66
Edén
Me puse en pie y, mientras caminaba, solo se escuchaba el taconear de mis zapatos contra el suelo. En cuanto llegué a la puerta, giré y lo contemplé. Al parecer, había seguido cada uno de mis pasos. A pesar de todo, me obligué a cerrar la puerta.
Con una marcha incierta llegué hasta el escritorio. Al sentarme, introduje la clave de acceso y abrí el procesador de textos para transcribir la minuta de la reunión. Además, incluí mi renuncia.
En cuanto terminé, me levanté y caminé hasta el gabinete para recoger las impresiones y colocarlas en las carpetas. Sin embargo, al regresar al escritorio, Hee-Jin me esperaba.
—Ok, si alguna vez te dije que quería tu trabajo, lo retiro. El señor Avikar y tú no tienen ni un segundo de descanso. —Asentí mientras colocaba las carpetas sobre el escritorio—. Te quería decir que como los jefes están reunidos, los chicos están en el salón de empleados. ¿Almorzamos con ellos?
—No lo sé, Hee-Jin.
—Vamos, será divertido. ¿No quieres saber cómo les fue en la cita a Ryan y Rachel?
—Tal vez en otro momento.
—Edén, trato de ser tu amiga, a pesar de lo rara que eres. Pero tú no cooperas.
Exhalé, esa sería la última vez que podría compartir con ellos. Después ya no los volvería a ver, fue por ello por lo que, del cajón izquierdo inferior, tomé el bulto con el almuerzo.
—¿Crees que vuelvan a salir? —dijo ella al entrelazar su brazo con el mío.
Tienes que lavarte las manos y quitarte esa ropa… No va a suceder nada… Tienes demasiada confianza. Desde que trabajas aquí, has relajado tu rutina y eso solo puede significar que tú misma provocarás tu muerte. ¿Lo traes contigo?... Sí… ¿Estás segura? Vas a morir… Morir… Morir…
Sin embargo, estaba tensa y mi ansiedad aumentó al ver a la señorita Grenier sentada junto a ellos.
—¡Hola, Edén! —dijo Olivia al verme.
—Hola, chicos.
—¿La reunión ya terminó? —preguntó Ryan.
—Aún no.
Me senté al lado de Rachel y Ryan porque Olivia y la señorita Grenier estaban sentadas juntas. Hee-Jin se sentó junto a mí.
—Y, ¿sí hubo cita? —inquirió ella con efusividad. Ryan y Rachel intercambiaron una mirada de complicidad—. ¡Oh! ¡Cuenten! ¡Cuenten!
No puedes abrir tu almuerzo, quién sabe qué estén comiendo ellos.
¿Y si Hee–Jin vuelve a tocar tu comida con su tenedor?
Vas a tener que comer hasta llegar a casa.
Alguna partícula puede caer y causarte una reacción.
Avikar come lo mismo que tú por eso puedes comer junto a él, pero con ellos no puedes confiarte.
—Vamos a salir el viernes, es lo único que voy a decir —respondió Ryan en un tono impasible.
Hee-Jin y Olivia dejaron de observarlo y se concentraron en Rachel, quien las miraba de reojo y luego a Ryan sin saber si hablar de la cita o no. Sonreí. Al parecer, la habían pasado bien juntos y no les importó la diferencia de edad.
—Y bien, ¿es bueno? —insistió Olivia.
—Lo que le sigue… —dijo Rachel con el rubor adornando sus pómulos. Ellas comenzaron a reír y Rachel les comentó algunos detalles—. Pero no fui la única con una cita ese día…
Deberías irte… Solo quiero asegurarme de que él esté bien, que no piense que no agradezco la oportunidad que me dio… ¿Qué están comiendo? ¿Qué es eso que tiene en el plato la señorita Grenier?… No lo sé… Vete de aquí…
—¿Quién más tuvo cita? —cuestionó Olivia con los ojos entrecerrados.
—La asistente del jefe… —respondió Rachel en un tono melodioso.
Olivia y Hee-Jin se quedaron con el tenedor en el aire, entonces lo soltaron de golpe. Tenían sus bocas y sus ojos abiertos de par en par a la vez que me observaban incrédulas.
—¡¿Edén?! —gritó Hee-Jin —. ¡¿Con quién?!
