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Avikar
El teléfono sonó con el aviso de que el señor Arroyo estaba próximo a llegar, así que me apresuré a estar lo más presentable posible, sin olvidar el pañuelo en el bolsillo del pecho.
La notificación de que eran las diez de la mañana fue innecesaria, pues tenía grabada en el alma la hora de la muerte de mis padres.
Al salir, me acerqué al señor Arroyo y le extendí la mano izquierda.
Al ver el reloj en su muñeca derecha, me percaté de que también era zurdo y, por algún motivo, eso me ayudó a relajarme.
Sonreímos con cierta complicidad al percatarnos de que ambos llevábamos un pañuelo en el bolsillo del pecho.
Al parecer, él también tenía una mujer que insistía en la necesidad de ese detalle para lograr una apariencia de extrema elegancia.
—Buenos días, señor Arroyo. Soy Antoine Avikar, bienvenido a la embotelladora Avikar.
—Es un gusto conocerlo en persona. Muchas gracias por el transporte. El señor Ethan me mostró parte de la ciudad en nuestro camino hacia acá.
—¿Tuvo un buen viaje?
—Fue excelente.
Asentí e indiqué con la mano el camino hacia la sala de juntas.
—¿Le parece bien si comenzamos?
Él asintió e hizo comentarios elogiosos sobre el piso y lo hermoso que era nuestro recibidor.
Al llegar a la sala de juntas. Mi familia no estaba allí para recibir a nuestro posible socio.
Era evidente que no sentían respeto por el hombre que ellos mismos habían escogido como su representante.
Aunque en ese instante solo importaba una persona: Edén, mi motor y mi sosiego.
Tomamos asiento y durante diez minutos presenté las razones por las que exportar nuestra agua a México sería beneficioso para ambas compañías.
El envase recibió el escrutinio esperado.
No me tomó por sorpresa, pues conocía las reservas, los consumidores temían abrirlo y encontrarse con agua verde.
Por eso invité al señor Arroyo al área de producción para que fuera testigo de nuestro riguroso procedimiento, diseñado para garantizar la seguridad del agua que llegaría a los consumidores.
—Ya conozco los números, los estudios y las ventas.
Nada de eso me impresiona, señor Avikar.
Mi abuelo fundó la cadena de supermercados y farmacias en 1942, convirtiéndose así en un innovador para su época.
Mi padre siguió el modelo de negocio y lo extendió a otras regiones y desde que asumí como CEO de la compañía hemos abierto sesenta farmacias en más de diecinueve estados de la república.
En papel, nuestras compañías son muy parecidas.
En la práctica, ¿también? ¿Crees en tu producto, Antoine?