73
Avikar
Zoey me ofreció una taza de café, pero la rechacé mientras me reacomodaba en el asiento. No estaba seguro de cuándo había llegado, y aunque debía agradecer su presencia, añoraba estar solo.
—No has comido nada.
Apoyé los antebrazos en las rodillas y bajé la cabeza mientras tiraba de mi cabello.
—No quiero causar su muerte en el momento en que me dejen verla. —Giré la cabeza a un lado para observarla—. ¿Qué haces aquí? ¿Mi madrina te envió a cuidarme?
—Aún no llego a casa. Me escondí en la embotelladora hasta ahora y decidí venir a ver cómo estabas. Sabes que madre me va a sermonear por mil días con sus noches. Ya la tía Amelia le tuvo que haber dicho que aún tenías ataques de pánico.
Exhalé mientras me ponía de pie.
—Considerando que me nombraron el CEO de la empresa solo para mantener bajo control mi fobia, no podría reclamarte mucho.
—¡Por Krishna! —rezongó—. ¿Sigues con eso?
Giré hacia ella.
—Sabes que es verdad.
—No, no lo es —contestó tajante—. Padre se percató de tu cambio cuando murió Peter, querías superar tus miedos y nadie mejor que tú conoce la embotelladora. Además, el abuelo siempre dijo que tú serías el sucesor adecuado, pues conocías hasta el último escondrijo de la empresa.
Me apoyé en la pared más cercana, pues el vértigo no permitía que mis pasos fueran certeros.
¡Chod! Tienes que salir de esto ya… Deja de sentir tanta compasión por ti mismo… Sé un hombre y actúa como tal…
—Deberían hacerse revisar la cabeza, nadie le confiaría su patrimonio a un hombre que puede llevar la empresa a la quiebra solo porque sus terrores no le permiten concentrarse en el trabajo.
—Hasta ahora has hecho todo lo contrario.
—Solo ha sido suerte.
—Ha sido tu esfuerzo, ¿por qué eres tan negativo contigo mismo?
Resoplé.
—Estoy loco, ¿lo olvidas?
Caminé por el pasillo a la vez que me masajeaba la sien. ¡¿Por qué todavía no salían a hablar conmigo?!
Se olvidaron de ti…
—¿Cómo puedes estar tan seguro de que ella es la mujer para ti?
Me detuve de golpe por la pregunta de Zoey. A mi mente acudieron todas las veces en que Edén ladeaba la cabeza y me sonreía. Ese gesto siempre me traía paz, los miedos se encerraban en ese espacio donde podían ser desechados.
— Porque, aunque me sometieran a terapia electroconvulsiva, yo no podría olvidarla.
Era la primera vez que ese pensamiento fugaz abandonaba mis labios.
Giré hacia Zoey con los ojos muy abiertos al mismo tiempo que jadeaba como si me hubieran arrebatado el aire. Ella tenía los ojos humedecidos, y me dedicaba una sonrisa que no había visto desde que éramos niños.
—Superaste tu fobia. —Su voz había sido solo un susurro.
—No del todo. —Tenía que ser sincero, pues ese día era prueba de ello—. Esa mujer me mantiene en desvelo desde que la conocí. Lograr que me dejara entrar en su vida ha sido muy difícil y puede que todo desaparezca después de esto.
—Ella no te va a olvidar, Antoine.
Negué con vehemencia.
—Ella está encaprichada con el apellido Avikar.
—Es por ti, tonto. ¿Ya se te olvidó cómo era Peter? ¿Lo difícil que se le hacía demostrar sus sentimientos? Tú eras quien mejor lo conocía.
Me senté junto a ella y la tomé de la mano. Peter había sido el amor de su vida y no solo yo había sufrido su pérdida el día en que se fue. Por eso Zoey y yo éramos tan unidos, intentaba ser esa columna que ella a veces necesitaba, aunque no estaba seguro de ser exitoso.
—Ella no cree en un futuro juntos.
—Escúchate, hablando del futuro —se burló, entonces soltó un suspiro—. Con Chloe revoloteando, yo tampoco lo haría. ¿Ya le aclaraste que no hay nada entre ustedes?
Entrecerré los ojos. ¿Por qué Edén pensaba que tenía una relación con Chloe? Las llamadas solo habían sido intentos fútiles por aliviar mi miedo.
—Pensé que ella lo tenía claro.
Zoey negó con la cabeza.
—Sería bueno que lo escuchara de ti.
Asentí, pues parecía entender mejor ese tipo de señales.
—En cuanto mejore, me sinceraré con ella.
Zoey me acunó el rostro entre sus manos para obligarme a mirarla. Abrí los ojos de par en par, pues era un afecto que solo existía entre Edén y yo. En mi familia no acostumbrábamos sostenernos la mirada de esa manera.
—Dime qué hizo, Antoine, dime cómo lo logró.
Me aparté de su agarre y giré la cabeza a un lado.
¿En qué momento el corazón decidió obviar todo y hacer lo que quería?
—No lo sé… —Levanté las manos y me las enredé en el cabello—. No lo sé. El día de la entrevista extendió su mano izquierda. Eso me hizo sonreír, Zoey, ¡sonreír! ¿Sabes desde cuándo no lo hacía?
—Ni cuando tus padres estaban vivos lo hacías. Solo con Peter.
Apreté los labios.
—A mis padres solo les importaba viajar.