—Con el jefe —respondió Rachel en el mismo tono y una sonrisa sagaz en los labios.
—¡¿Tuviste una cita con el jefe?! —Mi compañera recepcionista lo creía imposible.
—No.
Abrí el envase de cristal que contenía mi almuerzo solo por evadir las miradas curiosas e incrédulas que intentarían conocer hasta el último detalle de mi salida con Avikar.
—No mientas, Edén. Te vimos salir del Key City con el jefe y te tenía muy bien agarrada, como para que no te le escaparas —dijo Ryan en ese tono filoso.
—Solo era para que no me cayera, el hielo estaba muy resbaloso.
—Entonces sí te llevó al teatro —aclaró Rachel.
—Fuimos como amigos. Tenía dos boletos y lo invité.
—¡Tú a él! —gritó Olivia.
No se te ocurra tocar la comida… Tengo hambre… Todos sus envases son de cartón, sabes lo que significa. Están muy cerca de ti, no te arriesgues. Puedes morir… morir… morir…
—Sí que eres valiente —contestó Hee-Jin.
—¡El detalle es que aceptó! —intervino Rachel con una sonrisa amplia.
—Es lo que les dije, al jefe le gusta que lo manden —dijo la recepcionista.
—Hee-Jin, fuimos solo como amigos. Él ni siquiera quería ir.
Miré de reojo a la señorita Grenier, no sabía cuánto conocía el señor James sobre nuestras salidas, pero no quería seguir alimentando esa animosidad que él sentía hacia mí, y todo lo que ella escuchara en ese momento podría llegar a él.
Además, aún no me quedaba claro si Chloe todavía sentía algo por Antoine y mantenía ambas opciones abiertas.
—Si no hubiera querido, su «no» hubiera sido rotundo —dijo Olivia.
—Teníamos que discutir algunos asuntos de la oficina y cómo ese día no estuvo...
—Edén, no tiene nada de malo que salgan juntos. Los dos son solteros —dijo Ryan.
De reojo observé a la señorita Grenier, me sentía muy incómoda y, al parecer, cualquier explicación sería fútil para ellos.
Tampoco ayudó el hecho de que Avikar entró al salón con el nudo de la corbata suelto y la camisa arremangada.
El nudo de la corbata… ¿Qué sucedió en la reunión?... El nudo de la corbata… ¿Él estará bien?... El nudo de la corbata… Se ve pálido… El nudo de la corbata… Todo por mi culpa… El nudo de la corbata… No soy la asistente que él requiere… El nudo de la corbata…
—¡Antoine!
La señorita Grenier se puso en pie de un salto y pretendió acercarse, él recorría a los presentes con la mirada, deteniéndose apenas unos segundos en cada uno, como si buscara algo o a alguien.
Y al parecer ese alguien era yo, porque en cuanto me encontró dejó caer los hombros y esa curva que tan bien conocía se adueñó de sus labios.
—¿Qué tal si reprogramamos esa cita? —insistió ella.
Contuve el aliento al ver que, esa fuerza arrolladora que se llamaba Antoine Avikar, se acercaba a mí y de algún modo había conseguido que me fuera imposible mirar algo más que no fuera él.
—Aquí estás.
Asentí mientras seguía contemplándolo.
—¿Me necesitas?
—Sin mi asistente, no puedo continuar con la reunión.
Podría parecer una amonestación, pero había mantenido ese tono que tanto me gustaba.
—Recojo y te alcanzo.
Me vi obligada a apartar la mirada para cerrar el envase y colocarlo dentro del bulto. Entonces me puse en pie.
—Usted trabaja demasiado, jefe. ¿Por qué no se sienta con nosotros? —sugirió Rachel.
El nudo de la corbata… ¿Por qué está aquí?... El nudo de la corbata… ¿Por qué vino a buscarme?... El nudo de la corbata… Su tío tiene razón, solo soy un error andante… El nudo de la corbata…
—Sí, acompáñenos —la secundó Olivia.
—Solo unos minutos.
Parpadeé varias veces, pues jamás esperé que aceptara.
Entonces me senté una vez más mientras ellos se recorrían para dejar la silla junto a mí, disponible.
En cuanto él se sentó, entrelazó nuestras manos.
Bajé la mirada, tomada por sorpresa ante aquella demostración de afecto, sobre todo frente a ellos.
