El silencio de Avikar 68
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Avikar

Entré al salón de juntas, eufórico y aterrado en la misma medida. Ya no había marcha atrás. En la tarde tendríamos esa cita que me había pedido y trataría de explicarle a Edén mi fobia y todas las conductas a las que había recurrido para aliviar el miedo desde que la conocí.

Guardaba la esperanza de que ella sí pudiera entenderme, pues ambos lidiábamos con pensamientos intrusivos que podían interferir con nuestra vida. Esperaba no asustarla y que la paciencia que me había demostrado durante todo ese tiempo bastara para escucharme.

No la obligaría a hacer nada que no deseara, solo quería que me permitiera formar parte de su vida, pues sentía que estar a su lado era lo correcto.

Le demostraría que yo no huiría. Que no importaba cuán difícil fuera el camino que enfrentaríamos, yo deseaba permanecer a su lado.

Sin embargo, presentía que ella había decidido cerrarse a la humanidad por la experiencia traumática que había vivido. Además, estaba dispuesta a demostrarle al mundo, y a sus padres, que ella era capaz de tomar sus propias decisiones y que podía protegerse a sí misma sin nadie alrededor.

Sabía que el camino que me esperaba sería el más difícil de todos.

Tenía que conquistarla y demostrarle que podíamos creer en un futuro juntos.

Además, yo nunca coartaría su independencia.

Lo más importante, ella tendría que autorizarme a hacer grandes cambios en la embotelladora para que no representara un peligro para ella.

Quizás, de ese modo, podría trabajar allí sin exponer su salud.

—¿La encontraste? —preguntó Owen en cuanto cerré la puerta.

Me costó tragar antes de responder:

—Sí, va a entrar en unos minutos.

El interés que mostraba mi familia por ella me sorprendía. Owen era coqueto por naturaleza, pero el pecho se me apretaba cada vez que se atrevía a pronunciar su nombre. Edén, además, solía mostrarse desenfadada con mis primos.

Eso es solo si ella va. ¿Qué te hace pensar que será así? En cuanto termine la reunión podría decirte que lo pensó mejor y que no va a asistir. ¿Tú crees ser importante en su vida? No lo eres. Tú no le interesas.

Añoraba poder sentirla tan relajada y sonriente como el día anterior.

ella ni siquiera comprendía lo importante que había sido que se parara junto a mí en el muro conmemorativo y dijera en voz alta sus nombres.

Ahí había entendido que ese futuro tan lejano que había soñado al ver su currículo podía ser real.

¿Por qué no entra?... Porque ya se fue... ¿Por qué no llega?... Se marchó... ¿Y si se arrepintió?... Ya no está... ¿Y si se fue?... Es obvio que lo hizo.

En cuanto llegué a la silla, escuché a alguien, fuera del salón, gritar:

—¡Llamen a una ambulancia!

Me sorprendió que mis pies reaccionaran antes que mi cerebro les diera la orden, como si mi mente se negara a aceptar que pudiera haberle sucedido algo. Trabajábamos juntos desde hacía seis semanas, conocía a la perfección lo cuidadosa que era con cada objeto que entraba en contacto con ella.

En cuanto salí, varios empleados rodeaban a alguien y un escalofrío me recorrió la espalda.

Me abrí paso hasta su escritorio y la encontré de rodillas en el suelo.

Era evidente que se debatía entre llevarse las manos al cuello o rascarse todo el cuerpo.

De su pecho escapaba un silbido y no podía parar de toser…

Sus ojos… Los tenía abiertos de par en par, desbordados de miedo, y los latidos se me desbocaron.