—Tú pudiste ser un poco más flexible, ¿no crees? Querían llevarte con ellos a todos lados.
Sí, el mismo reclamo de siempre. Era yo el que estaba mal y ellos se encargaban de recordármelo siempre. Me puse en pie para alejarme de ella.
—Ya veo que aún no podemos tocar ese tema. — Percibí cierta amargura en su voz—. Entonces te enamoraste de ella porque te extendió la mano, ¿es eso?
—No pisaba las baldosas negras…
Cerré los ojos y sonreí al recordarlo.
—¡Ahora entiendo el cambio tan repentino de piso! ¿Sabe ella cuánto costó ese trabajo?
¡Si llegaba a saberlo, me estrangularía!
—¡No tiene ni idea!
Volví a sonreír.
—Sí estás enamorado.
Contuve el aliento al percatarme de que tenía el rostro bañado en lágrimas. Pero ella continuó con su interrogatorio.
—¿La puerta que cambiaste en su casa tiene una explicación parecida?
—Ese día la encontré en el parque y Yaad se abalanzó sobre ella. Su belleza resaltaba entre la nieve.
—Creo que tu perro también está enamorado de tu mujer.
Resoplé, lo que provocó que ella riera.
—Me invitó a tomar té y hablamos, Zoey.
—¿De qué?
—No lo sé, de los juegos, de películas… De mis padres.
Ella frunció el ceño.
—¿Hablaste con ella sobre ellos?
—No lo pensé. Hablábamos de su hogar, le pregunté por su trastorno y… solo se lo dije.
—Con nosotros nunca has hablado sobre ello. Desobedeciste a tu padre, Antoine. Tú tenías que ir a ese viaje y mamá intercedió por ti.
Me puse en pie.
—¿Lo recuerdas?
—Tenía doce y tú diez. En una casa común hubiera sido una pelea normal, pero para nosotros…
—Todos me dejaron de hablar por un año.
Era lo que merecías, que el mundo fuera indiferente ante ti…
—Lo siento tanto, Antoine…
No merecía el perdón de nadie.
—Tuve un ataque de pánico. No sé si ella lo notó porque me escondí en su baño. Entonces Yaad le arañó la puerta.
—Sabía que lo necesitabas.
—Desde ese momento me debatía entre dejar la puerta así o cambiarla. Suelo colaborar con algunas de sus compulsiones.
—Con Peter nunca lo fuiste.
—Lo sé.
Quería creer que hasta cierto punto la ayudaba y que algunas de las precauciones que había respetado la habían mantenido a salvo hasta ese día. Solo necesitaba descubrir por qué había tenido una reacción, qué fue lo que había hecho diferente.
—Pero ¿por qué escogiste el día del juego?
Solo pensar en invitarla y que me rechazara me tenía al límite, pero ese día, en cuanto entré a mi habitación, su perfume estaba en cada rincón.
Al acercarme a la cama, tenía sábanas limpias.
Un envase nuevo de champú me esperaba en el baño.
Y en cuanto abrí el refrigerador para agarrar un agua, encontré la cena.
Nadie me había cuidado tanto. ¿Y solo porque era su jefe?
Quería tenerla conmigo y compartir esa cena.
Anhelaba llenarla de besos y caricias. La puerta había sido una excusa.
Por supuesto que no le confesaría nada de eso a Zoey.
Al no recibir respuesta, demandó:
—Entonces, ¿sí sales con Edén o no?
Entrecerré los ojos porque parecía enfadada. Me sorprendía su insistencia, como si considerara imposible una relación entre Edén y yo.
—Iba a llevarla a casa en la noche.
Contemplé el pasillo con la esperanza de que algún doctor apareciera para decirme cómo estaba, pero no había nadie a nuestro alrededor.
—¿Y su trastorno? —exigió Zoey—. ¿Y el tuyo, Antoine?
Pero ella no tenía ningún derecho a juzgarnos. De la familia, era con Zoey con quien me sentía más unido, pero ella pensaba igual que ellos. Y ese tipo de pensamientos no tenían cabida entre Edén y yo.
—Ella dice que su trastorno la hace querer proteger a las personas. Pero yo no creo que esto que nos mueve a los dos sea malo, pues solo querrías proteger así a alguien que te importa. Lo que quiere decir que ella me siente suyo y eso me gusta, porque te aseguro que yo la siento mía.
—¿Qué vas a hacer?
—No lo sé, Zoey.
Solté una bocanada de aire. Lo cierto era que Edén calmaba y exacerbaba mi terror hasta encontrar el punto medio.
De algún modo parecíamos tan incorrectos el uno para el otro.
Cuando estábamos juntos, siempre tenía la certeza de que no recordaría lo que me decía y eso provocaba que el terror se apoderara de mí.
Sin embargo, ella no huía, permanecía junto a mí y eso provocaba que dejara de pensar en mí mismo para concentrarme en no desencadenarla. A veces cedía ante ella porque ambos conocíamos la soledad.
Al doctor Fleming le preocupa que podamos confundir el alivio que encontramos en la presencia del otro con una relación romántica.
Pero ¿cómo podía estar equivocado querer estar con la única persona que, incluso antes de conocerla, sabía que jamás olvidaría?
Edén es mi paraíso, es perfecta para mí.
Y estaba seguro de ser el hombre que podía estar a su lado para el resto de su vida, la cual sería muy larga.
—Familiar o acompañante de Edén Swan —llamó un doctor.