El silencio de Avikar 98
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Edén

Me acunó el rostro al mismo tiempo que se humedecía los labios. Entonces apoyó los pulgares sobre mis párpados y segundos después sentí la humedad en las pestañas.

Intenté dedicarle una sonrisa hermosa, aunque estaba segura de que apenas había sido una mueca.

Era consciente de que a Antoine no le agradaba la idea de que me expusiera a tan bajas temperaturas, mas el invierno era parte de nosotros, como un testigo fiel de nuestra relación, tal vez nuestro único cómplice.

Me incliné hacia él a la vez que le rodeaba los hombros con mis brazos.

El peso del mundo dejó de estar sobre mis hombros.

De algún modo, era más ligera. No en el sentido de una curación milagrosa.

Mi trastorno seguiría acompañándome, pero a partir de ese instante tenía la certeza de que él creía en mí y si el futuro nos ofrecía una vida juntos, no me vería obligada a luchar por cada respiración o por cada latido de mi corazón.

Seríamos un equipo, como lo habíamos sido desde el primer momento en que nos conocimos.

Tras separarnos, era él quien contenía el aliento. Soltó el aire de golpe y dijo:

—Sigues siendo un desafío.

Entrecerré los ojos cuando vaciló. Intentó hablar, pero la voz le falló, por lo que lo ceñí entre mis brazos y le ofrecí una sonrisa.

—Es un prototipo y no debías saber de él hasta que las pruebas arrojaran un 100 % de confiabilidad.