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Edén
A las diez en punto, los Avikar entraron al salón y aún creía que llegaban juntos con la intención de amilanarme.
En esa ocasión estaba a un costado de la puerta que daba acceso a la oficina de Antoine, quien al igual que su familia llegó puntual.
Caminé unos pasos detrás de él y tomé asiento a su lado, como él me había solicitado.
Se discutieron los acuerdos a los que llegaron el señor Benjamín y el señor James con dos nuevos clientes. Además, se habló del aumento de las ventas entre las mujeres. El señor Jack monitoreaba el consumo mediante estudios y la recepción del cambio de etiqueta en las redes sociales.
—¿Quieres discutir algo más, Antoine? —dijo el señor Benjamín.
—Quería comentarles el trato que le ofrecimos al señor Arroyo de México. El agua Avikar estará disponible en la zona central norte de ese país, en una cadena de far…
—¿Qué sucedió con el señor Ortiz? Firmaste el contrato hace unos días, ¿no? Iba a tener exclusividad —intervino la señora Madison.
—El trato con el señor Ortiz no se concretó. El señor Arroyo está interesado en ofrecer nuestro producto en…
—¿Por qué no firmaste el contrato? Se estuvo trabajando en él cerca de un año —insistió ella.
—Él solo quería el envase.
¿Lo traes contigo?... Sí… ¿Estás segura?... Sí… Revisa… Revisa… Revisa…
Me llevé la mano hasta el bolsillo derecho y exhalé al sentir el estuche.
La señora Madison entrecerró los ojos y dijo:
—¿Y te percataste después de un año?
—Lo importante es que no cometimos un error.
—Algo no está bien. Hace apenas unas semanas ese contrato era seguro y le dejaría a la embotelladora ganancias sustanciales. ¿Cómo es que de un momento a otro se esfumó?
La incomodidad de la familia era tangible. Avikar giró la silla para prestarle toda su atención a la señora Madison.
—Ya te dije. Solo quería el envase.
—Antoine, podrías explicarnos mejor —intercedió la señora Amelia.
Durante unos minutos, él permaneció en silencio. Percibí de reojo cómo se miraban unos a otros, por lo que Avikar se llevó la mano a la sien y comenzó a masajeársela. Tras exhalar, dijo:
—En la reunión hizo preguntas sobre el envase y, cuando no las respondí, pidió que lo dejáramos solo. En el último momento, le solicitó a Edén que lo acompañara.
El señor James aventó la silla al ponerse en pie, en tanto una mueca le desfiguraba el rostro.
—¡Ah! ¡Eso lo explica todo! —gritó—. ¿Su forma de amarrarla no fue la adecuada, señorita Swan?
Me dedicó una sonrisa libidinosa que me estremeció de la cabeza a los pies; sin embargo, crucé las piernas y cuadré los hombros. Al mismo tiempo, Antoine giró de golpe. La rigidez de su postura delataba el enojo.
—¡James! —exclamó la señora Amelia.
—No te permito que la insultes de ese modo —le advirtió mi jefe sin alzar la voz.
Estas son las consecuencias de tu trastorno. ¿Ves cómo afectas a las personas? Solo traes calamidades. ¿Todavía piensas ser la asistente adecuada para él?
—¿Qué no nos estás diciendo, Antoine? —intervino la señorita Zoey.
Giró para enfrentar al resto de la familia, aunque se aseguró de dedicarme una mirada tranquilizadora por unos segundos. No obstante, no quería que enfrentara a su familia por una situación que yo misma había provocado. Pretendí explicarme:
—Yo…
Pero no me lo permitió.
— Él vulneró sus derechos y es algo que no voy a permitir. No me interesa tener negocios con ese tipo de personas.
Un jadeo colectivo recorrió el salón, seguido de murmullos. La indignación era evidente en el rostro de los hermanos Avikar y las objeciones de la señora Madison se detuvieron. Sin embargo, el señor James resopló incrédulo.
—Dices que estaban solos, ¿no? Tienes que confiar en tu asistente para creer que sucedió como ella te lo contó.
—Estás fuera de lugar, tío.
Me estremecí ante el tono de voz de Avikar. Jamás se lo había escuchado. Pero el señor James me señaló mientras gritaba:
—¿¡ Tenemos que disculparle que nos haya hecho perder el contrato más importante de la empresa!? ¿Por qué motivo?
Él tiene razón, eres una estúpida. Solo vas de error en error… Estúpida, estúpida, estúpida.
—Tienes que admitir que Edén es buena para Antoine —dijo la señora Madison.
Tanto Avikar como el señor Jack, el señor Owen y el señor Logan tenían los nudillos blancos por la fuerza con la que cerraban los puños.
—Quizás en la cama. Pero eso no implica que sea una buena asistente.
Ante esas palabras, un silencio lóbrego rodeó el salón de juntas.
Me tuve que quedar en silencio ante sus agravios, pues era cierto que mi jefe y yo habíamos tenido relaciones sexuales.
Además, tenía razón, no estaba a la altura del personal que Antoine requería junto a él.
Bajé la cabeza para que no fueran testigos de las lágrimas que no pude contener, aunque me apresuré a limpiarlas.
—Nunca pensé decir esto —dijo el señor Benjamín tras aclararse la garganta—, pero en este momento me avergüenza llevar el apellido Avikar porque eso me relaciona a ti.
Jamás escuché tantos insultos para una mujer honesta y luchadora como es la señorita Swan.
Una dama que injurias con cada una de tus palabras.
Bajó la cabeza mientras soltaba una gran bocanada de aire y con la mano derecha golpeaba el bolígrafo sobre la mesa, como si sopesara una decisión.
— Solicito que James Avikar sea removido del cuerpo directivo de la embotelladora Avikar.
El señor James sonrió cínico.
—No puedes hacer eso.
El señor Benjamín le sostuvo la mirada, demostrando que a él no lo amedrentaba.
—En este momento, sí. Esa prepotencia que estás presentando no es una actitud tolerada por una familia como la nuestra.
Además, te recuerdo que mis hijos son chicos muy respetuosos de sus mayores, así que la moción ya cuenta con cuatro votos de los miembros de la junta directiva. Solo hace falta uno más…
—Lo hablaremos con Aarón y Marima —respondió la señora Amelia al interrumpirlo—. Pero me parece que, por hoy, necesitas tomarte la tarde libre. Es la segunda vez que agredes a la señorita Swan con tus palabras y como mujer no lo puedo permitir.
El señor James se tornó rojo por la furia.
—¡¿Eligen a una desconocida sobre mí?! ¡¿Y se dicen mis hermanos?!
Estúpida, estúpida, estúpida.
— Precisamente porque compartimos los mismos padres no reconocemos al hombre que estás demostrando ser hoy —interpuso la señora Amelia.
—Yo sigo siendo el mismo. No como otros que ya no piensan en el futuro de su linaje.
Como Avikar estaba junto a mí, podía oír el rechinar de sus dientes. Extendí la mano y se la apoyé en el antebrazo.
—Es tu familia. No vale la pena un distanciamiento. Lo correcto es que yo renuncie.
—Sal de aquí, Edén.
Aunque sus palabras estaban dirigidas a mí, jamás apartó la mirada de su tío, quien seguía desafiándolo.
—Avikar…
—Escucha a tu jefe, señorita Swan —intervino el señor Owen.
Giré para observarlos a ellos con el aliento contenido y todos asintieron a la vez que la tensión era palpable en sus hombros. Sin embargo, volteé para contemplar a Avikar una vez más.
—Después… —susurró tras mirarme apenas un segundo.