El silencio de Avikar 83
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Avikar

Regresé a la oficina y dejé a un lado la reunión que se llevaría a cabo en un par de horas para concentrarme en la investigación que ocupaba mis días y mis noches, aunque hasta el momento había sido infructífera. Pero no desistiría hasta encontrar una solución.

Admitía que eso era lo único que conseguía mantener a raya a esa mano siniestra que pretendía sumergirme en la desolación. Tenía que encontrar una solución y debía hacerlo pronto, pues la fábrica que producía nuestro envase insistía en renovar nuestro contrato de exclusividad.

Decidí pasar por el área de seguridad. Suspiré al encontrar a Luis concentrado en la grabación de aquel día. Ansiaba que Edén volviera, sí, pero eso no sucedería hasta tener la certeza absoluta de que la empresa no representaba un peligro para ella.

—¿Todavía nada?

Él se estrujó los ojos a la vez que soltaba el aire como si se desinflara.

—Nada, señor. Todo es tal como se lo conté: la señorita Edén tomó su almuerzo y se fue junto a Hee-Jin.

Minutos después, sus tíos salieron de la sala de juntas y se detuvieron junto al escritorio de ella.

Poco después sus primos también salieron, pero aunque todos estaban allí, nadie lo tocó.

Entonces su prima Zoey encontró la renuncia de la señorita Edén y le informó a usted de inmediato.

Exhalé.

—Sí, es tal como me lo narraste la última vez.

Él asintió mientras parecía pensativo.

—La señorita regresó y se le atascó el guante en la trituradora...

—Como siempre —murmuré con la mandíbula apretada.

—Y entonces tuvo la reacción.

Asentí, pues tenía un nudo en la garganta que me impedía hablar. Él continuó:

—También descartamos que se haya expuesto en el comedor.

—Por favor...

—Seguiré mirándolo, señor. Así tenga que hacerlo un millón de veces, descubriremos qué sucedió.