El silencio de Avikar 87
74%

87

Avikar

La pregunta me tomó desprevenido. Frente a mí, el agua caía a la perfección en el envase de cartón que había escogido para nuestro producto. Respiré hondo a la vez que sentía que el suelo dejaba de existir bajo mis pies.

—Si usted me hubiera hecho esa pregunta solo unas semanas atrás…

Sonrió benevolente. Parecía un hombre que había vivido mucho y, sin embargo, no podía ser mayor que yo.

—¿La respuesta hubiera sido diferente?

—Un sí rotundo —respondí con voz firme.

Él asintió.

—¿Qué cambió?

Me quedé en silencio unos segundos, pues no quería traicionar la confianza que Edén había depositado en mí.

—La única persona que quiero que la consuma, no puede hacerlo.

Asintió mientras echaba un último vistazo a ese ir y venir que en su momento creí perfecto, entonces, con uno de nuestros envases en la mano, se dirigió a la salida.

Lo había arruinado. Edén se había esforzado tanto.

Exhalé y seguí al caballero para despedirme y agradecer su visita. En cuanto me detuve junto a él, dijo:

—¿Y qué piensas hacer al respecto?

—Es lo que me he preguntado desde entonces… En fin, lamento mucho que haya perdido su tiempo.

Le extendí la mano. Aceptó mi mano, pero la retuvo mientras me contemplaba.

—¿Quién dice que perdí mi tiempo? ¿Un contrato por tres años te parece justo? —Entrecerré los ojos, incapaz de esconder la confusión ante sus palabras—. Ya innovaste el mercado una vez; te pediré exclusividad en México durante tres años.

Me quedé en silencio mientras asimilaba lo que ocurría.

—¿Y si no sucede?

—Buscaré otro joven emprendedor. —Se encogió de hombros—. ¿Firmamos el acuerdo?

Por un segundo dudé ante su reto, pero ya había comenzado la investigación para que Edén consumiera nuestra agua y no descansaría hasta lograrlo.

—Será un honor ofrecer nuestro producto en su empresa.

—El honor es mío, señor Avikar.

Regresamos a la sala de juntas para firmar el acuerdo entre ambas compañías.

Un poco más sereno, el señor Arroyo y yo almorzamos mientras hablábamos de nuestros abuelos y padres.

Aun así, ansiaba llamar a Edén y compartirle cómo nos había ido, pero esa conversación debía darse en privado y primero tenía que atender a nuestro invitado.

Al terminar, lo acompañé hasta la puerta de salida donde Ethan lo esperaba para llevarlo al aeropuerto. Volvimos a estrechar nuestras manos.

—Qué pena no haber conocido a su familia, aunque admito que es una verdadera lástima no haber podido estrechar la mano de su asistente.

—Tuvo un imprevisto y no pudo acompañarnos, aunque le aseguro que ansiaba conocerlo.

Sonrió mientras asentía.

—Ese es el problema de acostumbrarnos a ellas. Solemos pensar que nadie más puede hacer su trabajo.

Es que nadie podía hacerlo.

Abrí la puerta, no obstante contuve el aliento a la vez que sentía el bombeo desenfrenado de mi corazón. Allí, frente a mí, estaba Edén como el día en que llegó a la entrevista.