92
Edén
Negué una y otra y otra vez. No podía decirle que había sido tan estúpida como para confiar en las personas que me habían lastimado. Y él era uno de ellos.
Me removí entre sus brazos, por lo que me dejó ir. No me pasó desapercibido que había perdido peso y que, además de las ojeras, parecía apagado.
—Vete, Antoine.
Dio un paso hacia mí, por lo que me vi obligada a retroceder.
—¿Podemos hablar?
Desvié la mirada a la misma vez que me mordía el labio para esconder cómo me temblaba. Tal vez esperaba que me lanzara sobre él y le jurara amor eterno, pero no sería así.
Cuando pretendió volver a tomarme entre sus brazos, apreté los labios y mejoré la postura tanto como pude. Entonces fijé la mirada en la suya.
—Fuiste cruel conmigo. ¿Es que ya lo olvidaste?
No perdí detalle de cómo su cuerpo se tornó rígido y esos ojos…
—¡Zoey fue la responsable de tu ataque! ¡Quiso matarte!
Se arrastró las manos por el cabello.
—¡No podía perderte! ¡No a ti también!
El pecho le subía y bajaba acelerado. Me abracé a mí misma. ¿Por qué la señorita Zoey querría lastimarme? ¿Es que acaso también le molestaba mi existencia?
Me sobresalté tras escuchar una arcada y otra y otra; entonces él cayó de rodillas y se arrastró hasta el zafacón con la intención de no manchar el suelo.
Mojé una toalla y me acerqué a él para humedecerle la frente.
Entonces nos contemplamos con las lágrimas contenidas.
Su trastorno de ansiedad no había desaparecido, había vivido ese año con el terror de mi posible muerte.
Antoine era demasiado cruel consigo mismo.
Jamás podría comprender el pánico que debió de sentir cuando me alejó de él y decidió enfrentarlo solo.
¿Me habría creído incapaz de enfrentarlo?