De reojo observé a la señorita Grenier quien no perdió detalle, al igual que los demás compañeros.
—¿Cómo va la nueva casa, señorita Olivia?
—¡Muy bien! Solo necesito con quién estrenarla. ¿De casualidad no estará usted disponible? —dijo ella en un tono risueño.
Me pareció muy tierno que Avikar se sonrojara mientras los demás reían por las palabras de Olivia, menos la señorita Grenier, ella tenía los labios apretados en una línea recta.
—Ryan, ¿te sirvió la carta de recomendación?
Sonreí ante la respuesta evasiva de Avikar.
—Sí, señor. Tengo varias propuestas que estoy considerando —contestó Ryan sin poder parar de reír.
—Me alegro. ¿No te gustaría quedarte con nosotros? Trabajarías como diseñador gráfico en el mismo departamento. Comenzaremos una nueva campaña publicitaria y tú conoces los pormenores.
Amplié la sonrisa cuando Rachel comenzó a aplaudir como si fuera una colegiala. La risa de Olivia y Hee-Jin se hizo más fuerte.
—¿De verdad? —A Ryan le resplandecieron los ojos.
—La tía Amelia te aprecia mucho. Tendrás un 15 % adicional al sueldo actual y muchas oportunidades de crecer. Tómate el tiempo que necesites para pensarlo y, si te interesa, pasa por la oficina de Zoey, ella tiene el contrato.
—Gracias, señor.
Ryan parecía incapaz de creer la oportunidad que le ofrecían. Y admiré a Avikar un poquito más en ese momento.
—Ahora me tendrán que disculpar. Mi familia me espera en el salón de juntas y mi asistente hizo una minuta de una reunión que aún no ha terminado.
Ellos asintieron mientras él se llevaba mi mano a sus labios para dejarme un beso en la palma. Me contempló antes de decir:
—Por cierto, eso que escribiste no es negociable.
Se levantó con nuestras manos entrelazadas, por lo que me vi obligada a seguirlo, mientras que Hee-Jin y Olivia no se perdían ningún detalle. A la vez Rachel tenía los dos pulgares arriba y Ryan nos observaba con picardía. La señorita Grenier se había marchado en algún momento.
Con un paso seguro y esa inconfundible curva en los labios, caminó por los pasillos de la embotelladora, mientras el pulgar repetía aquel conocido ir y venir sobre el dorso de mi mano. Yo apenas sabía dónde mirar ante la curiosidad que despertábamos a nuestro alrededor.
—No vamos a entrar tomados de la mano.
La alarma se coló en mi voz cuando entendí sus intenciones. Él se detuvo y giró hacia mí, asegurándose de que lo mirara a él y solo a él.
—¿Por qué?
—Estamos en la oficina. No es profesional.
Su mirada se suavizó.
—Aceptaré porque acabas de admitir que sales conmigo.
Todavía no estaba lista para aceptarlo. Necesitaba que no fuera tan deprisa y la única forma de lograrlo era enfrentarlo a algo que hasta el momento se le dificultaba.
—El único día en que admitiré que salgo contigo será el día en que me invites a salir.
Sonrió, ¡sonrió!, y no podría verse más guapo.
—¿Vamos al lago Elizabeth cuando termine la reunión? Podemos comer allí, ya que no tocaste tu almuerzo.
Y yo, que había creído que se le haría difícil y que tendría tiempo de meditar mis opciones, apenas pude creer que hubiera aceptado tan rápido. Lo peor de todo fue que asentí a su propuesta.
—Y en la noche te presentaré a mi familia formalmente.
Tendríamos que hablar de esa costumbre suya de llevarlo todo tan deprisa. Sin embargo, en ese momento no le diría nada, pues estábamos en la empresa y ya habíamos creado demasiadas expectativas. Si alguno de ellos se acercaba a preguntarme, no sabría cómo reaccionar.
—Tu familia ya me conoce.
—Hoy sabrán quién eres en realidad.
Pestañeé una y otra vez por lo enigmático que había sonado de repente y él volvió a sonreír. ¡A eso tampoco estaba acostumbrada!
—¡Oh, jaanu! Eres maravillosa. Procura romper esa minuta antes de entrar a la reunión.
Me dejó un beso fugaz en los labios y giró para abrir la puerta del salón de juntas.