

Edén

Era tan… era tan… Se me humedecieron los ojos.

¿Cómo fue que encontré mi lugar en el mundo?

Tenía un negocio que me ofrecía independencia, aunque solo contaba con un par de clientes y, en cierta manera, robaba los productos de la finca de mis padres.

Encontraría una solución, no importaba. Tenía el cariño de una mascota fiel y, por alguna extraña torcedura del destino, un hombre parecía quererme a mí, al menos como amiga.

Antoine se apresuró a acercarse y llevó los dedos hasta mis mejillas.

—¿Edén? —Su voz fue menos que un susurro.

Negué, asentí, levanté el brazo, pero lo dejé caer.

Los latidos del corazón se me aceleraron, quería responderle, pero las palabras se me habían atorado en la garganta.

Deslizó los dedos por mis mejillas hasta colocarlos bajo mi mentón y levantarme el rostro para que nuestras miradas se encontraran.

Existía cierta calma en sus ojos, tal vez no era la forma correcta de explicarlo, ¿nuestros pensamientos alguna vez serían tan misericordiosos como para ofrecernos sosiego?

—Jamás creería que es una manifestación de tu ansiedad, no cuando me sonríes así.

Entonces tomó mis manos entre las suyas y me dejó un par de besos en las muñecas.

—Eres consciente de que ese contrato no tiene validez, ¿verdad? —Pestañeé una y otra vez—. Jamás te forzaría a un matrimonio conmigo.

Asentí varias veces, aunque un latido molesto me golpeaba el pecho. Y continuó:

—Ansío mostrarte todo. Quería que vieras todo antes de que…

Apretó los labios. ¿Por qué mamá era así? ¿Tan desesperada estaba? Le había robado a Antoine la oportunidad de ser él quien me mostrara aquello en lo que habían estado trabajando, y comprendía que era muy importante para él. Además, me quitó la capacidad de tomar decisiones a mi propio ritmo.

Con nuestras manos entrelazadas, esquivamos papeles y cajas hasta llegar frente a la pared.

—Es un plástico de papa.