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Avikar
Habían pasado tres horas y nadie había salido a darme información sobre el estado de Edén. Lo único que me impedía entrar a urgencias y exigir verla, era que su perfume de mandarina y pera me envolvía.
Una enfermera me había entregado sus pertenencias y lo único que me había dicho era que la mantenían aislada, pues el hospital representaba una amenaza para ella. ¡Y con esas palabras pretendía que me quedara tranquilo!
Solo necesitaba saber cómo estaba, si es que su respiración se había normalizado. No entendía por qué nadie salía a explicarme qué estaba sucediendo. Me sentía asfixiado, como si las paredes del hospital se cernieran sobre mí.