El silencio de Avikar 100
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Edén

Los labios me temblaban. Papá me contemplaba y la culpabilidad que lo consumía era algo que no podía enfrentar en ese momento.

¿Había sido cómplice de mamá? ¿Por qué después de más de treinta años con una cautela extrema habían decidido arriesgarse de ese modo?

¿Es que ya les era intolerable vivir en el campo y encargarse de los cultivos?

Giré hacia el hombre junto a mí. ¿De qué hablaban? ¿Qué era lo que habían probado? ¿El agua? ¿Era eso? Pero si él ya no trabajaba para la empresa y el envase seguía siendo el mismo, ¿de dónde provenía?

—¿Antoine?

Papá extendió la mano hacia la de Antoine, pero él la apartó.

—Por eso te pedimos que fueras con ella y no necesitó medicamento, ¿o sí?

Pestañeé una y otra vez. ¿Por eso había vuelto junto a mí? ¿Mis padres se lo pidieron? Tus padres se lo exigieron, no regresó porque le hacías falta o porque deseara estar junto a ti. Pero ¿cómo pudo llegar tan rápido? Era evidente que me habían ocultado mucho durante el último año.

— Por respeto al hecho de que son los padres de Edén, no levantaré cargos, pero esta será la última vez que tomen una decisión por mi esposa.

Ahí estaba, otra vez, a pesar de lo que mis pensamientos intrusivos me repetían sin parar. Antoine volvía a decir que era su esposa.

Entonces mamá apareció frente a nosotros con la indignación pintada en su pétreo rostro.

—¡¿Esposa?! ¡¿Cuándo?!

Solo entonces él desvió la mirada para encontrarse con la mía. Le sonreí antes de decir:

—Cuando firmamos el contrato permanente.

Nunca pensé verlo sonrojado, pero ahí estaba frente a mí. Lo tomé del brazo y me giré, obligándolo a seguirme.

—¿¡Qué significa esto!? ¡Steven! ¡Steven!

Mamá podía hacer cortocircuito tanto como ella quisiera. Había perdido el derecho de pertenecer a mi vida cuando me hospitalizó en contra de mi voluntad sin ningún motivo para luego mantenerme tan drogada que había perdido mi voluntad. En mi vida no había cabida para ese tipo de amor.