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Edén
Quise negar con la cabeza, pues no comprendía de qué me hablaba, pero se levantó de golpe y me tomó de las manos, obligándome a ponerme de pie y seguirlo.
Me apremió a subir al automóvil, quise cuestionarlo, pero él se apresuró a dar la vuelta.
Tan pronto subió, encendió el automóvil y dio marcha atrás.
Nos dirigíamos a casa de mis padres. El recorrido nos tomó solo unos minutos.
No me pasó desapercibida la palidez de sus nudillos por la fuerza con que se aferraba al volante.
Se bajó y podría jurar que había olvidado que yo lo acompañaba, pues caminó directo hacia las escaleras, las subió de prisa y al llegar frente a la puerta comenzó a aporrearla.
Papá abrió y una sonrisa le iluminó el rostro al percatarse de quién era, mas el gesto se le borró al ver el rostro pétreo de Antoine. Solo entonces miró hacia el automóvil. Yo acababa de bajar y alcancé a escuchar:
—Controle a su esposa…
Comencé a subir las escaleras.
—Si no lo hace, llamaré a la policía para que intervengan.
Me detuve junto a él y le coloqué la mano en el brazo. Era la primera vez que lo veía de esa forma: las venas le palpitaban y tenía los músculos tensos. Sin comprender el estado en que se encontraba Antoine, mamá gritó desde adentro:
—¡No le pasó nada!
Todavía no comprendía de qué hablaban. Antoine había mencionado un prototipo, pero ¿de qué?
—¡La pudo haber matado!
El corazón se me resquebrajó cuando una lágrima le resbaló por la mejilla. Otra vez el terror de que algo me sucediera.
Su trastorno era difícil de entender. A él lo aterrorizaba el olvido.
No solo el hecho de que él olvidara algo importante o a alguna persona, aunque acabara de conocerla, sino que esa persona no validara su existencia.
Contrario a mí, que reconocía muchos de mis pensamientos como intrusivos, su miedo nacía de pérdidas que había vivido de verdad.
A pesar de eso que lo dominaba continuó:
—Fui muy claro con ustedes, no se lo presentaríamos hasta que las pruebas fueran 100% confiables.
Mamá, todavía ajena a la gravedad que aquello tenía para Antoine, volvió a gritar:
—¿¡Eso cuándo iba a pasar, dentro de diez años!?